=><= ###Índice <== Introducción: [[Estoy en una serie->Estoy en una serie]] Temporada 1: [[El Jardín de las Delicias->El Jardín de las Delicias]] Temporada 2: [[El recuerdo tiene peso->El recuerdo tiene peso]] =><= ## [[>>->Estoy en una serie]]###Estoy en una serie <==> Estoy en una serie. En esta serie (equiparable al famoso conjunto que contiene todos los conjuntos que no se contienen a sí mismos). En esta concatenación de omóplatos. Que suben, no, que bajan. Bajan hasta transformarse en algo que ya no es óseo. Se transforman en catalizadores que poseen una luminosidad que llega a verse desde los cinco kilómetros. Estoy en una cabina, eso que los de mi especie llaman interior. Y este interior forma parte de una estructura, que los conquistadores bautizaron como Museo de las relaciones rotas. Desde el cielo se ve lo que digo. Y lo que no digo, al ser invisible, profetiza. Los límites de mi querido planeta marcan e indican la dirección. Estoy saliendo. Sin moverme, las estrellas se afilan, pasan cerca de lo que debería ser mi cara. Pero no lo es. Es el rostro de alguien que se funde con la teoría. Con la propulsión. Con los quantas. Y se pierde en la mejor versión de lo que, de otra manera, estaría mal: [[el Tiempo->Estoy en una serie..]] ###Un japonés mirando un Bosco <==> Soy un cliché. Anteojos, traje, cámara de fotos, paraguas y los ojos, claro. Todo en mí dice japonés. O más, turista japonés. En algún momento alguien va a pasar y va a decir “Hacete una toma de karate, ponja”. Odio este dialecto local que llaman lunfardo. Y sí, obviamente, soy cinturón negro en karate. <img src="https://www.apicius.es/wp-content/uploads/2019/09/El-Jardin-de-las-Delicias_cab-759x500.jpg" width=100%> Es un cuadro raro. Son tres cuadros raros. Es un tríptico raro. Soy metódico, soy japonés. Lo miro de izquierda a derecha, de arriba a abajo. El primero es banal, religioso, plano. El segundo, el grande, es cargado, desordenado. Odio sus colores. Los odio moderadamente. El último es absolutamente necesario, justifica cruzar medio mundo, de Okinawa a Rosario, para verlo. Si no lo justifica al menos es un atenuante. Aunque solo me gustan el 33% de sus cuadros, o una tercera parte de su tríptico, amo su nombre: Bosco. Es sonoro, potente. Lo amo moderadamente, como es la correcta forma de amar un nombre. Me gustan muy pocos nombres en español. O apellidos. Sólo dice Bosco. El Bosco, lo he sentido nombrar, como si fuera un objeto. Aunque si dicen un Bosco no se refieren a Bosco ni a El Bosco, sino a un cuadro pintado por él. Un Bosco. El español es un idioma extraño. Muy libre. Tienen más de diez formas de nombrar las heces y ninguna para la lluvia de flores de cerezo. No sé si tienen cerezos. Es una cultura bastante escatológica, a veces los escucho hablar y los imagino como esos monitos que tiran heces, cuando están enojados, cuando están felices. Me gustan muy pocos nombres en español. Me gusta el nombre Almudena, aunque es más bien, siendo estrictos, de origen árabe. Santa patrona de Madrid, esa extraña ciudad donde todos pueden volver a casa. El día que tenga una hija (no necesariamente tiene que existir ese día, pero si existiese) se llamará Almudena, aunque sus ojos, sus anteojos, su cámara de fotos y su paraguas digan Japón. En cambio, odio profundamente los nombres que se arman así: Juan Algo, María Algo. “Eh ponja, hacete una toma de karate”. Grita un joven desde el tumulto de un grupo de visita. No lo miro, seguramente se llama Juan Algo. Me pierdo en la oscuridad del cuadro de la derecha, me absorbe, me corrompe, me traslada, a un otoño, melancólico. (link-reveal: "Seca la última")[ (link-reveal: "hoja que va a crujir") [ (link-reveal: "como un recuerdo.")[ <img src="https://fotos.subefotos.com/1e8d11d199c23e525efa0a54814e913do.jpg" width=50%> Un Haiku. Soy un cliché. ]]] =><= ## [[>>->Reencarnar en caballo]]###1. El Jardín de las Delicias 1/ [[Un japonés mirando un Bosco->Japonés mirando un Bosco]] 2/ [[Reencarnar en caballo->Reencarnar en caballo]] 3/ [[Un estruendo ensordecedor->Un estruendo ensordecedor]] 4/ [[Uso moderado de la fuerza->Uso moderado de la fuerza]] 5/ [[El encuentro->El encuentro]] 6/ [[El pasado no existe->El pasado no existe]] 7/ [[Sarah Thustra mira el purgatorio->Sarah Thustra mira el purgatorio]] 8/ [[El acto surrealista más simple->El acto surrealista más simple]] 9/ [[El-hombre-sin-pesadillas->El hombre sin pesadillas]] 10/ [[Pasan cuervos->Pasancuervos]] 11/ [[Los vikingos nunca usaron gorros con cuernos->Los vikingos nunca usaron]] 12/ [[Yo soy Aquiles, Sarah es la tortuga->Yo soy Aquiles, Sarah es la tortuga]] 13/ [[Borrrar recuerdos->Borrar recuerdos]] 14/ [[Un ostinato de incesantes corcheas->Un ostinato de incesantes corcheas]] 15/ [[La hora del angelus->La hora del angelus]] 16/ [[Siempre me ha gustado la arroba->Siempre me ha gustado la arroba]] 17/ [[Un Big Bang en retrogradación->Un Big Bang en retrogradación]] 18/ [[Interrogatorio->Interrogatorio]] 19/ [[In hora mortis->In hora mortis]] 20/ [[El oveja->El oveja]] 21/ [[Correo I->Correo I]] 22/ [[Ensalada rusa->Ensalada rusa]] 23/ [[Animal->Animal]] 24/ [[Nacionalidad rusa, Rosario->Nacionalidad rusa]] 25/ [[Visita guiada->Visita guiada]] 26/ [[El perro botón->El perro botón]] =><= ## [[>>->Japonés mirando un Bosco]]<==> <audio autoplay id="wagner"> <source src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/ad/Richard_Wagner_-_Ride_of_the_Valkyries_original.ogg" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("wagner"); audio.volume = 0.1; </script> (Suena una superposición de La cabalgata de las Valquirias, de Wagner, y el sonido de los puntos y las rayas del código Morse... antes de que se extinga este sonido, el megáfono se reinicia y vuelve a (link-reveal: "empezar).")