<p style="text-align: center;">
[<img style="width:50%;text-align:center;"" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/13.png">]</p>
[[<button class="botonstart"
type="button">START]]
</button>
[[<button class="botoncredits"
type="button">CRÉDITOS]]
</button>
Tras pulsar el botón un frío helador inunda la cámara. Pensando en algún tipo de trampa mortal decides salir rápidamente por aquello de no quedarte encerrado o algo por el estilo y nada más salir...
NADA.
Un golpe seco te deja tirado en el suelo y cuando consigues recuperar la conciencia un escalofrío o calambre recorre todo tu cuerpo.
Frente a ti, algo o alguien etéreo, traslucido pero humano, te mira con ojos deseosos.
<p style="text-align: center;">
[<img style="width:50%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/9.png">]</p>
No entiendes que sucede, pero no te da tiempo ni a pensarlo cuando ese ser habla:
Vaya, espero no haber sido muy violenta. Estaba aquí demasiado sola.
<p style="text-align: center;">FIN</p>
Pulsas el botón, aunque parece como engancharse y tratas de asegurarte, pero no notas ningún cambio. Pensando que está estropeado o que era toda una pantomima del desaparecido propietario sales de la sala.
En ese instante preciso empiezas a notar un dolor inexplicable y ves cómo te vas aproximando paulatinamente al suelo hasta estar tan cerca que no encuentras explicación ante tu 1,80 de estatura y tu fisonomía corpulenta.
De pronto te quedas bizco mirando como de tu cara salen unos enormes bigotes y al intentar mirarte el resto del cuerpo, descubres que ya no está y que tu conciencia empieza a perderse ante el sabroso olor de un podrido y hongoso pedazo de queso que se vislumbra en la lejanía.
<p style="text-align: center;">
[<img style="width:50%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/8.png">]</p>
<p style="text-align: center;">FIN</p>
Un botón con una suculenta tarta y una semilla dorada en su interior te llama la atención. Sin duda pulsarlo será algo divertido y emocionante.
No estás seguro de si se romperá la superficie y conseguirás tan preciosa pepita. Tus ojos ambiciosos no han podido evitar despertarse ante tamaña recompensa.
<p style="text-align: center;">
[<img style="width:50%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/6.png">]</p>
Tu imaginación se ha desbordado fruto de aquellos cuentos que tu abuela solía narrarte de pequeño donde había elfos, duendes, plantas que te llevaban a palacios llenos de tesoros y monedas de oro por todas partes.
Nada más pulsarlo, sin embargo, solo escuchas un pequeño crujido, como de una puerta abriéndose. Al salir de la sala, descubres que bajo el escritorio también hay una trampilla secreta y decides avanzar por ella.
Una estrecha escalera da paso a un poco iluminado túnel transcurre por entre las paredes de ese viejo edificio en lo que parece recorrer las alcantarillas por el olor a humedad y el musgo de las paredes.
A lo lejos una tenue luz parece indicar el final del túnel.
Al llegar, un amable anciano sentado en una vieja mecedora te indica que le acompañes. Una pequeña silla de mimbre al otro lado te parece algo propio de un cuento así que sigues pensando en el oro.
Sin embargo, el anciano mira hacia el horizonte mascando algo y en total tranquilidad y te señala con el dedo lo que parece un agujero.
Te indica que ese agujero es el inicio de una nueva vida donde las oportunidades, la esperanza y la valentía marcarán tu rumbo.
No hay mucho más que hablar, llegados a este punto, [[te adelantas hacia el agujero y entras]]
Nada más meter las piernas tu cabeza empieza a sobresalir por esa otra realidad. Alcanzas a ver lo que parece un médico ofreciéndote las manos y súbitamente un llanto terrible inunda todo tu ser mientras vas perdiendo la memoria y naces de nuevo.
<p style="text-align: center;">
[<img style="width:50%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/7.png">]</p>
<p style="text-align: center;">FIN</p>Como si fuera un flashback he recordado aquello de "Dale al botón" que me ha traído aquí, pero hay un botón más original, uno limpio e impoluto, que parece de mármol o un material semejante ¿Quién gastaría en un botón de mármol si no fuera para un propósito digno y honorable?
El titubeante dedo parecía vadear un espeso aire que impedía pulsarlo, una contracorriente invisible… ¿Por qué tanta duda? ¡Es la hora!
Pulsas el botón, comprobando a la vez la resistencia que ejerce, pero, sin ceder, acaba cediendo.
Se desprende un poco de polvo que parece transmitir un mensaje: Juicio.
