Las extraordinarias aventuras de Arsène Lupin, el caballero ladrón.

Escrito por Maurice Leblanc

Traducido del francés por George Morehead

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Título: Las extraordinarias aventuras de Arsène Lupin, el caballero ladrón
Autor: Maurice Leblanc
Fecha de publicación: 1 de julio de 2004 [eBook #6133]
Actualización más reciente: 8 de abril de 2023
Idioma: Inglés
Créditos: Nathan J. Miller and David Widger

Esta traducción al español por Spanglishers está bajo la licencia Creative Commons, Atribución/Reconocimiento 4.0 Internacional. Las imágenes usadas en esta obra provienen de la página web oldbookillustrations.com Se considera que son de dominio público en los Estados Unidos y otros países debido a que se han reproducido desde un libro o documento cuyos derechos han expirado en los Estados Unidos y en otros países.

El arresto de Arsène Lupin, el hacker

Fue un final extraño para un viaje que había comenzado de la manera más excitante. El crucero "La Provence" era un barco rápido y cómodo, al mando de un hombre de lo más simpático. Entre los pasajeros se encontraban todo tipo de celebridades. La idea de hacer nuevas amistades y diversiones improvisadas hacía que el tiempo pasara gratamente. Disfrutábamos de la agradable sensación de estar separados del mundo, viviendo, por decirlo de alguna manera, en una isla desconocida y, por ende, obligados a ser sociables entre nosotros.

¿Alguna vez has reflexionado sobre la cantidad de originalidad y espontaneidad que surge en estos individuos que, no se conocían personalmente y que ahora, durante varios días, deben compartir una vida de extrema cercanía, enfrentando juntos la furia del océano, el violento golpe de las olas, la agresividad de la tormenta y la abrumadora monotonía de las aguas tranquilas y dormidas? Esa forma de existencia se convierte en una especie de tragedia, con sus tormentas y grandezas, su rutina y variedad; y es por ello, quizás, que nos embarcamos en este breve viaje con emociones mezcladas de disfrute y temor.

Pero, durante los últimos años, una nueva sensación se ha añadido a la vida del viajero. La pequeña isla flotante ahora está unida al mundo del que antes estaba completamente libre. Ese vínculo los une, incluso en el corazón mismo de los desiertos acuáticos del Atlántico. Ese vínculo es el internet, por medio del cual recibimos noticias de la manera más peculiar. Sabemos perfectamente que el mensaje no se transporta a través de un cable hueco. No, el misterio es aún más inexplicable, más romántico, y debemos recurrir a las alas del aire para explicar este milagro. En el primer día, estábamos centrados en las maravillas del crucero, recorrerlo y disfrutar de todas sus áreas, y por sobre todo de conocer personalmente a todas esas celebridades que nos entretienen día a día. Pero rápidamente todo pasó a ser parte de selfies, historias, reels, conectando las redes de unos con otros. Recibiendo millones de likes y mensajes.

En el segundo día, a una distancia de más de 900.000 kilómetros de la costa de España, en medio de una tormenta violenta, recibimos todos el siguiente mensaje a través de un email:

Arsène Lupin está en su barco, se aloja en una suite, cabello rubio, tatuaje en el antebrazo derecho, viajando solo bajo el nombre de Mr.R…”

En ese momento, que nuestra ciberseguridad estuviera siendo amenazada por el hacker más peligroso y reconocido mundialmente, y a su vez, contar con tan poca información, hizo que todos cayéramos en desesperación.

El mismo mensaje fue recibido por toda la tripulación y pasajeros del crucero, y rápidamente se convirtió en el tema de conversación de todos y cada uno de los presentes sabiendo ya que el famoso Arsène Lupin se escondía entre nosotros.

¡Arsène Lupin entre nosotros! El habilidoso hacker, cuyas hazañas habían sido tendencia durante los últimos meses. El individuo misterioso con el que Ganimard, el tiktoker más astuto, había estado involucrado en un conflicto implacable en medio de entornos interesantes y pintorescos. Arsène Lupin, el hacker excéntrico que opera desde los rincones más indetectables, pasando siempre desapercibido y quién una noche hackeó la cuenta bancaria del ex futbolista y leyenda del Manchester United, Eusebio Schormann, pero al encontrarse con una suma de dinero menor a la esperada, dejó, sin embargo, una transacción con el siguiente mensaje: “Arsène Lupin, hacker y buen samaritano, volverá cuando aumenten los ceros.” Arsène Lupin, el hombre de mil disfraces: en ocasiones, un chofer, policía, minero de criptomonedas, cirujano turco, corredor de F1, diseñador de moda, instructor de yoga o anciano decrépito.