[ <audio autoplay id="morse"> <source src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/9e/A_through_Z_in_Morse_code.ogg" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("morse"); audio.volume = 0.05;</script> Relájense. Así. Venimos del agua y vamos hacia ella. Durante siglos no se necesitó otra cosa. Hidrógeno, oxígeno y poco más. Por favor: sean impacientes. Deseen objetos. Sientan la falta, tanto como los bordes de ese vacío. Ustedes, todo lo indica, están siendo ofrecidos. No hay otra manera de decirlo. Tres categorías serán utilizadas para explicar su situación. A) Flotación; B) Hundimiento; C) Nado. La flotación, además de asegurar la subsistencia, produce patrones de desplazamiento en los que no interviene la voluntad. El hundimiento es ese momento en el que todo lo exterior se (nos) vuelve interior; momento representado en el organigrama del museo con la frase: De esta no salgo. Finalmente, el nado será la capacidad, cuantificable, de futuro. No deberíamos desesperar. De hecho, en mi caso, eso es prácticamente imposible. En su caso, diría, sin miedo a la contradicción, es altamente necesario. Hagan lo siguiente. Visualicen las etapas en el desarrollo de un individuo humano: primero un mínimo ser acuático en el océano amniótico; después, un renacuajo con el latido equivalente al bombo en negras del tecno; después, un pequeño simio pelado, dispuesto a salir de las profundidades maternas. Noten cómo se reproduce, individualmente, el recorrido de la especie. (Wagner y Morse se [[apagan).->Estoy en una serie...]]]<==> Algo más: no recuerden. O, dadas sus posibilidades, inténtenlo. El recuerdo tiene peso. No les conviene. <img src="https://img.huffingtonpost.com/asset/5c8b429d23000004012474c8.gif?ops=scalefit_630_noupscale" width=95%> =><= ## [[>>->título 1]] =><= # (text-style: "outline") [USTED (text-style: "fade-in-out")[[[NO->huella]]] ESTÁ AQUÍ] <small>- Clickee el texto [[en azul->huella]] para mover la trama. -</small>##Reencarnar en caballo <==> Necesito salir de este museo, de esta tristeza, de esos ojos que tienen un Bosco delante y prefieren mirarme a mí. Porque soy algo común, identificable y a la vez extraño. Un japonés en Rosario. La amplia escalera de mármol se me presenta como un abismo que me invita a saltar. Me dice que ese aterrizar tronador de huesos es mejor que un segundo más en este piso. Respiro metódicamente. Tengo un ataque de pánico. Mis demonios ruedan y crujen y mueren en esa escalera que bajo lentamente, un paso a la vez. La mujer que va por delante se detiene y siento que se detiene mi corazón. Necesito pasar, necesito salir. Necesito darle entidad. Zapatos taco aguja. Más gastado el derecho, aunque son nuevos. Medias de esas que parecen piel. La estilizan y llevan los ojos sin miedo a la falda elegante que entrega a la vista una curva imposible. Chaqueta al tono, y la piel negra, negrísima, //iroppoi//, y el cabello rubio, rubísimo. Se detiene, me obstruye y... ¡me mira! ¿Me mira? ¡Me mira! —¿En qué animal te gustaría reencarnar? No lo pienso ni un instante: Caballo. Y la esquivo y corro y salgo y el aire y entonces mis crines al viento. <img src="https://cdn.dribbble.com/users/722897/screenshots/3761515/005_aire_1920x1080_fa_2.gif" width=100%> Y de nuevo, amurallado al piso, las paredes enormes y anchas y ese techo pesado, muy pesado, que amenaza en silencio caer sobre mí. No me siento cómodo en lugares donde no puedo, o no podría, aunque nunca lo hago, romper sus paredes. Me generan una noción de lo finito insoportable. Moderadamente insoportable. Respiro. A conciencia. Siempre respiro, pero no siempre a conciencia. El caballo fue el último //kami// que me habitaba, fue un alivio soltarlo, un golpe de aire fresco, un… ella me sigue mirando. No sé cuánto tiempo estuve en silencio y me sigue mirando y quiere una respuesta, aunque no está incómoda, creo. No ha sido eterno mi silencio, parece, aunque sigo callado. Ella muerde, imperceptiblemente, su labio inferior, y en sus ojos se mecen dos mares enormes y calmos, y se alisa la falda, con la mano derecha, y descarga una tensión palpable que generan sus ojos tan fijos en mis ojos, y una pregunta sin respuesta, un silencio atemporal, que ya no resiste flotar en el aire, y pide su pregunta una respuesta y su cuerpo, tal vez, un beso espontáneo y ridículo, pero no soy de esos que dan besos ridículos, o espontáneos, aunque ella tiene un buen //kokoro//. – (link-replace: "Caballo.")