No se sentía en absoluto como pulsar un botón cualquiera, y la impresión que recibiste era semejante a la de colocar la pieza final de un puzle milenario, resolver un rompecabezas de toda una vida: todos los acontecimientos de la vida parecían concluir ante ese botón, sensación, como te aventuras a elucubrar, que debía proceder de la palabra, la carga de significado que aporta: a nadie le gusta ser juzgado, pero por alguna extraña razón, así tú lo quisiste.
El silencio acompañó a tu decisión, y luego un rumor reptante, un sistema de poleas que parecía activarse detrás de las paredes, activándose… ¿El qué? La respuesta fue ofrecida por un resplandor que se dibujó a tus espaldas. Donde antes se encontraba una estantería repleta de enormes tomos, gruesos y pesados, ahora una brillante luz azulada procedía, cuyo color te transmitía una sensación pacífica, una tranquilidad empañada de misterio. ¿Qué habría en esa pequeña habitación luminosa?
Te adentras en ella, caminando con seguridad… la luz se deshace a ambos lados hasta refugiarse en las llamas de un candelabro. La puerta por la que te adentraste decide cortarte el paso de salida. Ni te planteas escapar, porque tampoco te planteas haber caído en una trampa, y supones que algún mecanismo debe haber para salir… ¿Y si no lo había? Pero antes de investigar la salida, investiga tu encierro, investiga las consecuencias de tu decisión…
La sala no tiene forma, porque la oscuridad desdibuja todo límite, y lo poco que ves, que supones el centro, es una mesa circular con un único asiento, una silla de madera de cuatro patas y respaldo.
<p style="text-align: center;">
[<img style="width:50%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/10.png">]</p>
Al inspeccionar la mesa, encuentras a la derecha una balanza con una pluma blanca y un amasijo sanguinolento que, cuando encuentras las fuerzas del morbo para identificarlo, asumes que es un corazón: la justicia se encuentra perfectamente equilibrada.
No te pasan desapercibidos otros objetos de la mesa: una máquina de escribir mecánica, conectada por un cable que se pierde bajo tus pies, folio introducido en ella, recién comenzado a escribir en el primer renglón, y un montón de folios a su izquierda.
En el papel puedes leer: “Toma asiento. Te estaba esperando.” Obedeces al papel, tomas asiento.
Sigues leyendo: “Pregúntame. ¿Qué es este lugar? ¿Qué es todo esto? Escríbelo en la máquina.”
Tus dedos teclean sin problema las preguntas, sin plantearse qué sentido tiene todo eso, pero quieres saber, por alguna extraña razón te lo pide el cuerpo. Una vez te detienes, alguien o algo toma el teclado, una mano invisible que toca las teclas y escribe por ti, respondiendo:
“La mesa de operaciones, como yo la llamo, obedece a un proyecto de toda una vida. Aunque la apariencia sea de una mesa llena de botones, que no te engañe, obedece todo a una serie de estudios esotéricos, de teorías que he logrado converger en una apuesta práctica, en una mesa del destino, con el beneplácito de ellos. He logrado unir destino y alma con un pequeño conjuro que se activa al pulsar el botón. Todos los botones que has visto obedecen a esto: todo eran posibilidades de una vida diferente a la que acostumbras, todos ofrecían algo, pero no te lo mostraban, te lo resumían, tal y como yo, su creador, concibo el futuro, con el beneplácito de ellos. Pero no puedes escapar a tu destino, a ninguno de aquellos que te he ofrecido. Has decidido venir a mí, encarar la realidad, y no evadirte en fantasías extrañas. Yo así lo quise, ellos así me lo han satisfecho, la venganza, y tú así te redimes, querido amigo. Pero tú ya sabías acerca de todo esto.”
Leer el fragmento te suscita muchas dudas… ¿Qué preguntar primero?
[[No conoces al interlocutor. Has asumido que es el mismo individuo que falleció, pero no tienes la certeza, y quieres asegurarte de no dar nada por hecho. ¿Quién eres? O mejor dicho… ¿Qué eres?]]
[[A pesar de la cantidad de dudas que surgen, hay algo que te aterra tanto que quieres despejar las dudas de inmediato. ¿Quiénes son ellos?]]
¿Quién eres? O mejor dicho… ¿Qué eres?
“No te hagas el estúpido. Lo sabes perfectamente. Pero me presentaré, independientemente de tu atrevida ignorancia, para que no surja ninguna clase de malentendidos. Mi nombre es Edgar Stone, difunto del linaje de los Stone, propietario del lugar en el que te encuentras, y conocedor de muchos secretos. Te preguntarás cómo es que hago todo esto, como un muerto puede escribir y comunicarse desde el otro lado, si acaso aquí donde me encuentro pudiera calificarse como tal. Se me ha concedido una gran oportunidad, la mejor de todas. Pero dime tú, ¿por qué has elegido el botón del “Juicio”, ¿y no cualquiera de los otros?”