Entonces, había que considerar esta situación sorprendente: ¡Arsène Lupin estaba vagando por los confines limitados de un crucero de lujo; en ese pequeño rincón del mundo, en ese salón comedor, en esa área de fumadores, en ese spa! ¡Arsène Lupin era, quizás, este tipo... o aquel... mi vecino en la mesa... el compañero de mi camarote...

—¡Y esta situación durará cinco días!—exclamó Nelly Underdown a la mañana siguiente—¡Es insoportable! Espero que lo atrapen.

Luego, dirigiéndose a mí, añadió:

—Y tú, d’Andrézy, que eres amigo del capitán; seguramente sabes algo.

Me habría encantado tener alguna información que pudiera interesar a Nelly. Ella era una de esas magníficas criaturas que inevitablemente atraen la atención en cada reunión. La fama y la belleza forman una combinación irresistible, y Nelly poseía ambas.

Educada en Madrid bajo la tutela de una madre española, ahora iba a visitar a su padre, el millonario Underdown de Chicago. Estaba acompañada por una de sus amigas, la famosa modelo de Instagram, Jerland.

Al principio, había decidido coquetear con ella; pero, a medida que fue pasando el viaje, me sentí atraído por su manera encantadora y mis sentimientos se volvieron demasiado profundos y reales para un simple coqueteo. Además, me dio la impresión que ella también intentaba seducirme. Se reía de mis bromas y mostraba interés en mis tontas historias. Sin embargo, sentía que tenía un rival en la persona de un joven relajado y pacifista; y me daba la impresión, a veces, de que ella prefería su humor fresco a mi frivolidad parisina. Él formaba parte del círculo de admiradores que rodeaban a Nelly en el momento en que me hizo la pregunta anterior. Todos estábamos cómodamente sentados en nuestras sillas de cubierta. La tormenta de la noche anterior había despejado el cielo. El clima ahora era increíble.

—Mira, no tengo mucho conocimiento al respecto, linda—respondí—, pero ¿no te parece que nosotros podemos averiguarlo casi tan bien como si fuéramos Ganimard, el hacker tiktoker, el enemigo personal de Arsène Lupin

—¡Ay! ¡Ay! Creo que va muy rápido, señor.

—Para nada, señorita. En primer lugar, déjeme preguntar, ¿le parece complicado el asunto?

—Muy complicado.

—¿Ha olvidado la clave que tenemos para resolverlo?

—¿Qué clave?

—Primero, Lupin se hace llamar Mr. R———.

—Irrelevante—respondió ella.

—Segundo, viaja solo.

—¿Y qué tiene?—preguntó.

—Tercero, es rubio.

—¿Y?

—Entonces, solo tenemos que revisar la lista de pasajeros e ir eliminando.

Tenía esa lista en mi bolsillo. La saqué, la revisé y comenté:

—Ok, solo hay trece hombres en la lista de pasajeros con nombres que comienzan con la letra R.

—¿Solo trece?

—Sí, en las suites. Y de esos trece, veo que nueve están acompañados por mujeres, niños o asistentes. Eso deja solo a cuatro que viajan solos. Primero, Raverdan el conductor de televisión.

—Sí, el que está con el presentador americano—interrumpió Nelly—, lo conozco.

—Rawson el luchador—continué.

—Es mi tío—dijo alguien.

—Rivolta.

—¡Aquí!—gritó un italiano con una terrible barba negra que le ocultaba casi toda la cara.

Automáticamente Nelly estalló en carcajadas y exclamó: —ese tipo difícilmente puede ser llamado rubio.

—Bien, entonces—dije—, no nos quedan más opciones que culpar al último de la lista.

—¿Cuál es su nombre?

—Rozaine. ¿Alguien lo conoce?

Nadie respondió. Pero Nelly se volvió hacia el tipo este, el que me había molestado como se le acercaba a ella, y le dijo:

—¿Y? Rozaine, ¿por qué no dices nada?

Todas las miradas fueron hacia él. Era rubio. Tengo que decir que yo mismo me sorprendí, y el profundo silencio que se hizo inmediatamente después de su pregunta indicaba que a los demás también les alarmaba la situación. Sin embargo, la idea ni siquiera tenía sentido porque el hombre este tenía un aire de la más perfecta inocencia.