[Jabalí. El caballo es muy mío. ] La miro, buscando el próximo paso al absurdo, y ella, pícara, sonríe y me dice: – Sos chancho. Me arrastra de nuevo hacia arriba, sin miedo, decidida, y el golpeteo rítmico de sus tacos marca la sincronía de los ojos que van quedando atrapados en el movimiento de sus caderas. Gira la cabeza, con intención, y los ojos cautivos que la seguían huyen despavoridos buscando un punto de fuga mientras ella mira a ningún lado y sonríe, y vuelve a avanzar. Regresan los ojos rastreros, ahora tímidos, esquivos, a depositarse en ella, y hay casi un sonido de ojos girando y fugando, girando y fugando. Me apoya una mano en el hombro, indiscreta, se acerca a mi oído y susurra: – ¿Qué nombre hubieses llevado si nacías mujer? Como si supiera qué estaba pensando, tal vez sabe. – Almudena. Me agarra del brazo, entrelaza su brazo en mi brazo, estamos de nuevo, en el Bosco. – ¿Perdieron o ganaron la guerra con yanquilandia? No la comprendo, no me gusta pensar en la guerra. No comprendo la guerra. – Perdimos. Ellos también perdieron. Seguimos caminando por el museo, como una pareja de años, entrelazados, y la rubia se ríe, infantil, y suelta: – ¿Dónde cagó el conde? Me aparto, me alejo, la miro. – ¿Vos sos argentina? Enojado, pero ella indiferente, divertida. – ¿Yo, argentina? Jajaja. Noruega. Una Negra Vikinga jajaja. Llena el ambiente con una sonora carcajada que me avergüenza, me vuelve a tomar de la mano, con dulzura, [[cambia el tema->Reencarnar en caballo2]]. =><= ### - [[CAPÍTULO ESTRENO->Conquistar espacios]] - - [[Empezar->Estoy en una serie]] - - [[Ir al índice->índice]] - ==> <a href="https://info.flagcounter.com/HnYs"><img src="https://s01.flagcounter.com/count2/HnYs/bg_0A0A0A/txt_F5F5F5/border_050505/columns_2/maxflags_10/viewers_Eurasianos/labels_0/pageviews_0/flags_0/percent_0/" alt="Flag Counter" border="0"></a>=><= (text-style: "fade-in-out") [Toque el lector para empezar] [[<img src="https://fotos.subefotos.com/577d6e9096f3eed1c710c89e072fcc30o.jpg" width=100%>->menú]] ##Un estruendo ensordecedor <==> El bar del museo es agradable. Tiene las paredes de vidrio. Eso me agrada. Me gustan las paredes que, aunque nunca lo haga, podría romper. No pido arroz. No siento ganas de comer arroz. Estoy algo molesto, moderadamente incómodo. Solo un té. Quizás me apresuré al juzgar el //kokoro// de esta rubia de la que no sé el nombre y que ahora me cuenta una historia que no quiero escuchar, que no quiero escuchar pero además no escucho, aunque asiento levemente con la cabeza cada vez que ella le da una pausa al sacudir de sus brazos como para dar énfasis a sus ideas seguramente absurdas que no escucho, y me mira, esperando que asienta o comente, y yo sólo asiento. Quizás no es la rubia, es solo la lluvia que me atrapa inexorablemente en la melancolía, y que sigue cayendo copiosamente afuera. Podría preguntar su nombre, darle otra oportunidad, a ella o a la conversación que estoy ignorando, pero no lo hago; me excuso para ir al baño. En la puerta están peleando un hombre y una mujer en varios idiomas, como siempre en este país y en el idioma que sea, apelando al uso común de la grosería, y escucho que alguien llama a alguien con este nombre. “¡Akiko!” Me doy vuelta, pero no alcanzo a ver [[nada o a nadie->Un estruendo ensordecedor2]].##Uso moderado de la fuerza <==> – “Uso moderado de la fuerza...” porque no opuse resistencia. Dada tal circunstancia, debería decir uso abusivo de la fuerza –la voz queda proviene del hombre sentado con premeditado hieratismo y tiene un tono monocorde pero amable a la vez. Tiene las manos juntas sobre su falda y los dedos de la mano derecha cubren los de la izquierda. El inspector aparta de la vista del interrogado una carpeta de cartón con papeles que parece ser un expediente. – No lea mis notas, concéntrese en sus problemas que son graves, señor japonés. En este país no es algo normal andar con el dedo de alguien más en el bolsillo. En este o en ninguno. Hace una pausa y agrega: – Tal vez en Nicaragua, ahí todo es a machetazos. Comprueba mirando de reojo que el japonés no sonríe ni festeja de manera alguna su humorada. El policía está ofuscado, pero lo disimula tras sus anteojos y dentro de su traje gris, como también disimula una inconfesable admiración por ese ser que ve y que también lo observa. “¿Qué pensará de mí? ¿Le inspiraré respeto? ¿Temor?” Ahora aleja más su block de notas de la vista del japonés. Piensa que de todas maneras ese japonés menudo, elegante, circunspecto, no podría haber opuesto gran resistencia. Piensa esto mientras mira sus zapatos lustrados, su traje a medida, sus manos pulcras. Pero, cuando llega a los ojos, el japonés lo está mirando fijo. Hay una bestia salvaje oculta en esa mirada. Tal vez no una bestia, algo así como un caballo salvaje, pasivo pero letal si se lo quiere forzar. Ante la duda, está feliz de que no haya opuesto resistencia, no por miedo a los golpes, que ha recibido muchos en su vida, sino por la humillación de haberse visto vencido por alguien de esa edad, esa