En silencio, meditas la opción, pero antes de escribir, las teclas se accionan por sí solas.
“No me lo digas. Ambos sabemos el por qué. Tu corazón late esa palabra, tu cuerpo vibra en esa palabra, todo tu ser se inunda de ella, y lleva el yugo desde aquel día… ¿Serás tan cínico como para negarme lo que sucedió aquel día?”
Se suponía que Edgar estaba desaparecido, por eso tú llegaste aquí… ¿Cómo está aquí y vivo? Y te pregunta acerca de aquel día…
[[Sabes lo que sucedió aquel día, y decides sincerarte con Edgar.]]
[[No sabes de que habla]]
¿Quiénes son ellos?
“Solo te interesa saber que son unas deidades primitivas, si acaso no son deidades de otros mundos, otros universos, o preceden al tiempo mismo. Sus poderes son ilimitados, su conocimiento trasciende las leyes que conforman este universo, y pueden permitirse manipularlo todo a su antojo. El objeto de mi vida ha sido su estudio, su compresión desde una actitud científica que solo ha hecho originar dudas, y ello conllevo a iniciarme en el ocultismo, único refugio del alma donde ellos tienen sentido alguno. Desde entonces llevo trabajando en una manera de condicionar el destino al albedrío del hombre, bajo la influencia de ellos, y cuanto procede de ellos que me permite hacerlo. Sin embargo, mi estado actual es fruto de mis investigaciones; ellos no lo permiten, a un simple mortal, acceder a todo ese conocimiento, a todo ese poder. Pero eso tú ya lo sabes. Sabía que elegirías el juicio, siempre has sido muy susceptible ante determinado tipo de coincidencias. Pero lo que en principio comenzó como venganza, ahora se transforma en una redención, Patrick. Si me ayudas, quedarás perdonado.”
[[Hacía mucho que nadie se dirige hacia ti por el nombre de Patrick, pues sueles usar un apodo. La sinceridad de las palabras te hace confiar en él.]]
[[Edgar te ha tomado por otra persona. Tú no eres Patrick.]]
[[No confías en él.]]
Depositas en la máquina tu confianza, pedazo a pedazo en las teclas hasta confirmárselo a Edgar.
“Te lo agradezco, amigo. Ahora comienza nuestra última prueba. Creo que han sido ellos, creo que todo está viciado. Ahora que rememoro el accidente, no me queda duda de que no pudo ser un imprevisto en los cálculos que realizaste, que conllevara todo a mi muerte, y que todo saltó por los aires porque ellos lo dinamitaron. Nuestros estudios para unir el alma del cuerpo a un destino concreto fallaron conmigo porque ellos no me permitieron el destino que ansiaba: su incorporeidad es el velo en el que se ocultan para tener control sobre nosotros. Observa la habitación, guíate bajo mis indicaciones: encuentra el escondido cofre donde se halla mi corazón, y luego proseguiremos con el ritual.”
<p style="text-align: center;">
[<img style="width:50%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/11.png">]</p>
¿Un ritual? Pero no te pones a preguntar, eso lo harás más tarde. Te apartas de la máquina de escribir e inspeccionas el lugar. Aparte de la mesa central, con la balanza, un corazón sanguinolento y la pluma, se descubren ante ti lo que antes la oscuridad escondía a propósito: muchos estantes repletos de libros, muebles y cajones, vidrieras con matraces de extraños colores apagados y burbujeantes, artefactos de procedencia esotérica que no logras identificar… ¡Ahí! Sobre una repisa en el fondo de la habitación encuentras un pequeño cofrecillo de madera negra, con bordes dorados y un grabado circular cuyo significado desconoces, si es que no consiste en un motivo ornamental extravagante.
[[Decides abrirlo.]]
[[¿Estás seguro de que este es el cofre al que se refiere Edgar?]]—Temo que no puedo confiar en ti, Edgar. Bajo tu aparente compasión, tu aparente revelación de que han sido ellos, quienes sean, solo me parece que escondes intenciones ocultas y perversas. Me dices poco, lo suficientemente poco para que continue con los ojos vendados, no me lo quieres contar todo. No puedo confiar en ti.
“Entonces no queda otra que tu Juicio, a lo que has venido. ¡Yo te sentencio a muerte!” Queda escrito en la máquina.
La balanza que tienes delante empieza a tambalearse, cuanto antes se encontraba perfectamente equilibrada. El plato con la pluma asciende, mientras que el corazón desciende de golpe, con un ruido seco chocando con la mesa, y desprendiéndose el platillo de la misma balanza. Ese golpe seco, ese ruido parece haberte golpeado con fuerza, en todo tu ser, sin encontrar una herida que certifique tu próxima defunción, como puedes comprobar por esa sensación de todo ennegrecerse, la realidad difuminarse en una especie de noche eterna, mientras tu cuerpo se tambalea como la misma balanza que sostenía ese corazón que simulaba el tuyo. Te aproximas a la mesa, y compruebas que en el corazón está grabada una extraña runa que brilla intensamente, la última luz que verás en tu vida.