—¿Por qué no respondo?—dijo—,porque, considerando mi nombre, el hecho de estar viajando solo y el color de mi cabello, yo también lo pensé, y ahora creo que deberían arrestarme.

Se veía raro mientras lo decía. Sus labios delgados estaban más apretados de lo común y estaba pálido como un cadáver, mientras sus ojos estaban rojos como la sangre. Claro que, estaba bromeando, pero su apariencia y actitud nos impresionaron de una manera extraña.

—Pero no tiene el tatuaje—dijo Nelly, ingenuamente.

—Eso es cierto—respondió él—, me falta el tattoo.

Entonces, se arremangó, y nos mostró su brazo. Pero a mí no me engañó. Había mostrado su brazo izquierdo, y estaba a punto de decirle algo sobre eso, cuando otro incidente desvió nuestra atención. Jerland, amiga de Nelly, vino corriendo hacia nosotros en un completo estado de histeria, gritando:

—¡Mis contraseñas, mis redes! ¡Me hackearon todo!

No, no le habían hackeado TODO, como después nos dimos cuenta. El hacker solo había ingresado en algunas cuentas; algo muy curioso. De todas las cuentas, Instagram, TikTok, X, el hacker había ingresado únicamente a las que tenía más seguidores. El celular estaba ahí sobre la mesa. Lo vi ahí, tirado como una servilleta usada, hasta le había quitado la funda. Y esto pasó mientras Jerland tomaba sol; a pleno mediodía, en la piscina que era un lugar muy transitado; además, el hacker tuvo que forzar la puerta del camarote, buscar el celular, que estaba cargando en la cama debajo de una almohada, desbloquearlo, e ir ingresando cuenta por cuenta para averiguar cada contraseña.

Claro que todos los pasajeros llegaron instantáneamente a la misma conclusión; fue Arsène Lupin.

Ese día, en la mesa del comedor, los asientos a la derecha y a la izquierda de Rozaine quedaron vacíos; y, durante la noche, hubo rumores de que el capitán lo había arrestado, lo que produjo una sensación de seguridad y alivio. Volvimos a respirar. Esa noche, hubo juegos y baile nuevamente. Y Nelly, en particular, estuvo suelta y alegre lo que me convenció de que ya no estaba tan atraída a ese tal Rozaine. Fue ahí que terminó de conquistarme. A medianoche, bajo una luna preciosa, terminamos pasionalmente lo que habíamos comenzado.

Pero, al día siguiente, para nuestra sorpresa, Rozaine estaba en libertad. Nos enteramos de que las pruebas en su contra no eran suficientes. Había presentado documentos que eran perfectamente legales, que demostraban que era hijo de un millonario empresario de París. Además, sus brazos no presentaban la menor huella de un tatuaje.

—¡Documentos! ¡Certificados de nacimiento!—exclamaron los enemigos de Rozaine—, por supuesto, Arsène Lupin presentará todo lo que haga falta. Y en cuanto al tatuaje, nunca lo tuvo o se lo maquilló.

Luego se demostró que, en el momento del hackeo, Rozaine estaba paseando por la cubierta. A lo que sus enemigos respondieron que un hombre como Arsène Lupin podía hackear lo que sea sin necesidad de estar presente en realidad. Y luego, aparte de todo lo demás, quedaba un punto que ni siquiera los más incrédulos podían contestar: ¿Quién, aparte de Rozaine, viajaba solo, era rubio y tenía un nombre que comenzaba con R? ¿A quién apuntaba el mail, si no era a Rozaine?

Y cuando Rozaine, unos minutos antes del desayuno, se acercó a nuestro grupo, Nelly y Jerland se levantaron y se alejaron.

Una hora después, se viralizó un mensaje entre la tripulación, el staff y absolutamente todos los pasajeros. Dicho mensaje decía que Louis Rozaine ofrecía una recompensa de diez mil dólares por atrapar a Arsène Lupin o a la persona que haya hackeado el celular de Jerland.

—Y si nadie me ayuda, yo mismo pondré manos en el asunto—declaró Rozaine.

Rozaine contra Arsène Lupin, o mejor dicho, según la opinión general, Arsène Lupin contraArsène Lupin; las cosas se ponían cada vez más interesantes.

Durante los dos días siguientes, no ocurrió nada significativo. Vimos a Rozaine deambular día y noche, buscando, preguntando, investigando. El capitán también mostró una notable diligencia, ordenando registrar el barco de proa a popa; revisó cada camarote bajo la plausible teoría de que el ladrón podría estar escondido en cualquier lugar, excepto en su propia habitación.