talla y ese semblante pacífico. Pero esa mirada… Esa mirada y un dedo en el bolsillo lo convierten en alguien totalmente diferente. ¿Será, acaso, una amenaza para él de la misma manera que lo fue para el dueño del dedo cercenado? Carraspea y con voz grave y calmada dice: – Señor Ishigudo. – Ishiguro. – Si esas tres líneas curvas dicen Ishigudo o Tegucigalpa lo dirá el traductor, y no le aseguro que tengamos uno. Por ahora, y esto me basta, es un señor japonés, igual a todos los japoneses, pero con un dedo en el bolsillo. El oriental no contesta, pero inclina la cabeza con gesto afirmativo. Mirando de revés al expediente musita con la voz aún más calma: – Mido 1,68. – ¡Que deje de leerme las notas! Volvamos al asunto del dedo. Interrumpe el inspector tratando de no perder la paciencia. – Ya le expliqué. Me desvanecí cuando escuché el estruendo. El piso superior vacío, la huida, y el dedo, un dedo. Lo levanté, lo limpié y lo guardé, a la espera de la aparición del legítimo poseedor. Vi a nadie, ni a un posible dueño ni a un posible amputador. Sólo el dedo, ahí solito. Un dedo. – ¿De quién es el dedo? – “Cuando un sabio señala la luna, el necio mira el dedo” El oficial, incómodo, deja de mirar el dedo amputado guardado en una bolsa plástica transparente catalogada como “Prueba 1: El dedo”. De alguna manera le han dicho necio sin decirlo. No sabe si enojarse y quedar en evidencia, o disimular. Se para, mira por la ventana. Ahora está buscando la luna, pero no hay luna. [[El japonés está feliz con su treta->Uso moderado de la fuerza 2]].<==> – ¿A cuántos países viajaste? Cuento, mentalmente, con obediencia. – Trece, si contamos Japón, adonde solo viajé de vuelta. Más adelante, frente a un retrato alguien replica un retrato, de un hombre rojo, muy rojo, con un gran bigote. Tiene su silla y su atril y el pelo en la cara y el lápiz que esgrime como un arma contra el papel. La rubia se para detrás, imprudentemente cerca del desconocido, y yo aminoro el paso, me desentiendo de la invasión innecesaria de ese espacio personal, aunque ella no suelta mi mano. – ¿De qué trabajan los retratistas de identikit? Pregunta la rubia, acercando, peligrosamente, su busto a la espalda del dibujante, consciente del poder de su energía sexual como diluyente de su curiosidad avasallante. – Soy estudiante. Dice sin mirar quién pregunta, sin dejar de dibujar. Es flaco, extremadamente flaco y de aspecto frágil. El brusco movimiento de su trazo da la sensación que se va a quebrar el lápiz, o alguno de sus dedos. – ¿Fauvismo? La rubia ahora observa el cuadro del hombre rojo que el retratista copia. – Realismo. Contesta, arrastrando pesadamente la erre, se saca el pelo de la cara y sigue dibujando. La ignora, como es posible ignorar a alguien que no conocemos en absoluto o como es necesario ignorar a alguien que conocemos pero no deberíamos. Esta idea me sorprende. Me desentiendo de la charla, miro enfrente una abstracción en blanco y negro, manchas negras sobre un fondo blanco que son nada y, sin embargo, resultan una obra potente, que atraviesa el primer filtro del observador estético y se asienta en algún lugar del inconsciente tomando la forma de una guerra de sombras con formas de ideas suicidas. <img src="https://imagenes.museothyssen.org/sites/default/files/imagen/2017-05/POLLOCK_Marr%C3%B3n%20y%20plata%20I%20_713%20%281963.1%29%203000pix.jpg" width=100%> La rubia se da cuenta que está, por primera vez en mucho tiempo, o por primera vez siempre, atrapada entre dos hombres que la ignoran, amablemente abstraídos en arte pictórico y se ríe en voz alta. Esa risa tosca, burda, mucho más burda por la finura de quien la expulsa, me obliga a mirar. El retratista me está mirando. – El error de la gente que fracasa copiando este cuadro es intentar dibujar un hombre rojo con bigote, cuando el cuadro, desde su concepción y, por ende, en las copias que quieran ser fieles, está programado como un bigote con un hombre rojo. Yo no lo comprendí hasta que lo soñé. –Domo arigato gozaimasu. Me inclino, agradezco una información que no pedí. La rubia se ríe divertida. El retratista dobla la falange superior de cada dedo sin doblar la inferior. Sus manos parecen dos garras amorfas de ave rapaz. Gira la cabeza, quizá más de lo físicamente posible, y pregunta sin preámbulo. – ¿Todos los japoneses son iguales? Quizás, solo es un interés de retratista de rostros, pero no me agrada este sujeto, hay algo malo en él, en sus manos, en sus dedos, en ese lápiz amenazante con el que me señala mientras habla. Su pregunta es una ofensa. Me escabullo de la mano de la rubia, les doy la espalda, al final del pasillo hay una ventana. Afuera llueve, diluvia, pero sin ruido. – ¿La lluvia sigue sucediendo en el pasado? Dice la rubia cuando me da alcance. Me abraza por detrás, confianzuda. No tengo fuerzas para escaparme, atrapado, de nuevo, en esta nostalgia infinita. – Sí, siempre fue. – ¿Te gusta el arroz? Soy japonés, me tiene que gustar el arroz. Qué cliché. – Sí, moderadamente. La rubia me vuelve a tomar de la mano. Es una invitación, pero es también una