<p style="text-align: center;">FIN</p>
—Todo fue un accidente —le dices, pero la máquina de escribir teclea una metálica carcajada, mientras en el siguiente renglón vierte puro odio concentrado—.
“Me arruinaste la vida desde el día que te conocí. Juntos íbamos a lograr grandes hitos en la historia de la humanidad. Nuestras investigaciones fueron exitosas, y la financiación, aunque justa, era suficiente para progresar a un ritmo de un corazón sosegado y seguro en lo que hace. Pero tuviste que hacer aquello, tuviste que estropearlo todo…”
El tecleo se detiene súbitamente. Los dedos invisibles que las accionan están pensando, algo traman, y decides aguardar la respuesta.
“Aunque… Ahora que lo pienso bien… ¡Todo fue muy…! ¡Todo sucedió terriblemente mal, tan terriblemente mal que parece una tragedia pulida hasta el último detalle…!”
—“¿Qué quieres decir con eso, Edgar? —le preguntas—.
“Tal vez este Juicio no es el tuyo como yo tenía planeado, y es este, tal vez, mi Juicio… Mi prueba de no proseguir, de dejar a los misterios ser misterios, de no involucrarme en un propósito tan autodestructivo…” “Patrick… Era mi propósito tomar venganza, pero creo ahora, ahora que recuerdo todo y lo analizo en retrospectiva, que todo estaba destinado a salir mal. Espero que puedas tomar esta confesión como un gesto de amistad, y como tu redención por un crimen que no cometiste, aunque nadie jamás lo sepa, aunque la culpa siempre recaiga sobre tus hombros. Patrick, ahora te pido ayuda. ¿Confías en mí?”
[[Hacía mucho que nadie se dirige hacia ti por el nombre de Patrick, pues sueles usar un apodo. La sinceridad de las palabras te hace confiar en él.]]
[[Edgar te ha tomado por otra persona. Tú no eres Patrick.]]
—No tengo ni idea de a qué te refieres —le dices—
“¡Cómo te atreves a negármelo! Siempre supe que eras un mentiroso, Patrick, pero tu cinismo me sorprende incluso después de la vida, en este limbo en el que me encuentro, tan cercano y tan lejano de la muerte.”
Patrick te ha llamado. Pero tú no eres Patrick, y probablemente, si lo fueras, sabrías de que estaba hablando.
—Ya que tanto me conoces, Edgar, dime: ¿Qué piensas que voy a hacer ahora? ¿Seguir tus indicaciones?
“Deberías, si quieres salir de aquí: la habitación está diseñada para que nada ni nadie pueda escapar, pues ligué tu futuro, Patrick, a mi venganza.”
—No tendrás ni futuro ni venganza, Edgar —decides confesar— Puesto que yo no soy Patrick.
[[Edgar te ha tomado por otra persona. Tú no eres Patrick.]]“¿Cómo que no eres Patrick?” Se sorprendía, o trasladaba su incredulidad mediante la pregunta retórica. El hecho es que la máquina de escribir dejó de hacerlo durante cinco largos minutos que pudieron atestiguar el reloj que llevabas en la muñeca, el único que no se detenía, pues incluso tú habías decidido derrumbarte en la silla, esperando la respuesta.
“¡Tienes que mentir! ¡Es imposible que no seas él! Todo en mis últimas voluntades indicaba que él heredaría mi causa… ¡Estaba todo diseñado para que él llegara aquí!”
No sabías cómo transmitirle la noticia, así que decidiste apostar por la franqueza y la directa revelación a moverte por tentativas y eufemismos.
—Edgar. Lamento decirle que ese tal Patrick al que te refieres, si esa persona es Patrick Smith, sufrió un grave ataque al corazón unas noches después de tu supuesta muerte. Al parecer murió de puro terror, algo le asusto hasta el extremo de provocarle la muerte.
“¡También te han cogido a ti, Patrick!” Se lamentaba la máquina, y luego profirió una larga secuencia de lamentos, hasta que retomó la conversación contigo. “Entonces… El trágico accidente… No puede ser por casualidad. ¡Y qué pensar que mi venganza, que mi odio solo podía tornarse en lágrimas! Está claro que todo ha sido provocado, que el accidente es culpa de ellos, no puede quedar otra duda: los cálculos estaban correctos, los revisamos tantas veces…”
“Solo podremos salir de esta juntos, querido desconocido. ¿Confías en mí?”