—Supongo que pronto descubrirán algo—Comentó Nelly—. Podrá ser un mago, pero no puede hacerse invisible.

—Ciertamente no—respondí—, pero deberían revisar los celulares, laptops, y cualquier otro dispositivo que llevemos con nosotros.

Entonces, mostrando mi iPhone, un iPhone 11 con el que había estado fotografiándola en varias poses, añadí:— con un equipo no más moderno que este, una persona podría hackear las cuentas de Jerland. Podría fingir que toma fotos y nadie sospecharía del juego.

—Pero he oído decir que todo ladrón deja alguna pista detrás de sí.

—Eso puede ser cierto en general—respondí—, pero hay una excepción: Arsène Lupin.

—¿Por qué?

—Porque él enfoca sus pensamientos no solo en el robo, sino en todas las circunstancias relacionadas con él, que podrían servir como pista para identificarlo.

—Hace unos días, estabas más seguro.

—Sí, pero desde entonces he visto lo que puede hacer.

—¿Y qué opinas ahora?—preguntó.

—Bueno, en mi opinión, estamos perdiendo el tiempo.

Y, de hecho, la investigación no había dado resultado alguno. Sin embargo, durante ese tiempo, desapareció el celular del capitán. Estaba furioso. Intensificó sus esfuerzos y vigiló a Rozaine más de cerca que antes. Pero, al día siguiente, el teléfono apareció en la maleta del segundo oficial.

Este incidente causó considerable asombro y reveló el lado humorístico de Arsène Lupin, quien, aunque hacker, también era amante del arte. Combinaba los negocios con el placer. Nos recordó al autor que casi muere en un ataque de risa provocado por su propia obra. Sin duda, era un verdadero artista en lo que hacía, y cada vez que veía a Rozaine, sombrío y reservado, pensando en el doble rol que desempeñaba, no podía evitar admirarlo en cierta medida.

La noche siguiente, el oficial de guardia escuchó quejidos que provenían del rincón más oscuro del barco. Se acercó y encontró a un hombre tendido allí, con la cabeza envuelta en una gruesa bufanda gris y las manos atadas con una cuerda reforzada. Era Rozaine. Lo habían atacado, tirado al suelo y robado. Su celular, encontrado en su abrigo, tenía en un mensaje de texto, de un número desconocido, con estas palabras escritas: “Arsène Lupin acepta con placer los diez mil dólares ofrecidos por el Señor Rozaine” De hecho, la cuenta robada contenía veinte mil dólares.

Por supuesto, algunos acusaron al desafortunado hombre de haber simulado este ataque contra sí mismo. Pero, aparte del hecho de que no podría haberse atado de esa manera, se comprobó que el número de teléfono no era suyo, de hecho, la característica del país no coincidía para nada y no solo eso, el número tampoco correspondía a un teléfono vigente. Para sorpresa de todos, se sospechó que tal número fue en algún momento el mismo que usó Arsène para dejar mensajes en clave a otras personas.

Entonces, quedó claro que Rozaine no era Arsène Lupin, sino Rozaine, el hijo de un empresario de Paris. Y la presencia de Arsène Lupin se reafirmó de manera muy inquietante.

Tal era el estado de terror entre los pasajeros que nadie se quedaba solo en un camarote ni se aventuraba por partes solitarias de la nave. Nos manteníamos juntos como una cuestión de seguridad. Y, sin embargo, las amistades más íntimas se vieron distanciadas por un sentimiento mutuo de desconfianza. Arsène Lupin era cualquiera y todos. Nuestra imaginación desbordada le atribuía poderes milagrosos e ilimitados. Lo suponíamos capaz de asumir los disfraces más inesperados; desde Rawson, el luchador hasta Raverdan, el conductor o incluso, pues ya no nos deteníamos en la acusadora letra R, tal o cual persona bien conocida por todos nosotros, con esposa, hijos y asistentes.

Nos parecía extraño que ningún miembro de la tripulación hiciera comentarios al respecto, nada por babor ni nada por estribor. Tanto silencio era desconcertante.

Nuestro último día aquí parecía interminable. Vivíamos con el temor constante de algún desastre. Esta vez, no sería un simple robo de contraseñas o filtración de datos; sería algo realmente grande como vaciar las cuentas bancarias de todos los pasajeros, o sabotear sistemas de navegación. Nadie imaginaba que Arsène Lupin se limitaría a esos dos delitos insignificantes. Con el control absoluto del barco y las autoridades incapaces de actuar, podía hacer lo que quisiera; nuestras vidas y pertenencias estaban en sus manos.