orden: – Vamos al bar del museo. =><= ## [[>>->Un estruendo ensordecedor]]<audio autoplay id="estruendo"> <source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/gran_explosion_1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("estruendo"); audio.volume = 0.05; </script> <==> <img src="https://i.giphy.com/media/13q1DCb9m0teE/giphy.webp" width=100%> Un estruendo ensordecedor me derrumba. Crecí con las historias de las bombas del otro lado del mundo, y recién ahora que lo siento físicamente, el aturdimiento, el temblor, el terror, comprendo esa idea que era imposible transmitir. Se rompe el espacio tiempo, nos atraviesa, nos pone alerta. Veo saliendo de Hiroshima las caras vivas de los muertos. Veo saliendo de Nagasaki las caras vivas de los muertos. Me rodean, me reclaman, no soy suficiente, no puedo salvarlos y, ni siquiera, recordarlos. Estoy olvidando las caras vivas de los muertos para siempre. Estoy en el piso. No, no es un sueño, no es Hiroshima, no es Nagasaki, no es la tercera guerra mundial. ¿O sí? Estoy en Rosario. Estoy en el museo. Algo explotó. ¿Algo explotó o es otro tipo de estruendo? Definitivamente algo explotó. Estoy cubierto de polvo pero estoy, creo, bien. Me miro, me toco, no confío en la conciencia pasiva de mi cuerpo para saber que está ahí. Necesito palparlo. Sabemos que tenemos cuerpo porque ciertos conectores se lo dicen a nuestro cerebro. Pero si se rompieran, si se dañaran, podríamos creernos enteros y estar en partes. Aunque el tacto es confiable. Bastante confiable. Estoy todo. Estoy solo. Se oye nada, se oye a nadie u oigo nada. Podría gritar, pero no me gusta gritar. Digo en voz baja mi nombre. Lo escucho o lo pienso. No puedo tocar el sonido de mi nombre. Avanzo por el corredor. Busco, de nuevo, esa salida esquiva. Los cuadros cubiertos de polvo tienen un nuevo mensaje, más rústico, más profundo, más bello por estar dañados, por ser efímeros. //Kintsugi//. En ciertos momentos límites, y a pesar de que hace tiempo no lo hablo, me atacan palabras en japonés. Sobre todo aquellas que sólo podrían traducirse con una frase, o más, sólo se comprenderían siendo japonés. //Kintsugi//. Puede haber sido una explosión de gas. Rosario tiene esa idea adherida a la conciencia colectiva como otros lugares tienen las bombas. Les duele, los lastima, los aterra, los persigue como un pasado nefasto y persistente. El gas. ¿Tienen gas los museos? No lo sé. Sigo avanzando por el piso vacío. ¿Dónde está la gente? A mitad del pasillo, estoico, se mantiene y me mira el atril donde hay un retrato de un bigote con un hombre rojo, pero no están ni el retratista insolente ni el cuadro original del bigote con el hombre rojo del que fue copiado, debo admitir, con maestría, el retrato del bigote con el hombre rojo. ¿Un robo orquestado y violento en un museo? No sé si correr o quedarme. Acá estoy vivo, seguro; allá adelante, no sé. ¿O el peligro es acá? Miro atrás. Me siguen, miles y miles de rostros vivos de gente muerta que no puedo ayudar, y empiezo a correr, y estoy llegando, de nuevo, a la amplia escalera de mármol que aparece cíclica, como un obstáculo insalvable. ¿Estoy soñando un museo vacío apocalíptico? ¿Una escalera infinita? Piso algo pequeño, me freno en seco, se me pegan a la nuca miles y miles de rostros vivos de gente muerta. Se me mete por la espalda una tonelada de cenizas de un bosque de cerezos en llamas. Siento como si estuviera pisando algo vivo, levanto rápidamente el pie y lo junto. Es el dedo de la mano de alguien. O es todo lo que queda de alguien. Solo un dedo. Alguien incompleto, en algún lugar, está buscando la parte que le falta, su dedo, y yo ahí, sosteniéndolo, como si sostuviese algo vivo, algo útil y esta idea de un cuerpo fragmentado me aterra más que la idea de alguien muerto. Miro abajo. Está lleno de gente. Hay un tumulto, un rumor, un caos palpable. Miro atrás, no hay más rostros vivos de gente muerta ni cenizas, ni cuadros dañados ni un bosque de cerezos en llamas. Solo el pasillo imperturbable y el atril con el retrato del bigote con el hombre rojo y el espacio vacío, una amenaza. Silencio y, abajo, este rumor y este caos, y me siento culpable o cómplice. Observado, acusado, pero nadie me mira. Saco el pañuelo del bolsillo superior de mi saco, borro las huellas del dedo. Borro mis huellas de las huellas de un dedo perdido que me acusa de algo terrible y lo envuelvo en el pañuelo, y lo guardo en el bolsillo interior de mi saco. =><= ## [[>>->Uso moderado de la fuerza]]<==> – ¿Qué hacía en el museo? – Intereses pictóricos. – ¿Estaba solo? – Vine solo. – El informe lo sitúa en compañía, señor Ishugudo. Mentir solo va a empeorar su situación. – Vine solo, pero en un momento entablé conversación con una dama, con la que fuimos a tomar el té al bar del museo. – ¿Nombre? ¿Descripción? – No pregunté el nombre. Era rubia, alta, buena presencia. – ¡Gutiérrez! El oficial, a espaldas del sospechoso, se acerca a la puerta de salida hasta donde llegó Gutiérrez. – Rubia, alta, buena presencia. – Tenemos dos, señor. La cagada y la que está más buena que comer