[[La sinceridad de las palabras te hace confiar en él. ->Hacía mucho que nadie se dirige hacia ti por el nombre de Patrick, pues sueles usar un apodo. La sinceridad de las palabras te hace confiar en él.]]
[[No confías en él.]] No te detiene ninguna precaución, hasta que demasiado tarde ves la negrura de dicho cofre, cual pozo sin fondo. Cuanto más observas el interior, más te atrapa, como si estuvieras condenado a contemplar el vacío, más te acercas a él… ¿o más se acerca a ti?
<p style="text-align: center;">
[<img style="width:50%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/15.png">]</p>
Parece que la negrura emana del cofre, se desliza, repta desde el interior del cofre viscosamente, y empieza a rebosar hasta que cae, se derrama sobre el suelo, haciendo desaparecer los ladrillos. Asustado, te diriges a la máquina de escribir, y tecleas apresuradamente tu fatídico descubrimiento.
“¿Un cofre que derrama un líquido negro?” Responde Edgar, confuso. El rumor de las teclas se detiene lentamente, amaina, y luego vuelve a repicar incesantemente sobre el papel.
“¡Han sido ellos! ¡No quieren que nada salga a la luz, y por eso envían a la oscuridad! Han traído la nada del principio de los tiempos, y en ella, amigo, ¡pretenden atraparnos!”
—¿Qué debo hacer, Edgar? —preguntas—.
“Nada.” “No hay nada que puedas hacer”
<p style="text-align: center;">FIN</p>
—He encontrado un cofre de madera negra, con un símbolo dorado sobre la tapa.
“No lo reconozco.” Dice “El cofre al que me refiero es blanco, de un material semejante al mármol, y tiene un símbolo grabado con sangre mía.”
Sin embargo, te ves tentado de abrir el cofre igualmente: podría tener la llave de salida, y no tendrías que seguir las indicaciones de ese Edgar.
[[Decides abrirlo.]]
[[Decides buscar el cofre de mármol.]]Investigas a lo largo de la habitación, rebuscas en todos los rincones, pero nada encuentras. Si está camuflado, con la elegancia del camaleón, e intentas encontrar muestras del blanco en una habitación oscura, precisamente para ocultar el objeto. O tal vez se encuentre en la oscura zona, allá donde la luz de la mesa no llega, donde las tinieblas se han asentado hasta constituir un simulacro de la noche.
[[A veces no se trata de esconder, si no de ponerlo delante de los ojos para que no parezca sospechoso. Decides investigar la mesa, a ver si encuentras alguna pista.]]
[[Decides adentrarte en el sector más oscuro, el fondo de la habitación, allá donde la luz no llega.]]No hay ninguna novedad que tus ojos no hayan percibido anteriormente. La máquina de escribir, que te pregunta por novedades, un candelabro de llamas persistentes, la balanza equilibrada, la pluma en el platillo, en el otro el corazón sanguinolento, que gotea su sangre hacia la mesa… ¡Un momento! Una gota le sigue a otra, y otra a otra, así sucesivamente, y se van alejando, correteando por la mesa los pequeños pétalos deshojados, y se pierden.
Sigues el rastro, las migas de vida seca, que han tomado los suelos; con el candelabro en mano, te llevan directo a una de las paredes, donde las escalan hasta perderse ante un ladrillo. Desde ese ladrillo se filtra un poco de corriente que hace bailar las llamas peligrosamente… ¡Aire! Eso puede significar una salida. Extraes el ladrillo, bastante suelto, y echas la vista a lo que hay detrás…
Unas escaleras que suben hasta un punto afilado de luz. ¡Luz! Estas seguro de que puedes escapar del lugar. Empiezas a pensar, y todo parece tener algo de sentido. Debe ser una alternativa a quién construyera esa habitación. Pero… ¿No había sido tu destino ligado al Juicio de Edgar? ¿Por qué habría una salida, cuando él quería la venganza, como te ha confesado? ¿Y si es una trampa?
[[Decides preguntarle a Edgar acerca de las escaleras que has encontrado]]
[[Decides escapar sin consultarle.]]
Con el candelabro te defiendes de la oscuridad del fondo de la habitación, que desemboca tu andadura en una puerta. Al acercarte a ella, esta se abre, y unas luces se encienden. Adentro puedes observar una especie de sarcófago, con diferentes grabados cuyo sentido no descifras. Muchos tubos emergen de ese sarcófago, que conectan directamente con matraces en ebullición, calentándose bajo un débil fuego. También hay unos extraños cables con una luminiscencia etérea que se pierden a la vista. A la derecha del sarcófago encuentras otra balanza igualmente con su repugnante corazón y pluma, en perfecto equilibrio, y otra máquina de escribir que empieza a desarrollar una explicación a todas las maravillas que estás viendo.