Sin embargo, esas horas me resultaban fantásticas, pues poco a poco afianzaba la confianza de Nelly. Al estar profundamente afectada por esos hechos alarmantes y siendo una persona extremadamente nerviosa, buscó espontáneamente a mi lado una protección y seguridad que me complacía brindarle. En mi interior, agradecía a Arsène Lupin. ¿No había sido él un medio para acercarme más a ella? Gracias a eso ahora podía permitirme soñar dulcemente con el amor y la felicidad, sueños que, a mi parecer, no eran mal recibidos por Nelly. El brillo en sus ojos me animaba a soñar; la ternura en su voz me llenaba de esperanza.

Mientras nos acercábamos a la costa americana, aparentemente la búsqueda del hacker se había detenido, y estábamos esperando ansiosamente el momento exacto en el cual el misterioso enigma sería explicado. ¿Quién era Arsène Lupin? ¿Bajo qué nombre? ¿Bajo qué disfraz estaba el famoso Arsène Lupin escondiéndose? Y finalmente el gran momento había llegado. Así viviese cien años, no olvidaría ni el más mínimo detalle de esto.

—Qué pálida estás, Nelly—Le dije a mi compañera al tiempo en el que ella se recostaba en mi brazo, al borde del desmayo.

—¡Y tú!—respondió ella—¡Ah! Estás tan cambiado.

—¡Solo piénsalo! Este es el momento más emocionante y estoy encantado de pasarlo contigo. A veces espero que tu memoria se—

Pero ella no estaba escuchando, estaba nerviosa y emocionada. La pasarela se puso en su lugar, pero antes de poder usarla, los agentes de aduanas abordaron. Nelly murmuró:

—No me sorprendería escuchar que Arsène Lupin escapó del barco durante el viaje.

—Quizás prefirió la muerte al deshonor y se hundió en el Atlántico en lugar de ser arrestado.

—Oh, no te rías—dijo ella.

Repentinamente me sobresalté y, en respuesta a su pregunta, le dije:

—¿Ves a ese pequeño hombre parado al final de la pasarela?

—¿Con la sombrilla y el abrigo verde oliva?

—Es Ganimard.

—¿Ganimard?

—Sí, el conocido hacker que juró que capturaría a Arsène Lupin. ¡Ah! Ahora puedo entender por qué no recibió ninguna noticia de su lado del Atlántico. ¡Ganimard estaba aquí! y siempre mantiene sus asuntos en secreto.

—¿Entonces piensas que él arrestará a Arsène Lupin?

—¿Quién sabe? Lo inesperado siempre pasa cuando Arsène Lupin está metido en el asunto.

—¡Oh!—Exclamó ella con aquella curiosidad perturbadora y peculiar de las mujeres—, me gustaría ver cuando lo arresten.

—Tendrás que ser paciente. No hay duda de que Arsène Lupin ya vio a su enemigo y no tiene prisa de dejar el barco.

Los pasajeros estaban desembarcando. Apoyado en su sombrilla con un aire de despreocupación e indiferencia, Ganimard parecía no estar prestando atención a la multitud que tenía prisa por pasar por la pasarela. Raverdan el conductor, Rawson el luchador, el motociclista italiano, y muchos otros ya habían dejado el barco antes de que Rozaine apareciera. ¡Pobre Rozaine!

—Quizás es él después de todo—dijo Nelly—, ¿qué piensas?

—Creo que sería muy interesante el tener a Ganimard y Rozaine en la misma toma. Saca mi teléfono de este bolso, por favor, y tómales una foto. Honremos este momento épico.

Le di el bolso pero fue muy tarde. Rozaine ya estaba pasando al hacker. Un oficial americano parado detrás de Ganimard se inclinó y le susurró en su oído. El hacker encogió sus hombros y Rozaine pasó. Entonces, dios mío, ¿Quién era Arsène Lupin?

—Sí—dijo Nelly en voz alta—, ¿quién podría ser?

Ahora no hay más de veinte personas restantes a bordo. Ella analizó uno a uno, temerosa de que Arsène Lupin no estuviese entre ellos.

—No podemos esperar mucho más—le dije.

Ella comenzó a acercarse a la pasarela. La seguí. Pero no habíamos avanzado ni un paso cuando Ganimard nos impidió el paso.

