Una de las peores bromas que te va a jugar la vida, es conocer a la persona indicada en el momento equivocado.
Estás en una estación de tren. El reloj está detenido. El aire huele a papel viejo y promesas no dichas.
Frente a ti, alguien que no esperabas volver a ver.
¿Qué haces?
[[Hablarle|Encuentro]]
[[Ignorarle y seguir caminando|Huida]]
[[Esperar a que se acerque|Espera]]Te acercas. Sus ojos tienen la misma tristeza que recuerdas, pero también algo nuevo: una calma que no compartieron.
—Pensé que no volvería a verte —dice.
Puedes responder con:
[[“Yo también lo pensé.”|Recuerdo]]
[[“No estoy seguro de que debamos hablar.”|Distancia]]
[[Silencio, solo mirarlo.|Silencio]]Te alejas. El sonido de tus pasos sobre el andén parece más fuerte que el tren que nunca llega.
Pero algo te detiene. Una frase que él solía decir:
> “Si el tiempo fuera un animal, tú serías su escondite favorito.”
¿Vuelves?
[[Sí, vuelvo.|Encuentro]]
[[No, sigo caminando.|Final: Reloj roto]]No te mueves. Él tampoco. El mundo parece suspendido entre dos respiraciones.
Finalmente, se acerca.
—¿Todavía coleccionas frases que no puedes decir?
Puedes:
[[Mostrarle tu libreta.|Recuerdo]]
[[Negar con la cabeza.|Distancia]]
[[Decirle que ya no escribes.|Final: Archivo cerrado]]Abres la libreta. En la última página, hay una frase que escribiste para él:
> “No sé si fuiste el amor de mi vida, pero fuiste el amor de mi tiempo.”
Él sonríe.
[[Quedarse juntos un rato.|Final: Silencio compartido]]
[[Despedirse sin palabras.|Final: Reloj detenido]]Él asiente. No hay reproche en su mirada, solo una aceptación tranquila.
—Entonces, que el tiempo nos lleve por caminos distintos.
[[Te alejas.|Final: Reloj roto]]No dices nada. Él tampoco. Pero algo en el aire cambia.
[[Tomarse de las manos.|Final: Silencio compartido]]
[[Volver a caminar solo.|Final: Reloj detenido]]El tren llega. Tú subes. Él se queda.
El reloj sigue detenido, pero tú ya no.La libreta queda cerrada. Él se despide con una sonrisa triste.
No habrá más frases sin decir.No hay palabras. Solo la certeza de que, aunque el momento fue equivocado, el encuentro fue verdadero.Te alejas. Él también. El reloj sigue sin moverse.
Pero en algún rincón del tiempo, esta historia se repite.