<p style="text-align: center;">
[<img style="width:50%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/12.png">]</p>
“Dentro del sarcófago se encuentra un cofre de mármol que contiene mi corazón. He logrado proyectar mi alma a través de los cables luminiscentes, que es por donde fluye, y la única manera que me permite comunicarme a través de estas máquinas a las que estoy conectado. Debes introducirte en el sarcófago y recuperar mi corazón, que ahí descansa. Está protegido por las runas, para evitar que ellos me encuentren. Una vez que te adentres, tienes poco tiempo. Actúa rápido, sin pensarlo dos veces; aquí la prudencia es el arrojo y la decisión”
[[Decides hacer lo que indica Edgar.]]
[[No confías en él.]] Decides hacer lo que indica Edgar.
Sin pensártelo dos veces, abres el sarcófago y te adentras en él para recuperar el corazón de Edgar… ¿Dónde está el cofre que lo oculta?
El sarcófago se cierra, y de repente entran extrañas luces líquidas que inundan el sarcófago. No te ahogas, aunque la sensación te hace entrar en pánico, y cuando el espectáculo de colores termina, las puertas se abren, la máquina de escribir comienza a justificarse antes de que tú puedas pedir explicaciones.
“Solo necesitaba transferir la esencia. Lo entenderás pronto, cuando ellos te hayan olfateado, porque es el único sentido que poseen, y tu alma desprenda el olor de mis acciones y ambiciones. Ahora mi alma puede moverse en paz por el mundo con tu esencia, y nada me detendrá hasta volver a recuperar un cuerpo y poder completar mis estudios, mientras tú tomarás mi peste, y tendrás que huir de ellos hasta que no puedas más, porque siempre te acabarán encontrando.”
Las palabras no regresan, y tú no entiendes que ha sucedido. Aunque pronto entenderás que ha sido tu fin, mientras comienzas a caminar y notas que del suelo se levanta un extraño aire que parece tender la zancadilla, y luego parece pellizcar tu camiseta, y luego un arañazo deforma la mitad de tu cara. Huyes, te encierras en el ataúd, y respiras profundamente, hasta que logras respirar más tranquilamente, mientras te preguntas que hacer, y mientras cada vez respiras más relajadamente, y los ojos que nada ven ya no distinguen si se cierran o se abren.
Crees despertar. ¿Te has dormido, o la oscuridad provoca esa impresión? ¿Cuánto más debo permanecer allí dentro? Esa pregunta te haces, hasta que dejas de hacértela.
<p style="text-align: center;">FIN</p>—He encontrado unas escaleras que parecen ascender a la superficie.
“En la habitación solo hay una salida, y es la entrada. La entrada solo se puede desbloquear con mi corazón. Llamo a tu intento de mentira una estupidez consagrada. Pensaba que confiábamos el uno en el otro, pero vienes a mentirme descaradamente. A no ser… ¿pero por qué ellos querrían que tú escaparas? ¡Nada tiene sentido!”
—Yo he confiado en ti. ¿Tanto te cuesta confiar tú en mí?
“Privado de mi vista no puedo guiarme, privado de mi oído no puedo escuchar el corazón que se delata a través de las palabras. Solo me queda el tacto, y descifrar lo que escribes en estas hojas que me sirven de piel. Estoy aquí atrapado por el sello que me da esta extraña vida, cuyo único fin era la venganza, y que se ha puesto en duda. Permíteme desconfiar. Sigue buscando mi corazón, y encontraremos la salida, juntos.”
[[—¿Juntos? Mejor que no. Este hombre pretendía acabar contigo. Avanza por las escaleras que has descubierto, y vive. Él tiene lo que se merece. ->Decides escapar sin consultarle.]]
[[Decides adentrarte en el sector más oscuro, el fondo de la habitación, allá donde la luz no llega.]] Escapar es la mejor opción. Siempre, si cambias de idea, puedes regresar a liberar a Edgar de cualesquiera que sea aquella invención que le mantiene con vida. Apartas los ladrillos, que han quedado sueltos después de quitar el primero. Te deslizas por el pequeño orificio, y sales en el otro lado lleno de polvo y alguna rozadura imprevista, pero dispuesto a subir las escaleras. No te toma mucho ascender y llegar a agarrar la luz con las manos, que adopta la forma de un pomo circular, que cede a la mínima presión. Empujas hacia arriba las dos puertecitas, y pronto te bañas en el crepúsculo. Tomas el aire fresco, te regocijas de haber acabado victoriosamente la extraña aventura. ¿Qué importa más que la vida propia? Te decides a cerrar la puerta, para que nadie pueda entrar a ese horrible lugar y quedar encerrado. Pero cuando te das la vuelta, las puertas ya no están, solo hay el prado verde que se extiende indefinidamente, los verdes prados de la casa del difunto Edgar Stone, conocedor de muchos secretos, y que compartió alguno contigo.