pollo con la mano. Ah, y un pequeño detalle, una rubia es negra y la otra rubia es blanca. Los policías se ríen a carcajadas. – ¿Su compañera era blanca? – No, señor. Dice el japonés sin girar, respetuoso de la posición privativa en la que lo han sentado, aunque nada le impide irse. El oficial, ahora hablando con Gutiérrez: – ¡Miralo al ponja! Anotá, entonces: japonés estaba con rubia negra. Preguntale a la rubia del dedo. – Ella no vio el dedo. – Usted se calla. Andá Gutiérrez, anotá como te dije. Cierra la puerta. Se pasa el dedo gordo por el labio como secando una baba que no tiene, o como atizando el labio. – ¿Maneja elementos cortantes, señor Japonés? –pregunta mientras camina alrededor de la silla donde Ishiguro sigue impasiblemente sentado. – No sé cómo puede ser relevante eso. Usted me revisó y vio que no traigo elementos cortantes. – Acá el que decide qué es relevante y qué no soy yo. ¡Responda! – (link-replace: "No.")[Practico battojutsu. El japonés sabe que esa respuesta lo terminará de comprometer. No hay forma de no asociar battojutsu con el dedo. Pero mentir, incluso omitir cierta información, no es parte de su sólida e intrincada estructura ética. El policía se rasca la cabeza y lo mira esperando más información. – ¿Y usted trabaja de este batoyuso, señor Ishigudo? El japonés esboza una media sonrisa. Quiere reírse moderadamente de la idea de trabajar de battojutsu, pero la cara de pocos amigos del oficial lo disuade de ese plan. Lo ve como un perro grandote, dócil, manejable, siempre que no se lo haga enojar, despertando su instinto natural de morder. – Es como un hobbie, señor oficial. Yo trabajo con números. – ¿Y este batoyuso es algo así como karate? – Algo así. – ¿Algo así como karate de armas? – Algo así. – Sea claro señor, no complique más su situación con evasivas. En este momento, el inspector comprende todas sus sospechas iniciales. Ese hombre impertérrito, milenario, educado y bien vestido, tan japonés como todos los demás japoneses, está a punto de develar algo que le provocará escalofríos aún en los días que se sucederán a éste. – Es el arte de desenvainar cortando. Es casi una cuestión filosófica, no necesariamente en el plano físico. Se practica durante años la forma de desenvainar la katana, cortar al imaginario adversario, hacer temblar la espada para sacudir la sangre y volver a envainar, en un solo movimiento, rápido, armónico, letal. No sé si podría explicarlo… Al japonés se le ilumina el rostro mientras habla y hace movimientos con sus manos simulando las posturas de la disciplina. Al contonearse con sigilo se le quitan veinte años de encima, se agiganta su figura y la impronta pacífica natural que lo precede se borra por completo. El policía corta la explicación con un grito, para intentar recuperar la autoridad que siente ha perdido, poco a poco, dando paso a un miedo respetuoso por este japonés. Se imagina una y otra vez su propio cuerpo degollado por la espada imaginaria que el sospechoso blande en el aire. Ve, antes de morir y rodar su cabeza, las gotas de sangre que bebió la espada sacudidas en un lienzo blanco como un cuadro expresionista de muerte. Le tiemblan las manos y atina a gritar:] – ¡Gutiérrez! Se seca el sudor de la frente con un pañuelo sucio y vuelve a atizarse el labio con el dedo gordo, desviando la mirada. El japonés comprende y lamenta su propensión a la honestidad. –No necesita explicar más señor japonés, lo entiendo perfectamente. ¡Gutiérrez! Llévese al sospechoso en calidad de detenido. =><= ## [[>>->El encuentro]]##El encuentro <==> Se corta la luz. En este país cada dos por tres se corta la luz. El oficial ya no está llamando a Gutiérrez, ni escucho sus pasos a mis espaldas. Hay un silencio absoluto y extraño. Vuelve la luz y hay nadie. La pequeña salita de interrogatorio está vacía y la única ventana fue bloqueada por una cortina de sólido metal. No como si hubieran cerrado la ventana para no ver el sol, sino como un complejo protocolo de seguridad que bloquea accesos. Hay algo que no está bien. Los dos policías se esfumaron. Yo sigo en la pequeña silla de lata y en el escritorio está la “prueba nro. 1” y el block de notas del oficial. Me levanto sigilosamente, abro la puerta y me asomo al pasillo. Nadie a la derecha, nadie a la izquierda, vuelvo a cerrar. Golpeteo con los nudillos la cortina de metal tanteando su dureza: irrompible. Si así está bloqueada la ventana más chica del museo, no quiero imaginar la cortina de acero que debe estar bloqueando la puerta de entrada. Siento que me falta el aire, camino alrededor del escritorio como buscando un aire nuevo y más fresco a cada paso. El que me circunda parece agotarse rápidamente. Camino y miro el dedo, y camino, y miro. A la segunda vuelta el aire se vició completamente. Tengo que salir. Vuelvo a abrir la puerta, giro a la izquierda, con sigilo, en puntas de pie. Llego a la sala de espera donde antes amontonaban sospechosos y también está vacía. Hay nadie, solo yo. Solo yo y el dedo, allá solito, un dedo. No lo puedo dejar, empiezo a volver, me gana la ansiedad, pensar que algo