—Bueno, ¿Qué pasa?—exclamé.

—Un momento señor. ¿Cuál es su prisa?

—Estoy acompañando a la señorita.

—Un momento—repitió él con un tono autoritario. Luego, mirándome a los ojos me dijo—:

¿Eres Arsène Lupin no?

Me reí y le respondí: —no, simplemente Bernard d'Andrézy.

—¿El mismo Bernard d'Andrézy, streamer misterioso, que estuvo estos días en vivo? Qué buena conexión a internet tiene este barco...

—Si Bernard d'Andrézy estuviese haciendo streaming, no estaría aquí. Pero usted está equivocado. Aquí están mis documentos.

—Son de él y le puedo decir exactamente cómo llegaron a estar bajo su posesión.

—¡Es un tonto!—Exclamé—. Arsène Lupin embarcó bajo el nombre de R——

—Sí, otro de tus juegos; un rastro falso que los engañó en Marsella. Jugaste un buen juego, pero esta vez la suerte no está de tu lado.

Dudé por un momento. Entonces me dio un golpe intenso en el brazo derecho, que me hizo gemir del dolor. Había dado en el tatuaje aún no sanado, el mismo al que se refería el mail.

Me vi obligado a rendirme. No tenía alternativa. Me giré hacia Nelly quien había escuchado todo. Nuestros ojos se encontraron, luego ella miró el bolso que había puesto en sus manos e hizo un ademán que me transmitió la impresión de que había entendido todo. Sí, allí entre los bolsillos de cuero negro, en una pequeña costura del objeto que había tenido la precaución de poner en sus manos antes de que Ganimard me detuviera, había depositado el teléfono donde se hallaban ahora los veinte mil dólares de Rozaine y los datos de Jerland.

¡Ay! Puedo jurar, en ese momento solemne, que cuando estaba en manos de Ganimard y sus dos asistentes, no me preocupaba en lo más mínimo por nada, ni por mi arresto ni por la hostilidad de la gente, salvo por una sola pregunta: ¿qué haría Nelly con las cosas que le confié?

Mientras no hubiera esa prueba concreta y definitiva, no tenía nada que temer; pero ¿tomaría ella la decisión de proporcionar esa prueba? ¿Me traicionaría? ¿Actuaría como una enemiga implacable, o como una mujer cuyo desprecio se ve atenuado por una benevolencia y simpatía espontánea?

Pasó frente a mí y sin decir una sola palabra, hice una gran reverencia. Mezclada con los demás pasajeros, avanzó hacia la pasarela con mi bolso en la mano. Me vino a la mente que no se arriesgaría a exponerme en público, pero podría hacerlo cuando llegara a un lugar más privado. Sin embargo, cuando había avanzado apenas unos metros por la pasarela, con un gesto de torpeza fingida, dejó caer la bolsa de cuero al agua entre el barco y el muelle. Luego descendió del barco y se perdió rápidamente en la multitud. Había salido de mi vida para siempre.

Por un momento, me quedé inmóvil. Luego para gran asombro de Ganimard, murmuré:

—¡Qué lástima que no sea un hombre honesto!

Así fue la historia de su arresto, tal como me la contó el propio Arsène Lupin. Los diversos incidentes, que describiré en otro momento, han establecido entre nosotros ciertos lazos... ¿de amistad, quizá? Sí, me atrevo a creer que Arsène Lupin me honra con su amistad y que es a través de la amistad que ocasionalmente me visita, trayendo al silencio de mi estudio su jovialidad, su contagioso entusiasmo y la alegría de un hombre para quien el destino solo tiene favores y sonrisas.

¿Cómo es? ¿Cómo puedo describirlo? Lo he visto veinte veces y en cada una era una persona diferente; incluso él mismo me dijo en una ocasión: "Ya no sé quién soy, ya no me reconozco". Sin lugar a dudas, era un gran actor y poseía una habilidad extraordinaria para disfrazarse. Sin el menor esfuerzo, podía adoptar la voz, los gestos y los comportamientos de otra persona.

—¿Por qué—dijo él—, por qué debería mantener una forma y características definidas? ¿Por qué no evitar el peligro de una personalidad que es siempre la misma? Mis acciones hablarán por mí.

Luego añadió, con un toque de orgullo:

—Qué mejor si nadie puede decir con seguridad absoluta: ¡ese es Arsène Lupin! Lo realmente importante es que el público pueda referirse a mi obra y decir sin temor a equivocarse: ¡eso lo hizo Arsène Lupin!