—Han tenido que ser ellos. Me han dejado vivo, para que Edgar sufra el castigo de su ambición desmedida, de investigar en lo oculto, en aquello donde el hombre no debe inmiscuirse.
Tu decisión de permanecer en la ignorancia, de no caer en las trampas de Edgar te ha hecho libre. Este es el final… ¿lo es? Siempre puedes volver a pulsar alguno de los otros botones, permitirte un mejor destino que el del Juicio.
[[¿FIN? Tú decides si quieres regresar a la casa y pulsar otros botones, y descubrir otros finales->Entra en la casa]]Una ráfaga de viento repentina me provoca escalofríos. Sobre una pequeña mesa cuadrada, lo que parece una baraja de cartas se ordena y coloca en el centro y una voz de ultratumba me invita a coger una de ellas.
(set: $numero to (random: 1,6))<div class="cardcontainer">(if:$numero is 1)[ <div class="card">
<div class="card-inner">
<div class="card-front">
<img style="width:100%;"src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/21.png" alt="ThreadOfLifeDeck">
</div><div class="card-back">
<img style="width:100%;"src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/20.png" alt="El Mago">
</div>
</div>
</div>](if:$numero is 2)[ <div class="card">
<div class="card-inner">
<div class="card-front">
<img style="width:100%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/21.png" alt="ThreadOfLifeDeck">
</div><div class="card-back">
<img style="width:100%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/19.png" alt="La Muerte">
</div>
</div>
</div>](if:$numero is 3)[ <div class="card">
<div class="card-inner">
<div class="card-front">
<img style="width:100%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/21.png" alt="ThreadOfLifeDeck">
</div><div class="card-back">
<img style="width:100%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/18.png" alt="La Torre">
</div>
</div>
</div>](if:$numero is 4)[ <div class="card">
<div class="card-inner">
<div class="card-front">
<img style="width:100%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/21.png" alt="ThreadOfLifeDeck">
</div><div class="card-back">
<img style="width:100%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/17.png" alt="La Estrella">
</div>
</div>
</div>](if:$numero is 5)[ <div class="card ">
<div class="card-inner">
<div class="card-front">
<img style="width:100%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/21.png" alt="ThreadOfLifeDeck">
</div><div class="card-back">
<img style="width:100%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/16.png" alt="El Diablo">
</div>
</div>
</div>](if:$numero is 6)[ <div class="card">
<div class="card-inner">
<div class="card-front">
<img style="width:100%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/21.png" alt="ThreadOfLifeDeck">
</div><div class="card-back">
<img style="width:100%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/14.png" alt="El Ermitaño">
</div>
</div>
</div>
]
</div>
Algo me dice que mi destino ha quedado marcado. Las cartas son solo la antesala de lo que me espera. ¿Seré capaz de entender su significado?
FIN
Lo más difícil de este trabajo es saber por dónde empezar.
Suelen ser casas antiguas llenas de cosas.
La cocina y los baños no son importantes, pero el salón y los dormitorios son pequeños tesoros.
El dormitorio lo dejo para después por aquello de ser algo más personal. Todavía tengo que sumergirme en el espíritu de la casa y descubrir quién era el inquilino.
Empezaré por el salón, parece bastante ordenado y me será más sencillo catalogarlo todo.
Uno de los laterales tiene uno de esos chaflanes con un enorme ventanal por el que debe entrar mucha luz a primera hora del día.
Delante se encuentra el escritorio.
<p style="text-align: center;">
[<img style="width:50%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/3.png">]</p>
Eso me indica que era una persona que gustaba de la lectura o la escritura o quizá trabajaba en casa, aunque a primera vista no veo ningún ordenador. Más bien tiene un aire retro, hasta el teléfono es de los antiguos.
Sobre la mesa descansa un viejo libro [["El juicio"->Juicio]].
En el primer cajón está todo muy ordenado con un pequeño radiocasete con una cinta puesta.
Me gusta encontrar este tipo de artilugios vintage, además, funciona. Se paga muy bien por ellos y, en esta ocasión, me servirá para poner de fondo música mientras continúo con mi trabajo.
Como ya tengo una edad, no tengo ningún problema en ponerlo en marcha y tras una pequeña distorsión, se escucha una melodía a la que sigue una voz.
Continúo con el siguiente cajón, pero lo que escucho llama mi atención. Una voz de hombre, algo ansioso, está diciendo algo de un panel de botones.
A primera vista, no veo nada de lo que dice: "Nueve botones que pueden marcar tu destino. Solo dale al botón"
Sin duda, ha picado mi curiosidad. Este tipo de misterios hacen este trabajo más emocionante, aunque casi siempre acaba en nada.