le haya pasado; corro, abro la puerta de la sala y ahí está, inmutable, en el escritorio, el dedo. Lo guardo en el bolsillo externo del saco con cuidado. Parece más seguro ahí. Las notas del oficial ahora suenan a desvaríos de un pasado distante, no son necesarias. Sí el lápiz, que meto en el bolsillo trasero del pantalón. No pienso escribir nada. Es un arma, y si tengo un arma es porque me siento en peligro. Avanzo por el pasillo cada vez más negro. Escucho voces adelante donde la oscuridad es total. Parcialmente total, porque todo está oscuro, pero se ve perfectamente la extraña gente que habita este no lugar. Me siento observado. No sé si los zapatos están lo suficientemente lustrados, aunque el tono disimula. Todo negro. Intuyo que estoy suficientemente peinado porque siempre estoy suficientemente peinado. Saco el pañuelo del bolsillo interior del saco para limpiar los anteojos, está manchado de sangre. Lo guardo disimuladamente, pero la niña me ve. Es pálida, casi un fantasma, con su cara perfectamente enmarcada por un pelo negro, negrísimo, y lacio, lacísimo. Tiene cierto aspecto de geisha, pero sus ojos son viejos. Son raros, viejos y grises. No encajan en ese cuerpo y me sigue mirando y entonces le digo, porque veo ese haiku en sus ojos, aunque esté en mi cabeza: – (link-reveal: "Lluvia de flores,")[ (link-reveal: "un cuervo busca en vano") [ volver al nido.]] Me contesta apenas con un susurro: – Pasancuervos... <img src="https://fotos.subefotos.com/0231db3dc2bb34b7330b40265552cab5o.jpg" width=100%> El mexicano está ahí en su rincón, calladito, con su bigotito ordenado y finito, con su corte taza de donde caen unos flecos pajosos, con su chalequito negro y cortito y ese cinturón con la virgencita grabada en la hebilla, es casi nada. Se acerca y se achica y creo que titila desapareciendo intermitentemente como si se estuviera gastando, pero en los ojos negros, en esos ojitos negros, hay una revolución. Hay otro mundo, diferente a este mundo, donde pasan las cosas que le pasan. La rubia que está a mi izquierda avanza hacia al centro. Es alta, muy alta, me lleva una cabeza, mínimo, y tiene un vestido plateado de fiesta que no condice con las Nike fucsia y turquesa, ni con la bisutería barata que adorna barrocamente brazos, dedos y cuello. Tiene varios peinados distintos. Cabello perfectamente liso sobre el hombro, pero en la mollera le nace un remolino impredecible que magnifica su altura desprendiendo trenzas al azar, y de ahí arriba cae de nuevo otro pelo perfectamente peinado, dándole un aspecto majestuoso y bizarro. Todo lo que tiene de bonita lo tiene de nauseabunda. Es hermosa y huele mal. Me mira, se ríe, se inclina a modo de saludo japonés cliché y se vuelve a reír. –Anata wa unko no yōna nioi ga suru. – JAJA, qué chota! No sé si entiende japonés o no entiende nada en general. Parece estar drogada y se ríe a carcajadas. Creo haberlos visto a todos rondando por el museo menos al hombre que ahora avanza en la sala como si el suelo sólo existiera porque él lo pisa. No hay dudas de que es argentino. Pelo castaño prolijamente revuelto, un jean chupín oscuro demasiado ajustado, zapatos puntudos, una remera lisa, con un saco amarillo al cuerpo. Está por decir algo, pero en vez de eso camina, y mientras camina lo seguimos por inercia y, mientras lo seguimos, el negro se vuelve blanco y el no lugar se vuelve un sí lugar y es un museo y es de nuevo el Bosco y es otro cuadro de un punto rojo con un fondo blanco y es una silla y otra silla y otra silla. – El argentino me cae mal, como la mayoría de los argentinos. Le digo al mexicano. No sé dónde está la policía, no sé porqué cerraron el museo sobre sí mismo, pero ese hombre desagradable sabe, sabe y no va a decir. Hay que hacer algo, y no es tarea de una niña o de la modelo hedionda. Evidentemente es cosa de hombres, por eso trato de indagar al mexicano a ver de qué lado está. Me contesta algo tan bajito que no lo escucho. El argentino sigue caminando alrededor de las sillas y la niña lo sigue y la rusa los sigue y mira hacia los costados, divertida, como si estuviera en un shopping, y atrás el mexicano que me escucha, pero mira embelesado a la rusa, y atrás yo, que no quiero estar con ellos ni solo. =><= ## [[>>->El pasado no existe]]##El pasado no existe <==> Mi nombre es (link-reveal:"Regla.")[ Sí, Regla. Mis padres me odiaban.] Soy (link-reveal:"zooterapeuta.")[ Sí, zooterapeuta.] Trabajo por mi cuenta desde que recuerdo. Nací en Cuba pero no sé nada de Cuba. Mis progenitores eran argentinos pero se escaparon durante el (link-reveal:"proceso.")[ Sí, el proceso.] Eran rebeldes, eso me dijeron, ese capítulo pertenece a las memorias que he (link-reveal:"borrado.")[ Sí, borrado.] Fui concebida en suelo argentino, o eso me dijeron. Nací en Cuba, me criaron unas cubanas en su granja agroecológica. Cuando vi un hombre por primera vez permanecimos cinco horas abotonados, tuvimos que tirarnos al agua. Así entendí que el instinto es todo. A Ishi lo conocí así, garchando. Tenía un mambo familiar que debía destrabar con urgencia. Sí, algo con el padre, pero todavía no lo sabía. Le recomendé peces, recuerdo, peces de agua dulce le dije, pero él se resistió. Siempre tenía argumentos para resistirse a las consignas cerradas. En el fondo, era un creativo. Podía intercalar cantidades de ceros y unos en cualquier ecuación así fuera una afirmación vana sobre el clima. Sentí que estaba con un (link-reveal:"samurái.")