Profundo

Una noche desperté encerrada

mi cuerpo, el tiempo pausaba,

el frío quemaba,

el infinito apretaba.

Carne resignada,

el gusano susurraba

verdades de supresión,

al transitar mi eliminación.

Como metida en una caja de fósforos

la sombra respira cada rincón

no importa si el agua de mis ojos

humedece con obsesión.

Mi jadeo difiultoso

amenaza mi garganta con presión,

ningún destello dichoso

perderá su tiempo en mi prisión.

Merezco acá, merezco temblar

cerrar los párpados y tiritar.

Le pregunté: Me vas a comer?

La interrogante se pone a saltar.

Más allá oí llegar,

desgarrar cráneos e imaginar,

infinita mancha negra traer

hambre.

Piel y diente;

cada mordisco era lento,

no por distrute

sino por sufrimiento.

A la noche le dolía

que yo la obligase a vestirse de averno,

a moldearse herejía,

a meterme en su boca de infierno.

Ella prefería

disfrazarse de caricia.

Pero comía, mordía,

porque yo, tonta, quería

.

- dotrar