Habla de una cámara, pero aquí no hay nada. Me pregunto si habrá algo oculto. De esas salas que salen en las películas al pulsar algo.
Toco todo y nada.
Tampoco quiero perder el tiempo, vuelvo al casete y parece que la cinta se engancha y deja de funcionar. Espero que no haya estropeado el aparato y pueda venderlo.
Casi enfrente del escritorio hay una chimenea encabezada por un retrato que imita la obra de Miguel Ángel, esa de la mano del hombre con la mano de Dios.
<p style="text-align: center;">
[<img style="width:50%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/4.png">]</p>
Me acerco a verificar su autenticidad, por si es de alguno de esos famosos autores que le imitaban, casi seguro que es falsa ¿Quién iba a tener esto aquí?
No soy experto en arte, pero lo falso se nota rápidamente, aunque ahora se hacen réplicas casi exactas. Hago la típica prueba del algodón: toco la pintura y está tan seca que me corto el dedo.
Al apartarlo rápidamente como un acto reflejo tiro una cajita que estaba justo encima de la chimenea.
De ella sale disparado un artefacto. Cuando me acerco es un pulsador con la típica frase de "Dale al botón".
Este tipo de artilugios de broma se utilizaban mucho en los 90 para hacer ruidos extraños. Sentía curiosidad por qué tipo de ruido emitía. Y, claro, pulsé.
Escuché un crujido y poco más. Pensé que se habría estropeado al caer, pero al darme la vuelta vi que la chimenea se había movido.
Efectivamente, ¡Había una sala tras ella!
No podía contener la emoción así que decidí entrar. ¿No lo habrías hecho tú?
[[Entra en la sala]]
Mientras espero siempre aprovecho para ver un poco los alrededores, me ayuda a hacerme una idea de cómo era la vida de esa persona.
<p style="text-align: center;">
[<img style="width:50%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/2.png">]
</p>
Si tenía un ultramarinos cerca, si era una zona residencial y arbolada, si había parques infantiles cerca...
He tardado unos 10 minutos y aquí sigue sin haber nadie. Será mejor que entre. Siempre me dan una copia de las llaves.
[[Entra en la casa]]<p style="text-align: center;">
[<img style="width:50%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/5.png">]</p>
Cada botón presenta una opción verdaderamente interesante, la curiosidad se asoma a las posibilidades, y no acierto en adivinar las posibles consecuencias de pulsar cualquiera de ellos. Parecen botones de madera, aunque el tiempo o el uso han hecho mella en ellos. Algunos están desdibujados o simplemente aplastados marcando una ❌, quizá alguien ya los pulsó.
La tentación de pulsarlos es inexplicable.
<table style="margin: 0 auto;">
<tr>
<td><a class="my-button">[[🎩->Metamorfosis]]</a></td>
<td><a class="my-button">[[🎂->Origen]]</a></td>
<td><a class="my-button">[[🔱->Cartas]]</a></td>
</tr>
<tr>
<td><a class="my-button my-button2">[❌]</a></td>
<td><a class="my-button">[[💍->Soledad]]</a></td>
<td><a class="my-button">[❌]</a></td>
</tr>
<tr>
<td><a class="my-button">[❌]</a></td>
<td><a class="my-button">[❌]</a></td>
<td><a class="my-button">[❌]</a></td>
</tr>
</tr>
</table>Soy un vaciador de casas. Parece simple decirlo pero es un trabajo complejo.
Hago inventario y liquido las casas de aquellos que ya no están.
Casi nadie quiere dar por finalizada una vida, sus pertenencias, sus recuerdos...es un buen negocio.
Encuentro de todo en estas casas. Aunque no sea el trabajo de mi vida reconozco que me gusta revisarlo todo y pensar en como era la vida de quien vivía en estas casas. Me saca de mi rutina, a veces encuentro algo interesante que reservo para mi colección.
Tengo mi propia sala de recuerdos de todos aquellos hogares que he vaciado.
Según me dijeron, el dueño desapareció sin más. Dejó de pagar el alquiler, de hablar con sus familiares y amigos...aunque tampoco pareció extrañarle a nadie demasiado, era un espíritu libre, según dijeron.
<p style="text-align: center;">
[<img style="width:50%;" src="https://www.agorabierta.com/wp-content/uploads/2024/05/1.png">]</p>
Son las 5 y aquí no se ha presentado nadie, prefieren olvidar, no pensar en lo que está pasando. Recibir el dinero acordado cuando me deshaga de todo esto y punto.
[[Entra en la casa]]
[[Espero unos minutos más]]Narración escrita a tres manos:
* Clara Cordero
* Íñigo Rodríguez Cordero
* Iñaki R. Díaz
Ilustraciones: Clara Cordero