[ Sí, un samurái.] En realidad, desde un principio me llamó la atención que, a diferencia de los machos en general, no era de comportamiento canino sino felino. Le gustaba oler, sí, pero se podía pasar horas moviendo uno de mis rulos que se salía del desorden acomodado de mi casco. Eso hacen los gatos. Y de golpe, ¡paf! Tenés los imperturbables ojos fijos en los tuyos, encima y adentro. Me enamoré de Ishi apenas lo vi. Usaba el pelo largo atado en una cola de caballo que a veces me dejaba peinarle. [[Era maravilloso->El pasado no existe 2]].##Sarah Thustra mira el purgatorio <==> El crepitardeloscubosdehielo cuando se sumergen en el líquido. De repente aparezco acá. Es como un despertar brusco. No. Voy a esforzarme más: es como la sensación de caer a mitad de un sueño. Un punto de apoyo intermitente, como en un videojuego. Un tropiezo que no es físico, una elipsis entre secuencias, como si alguien hubiese cortado fragmentos de dos cintas de video (en una de ellas está retratada otra vida; en esta estoy en el museo, frente al Jardín de las Delicias), como si alguien hubiese cortado fragmentos de dos cintas y las hubiese ensamblado caprichosamente. El crepitardeloscubosdehielo cuando se sumergen en el líquido y el encuentro entre dos temperaturas irreconciliables hace colapsar sus estructuras sólidas. El agua templada se filtra entre las grietas y a partir de entonces hay en el líquido algo que comienza a ser hielo y hay en el hielo algo que comienza a ser líquido. Pienso en un español traducido. Odio la pesca. Ese estúpido rito de paso a una masculinidad adulta de postal turística, el encuentro con el asesino interior. No sé por qué odio la pesca. Conozco las razones, pero no son mis razones. Quizás las de esta chica de ojos grises que mira una réplica del Jardín de las Delicias en un museo en alguna ciudad latinoamericana, esta adolescente que de repente soy y me quiebro y crepito como los cubos de hielo que se sumergen en el vaso que ahora mismo, quizás, estoy sosteniendo al otro lado del océano, en Berlín, en Okinawa, en Kasajistán, en un cubículo transparente, conectado a mil cables; y de repente imagino cómo naufraga un trasbordador que lleva millones y millones de cubitos de hielo, cómo colapsan uno a uno a uno a uno y todos juntos en un crepitar de segundos que se oye desde cada punto del planeta, y se elevan los océanos y la temperatura global sube un par de grados y casi nadie se da cuenta. Su nombre será Sarah Thustra. Se detiene a mirar los cuerpos que juegan en el purgatorio. No le importa más que el purgatorio y su orgía de cuerpos blancos. Cuerpos medievales, en rondas, celebrando una gimnasia ascética. <img src="https://fotos.subefotos.com/33f464cc56e1efa68238e4123e13f42co.gif" width=100%> El nombre es Sarah Thustra, y Sarah Thustra es esta adolescente que mira el purgatorio y lleva una campera a cuadros aunque todos lleven pantalones cortos. Sarah Thustra es el personaje que relato y que me contrata como narrador. No sé nada sobre Sarah Thustra y sin embargo la habito. Sarah Thustra es una habitación vacía. Y ahí cuelgo un cuadro también vacío. Y me detengo a mirar el cuadro y allí está Sarah Thustra mirando El Jardín de las Delicias. Sarah Thustra es punk como las valquirias. Le agrada pensarse en tercera persona. Ahora, mientras mira el purgatorio, nota que alguien más cuenta su cuento y con ese propósito yo existo. Soy La Voz que cuenta a Sarah y, al mismo tiempo, soy Sarah. ¿Cómo me veo?, le pregunto. Tenés un bigote grande y tupido que te tapa la boca. Y sos de color rojo. Te llamás Rufus. =><= ## [[>>->El acto surrealista más simple]]<==> La zooterapia me llevó a viajar largo tiempo. En Argentina encontré la tumba de mi madre, mi primer apareamiento y mi vocación, pero no era el entorno adecuado para que prosperase ninguna actividad, dejame decirte que parece la tierra de los condenados. Me fui a Europa apenas junté para el pasaje, necesitaba confirmar que el animal interior va con vos a todas partes. Me dieron un subsidio del Gobierno por haber vivido una mentira y el derecho por ley a un apellido español. Mi nombre es Regla, mis padres son desaparecidos y tengo rostro de cubana. Cuando no podía subsistir con la zoología me prostituía e investigaba terapias alternativas a través de viajes astrales, es cierto, tampoco me siento una libertina por ponerle a la vida un poco de sabrosor. En España tuve mis mejores clientes, y en Alemania. En América Latina tuve mis mejores animales y formé la Fundación de Ayuda al Humano con Terapias Zoológicas, la FAH.TZ, o TerZoo, como le dicen nuestros opinadores. Soy reconocida mundialmente por mis aportes a la autosanación con base en la sincronización de las vibraciones de los chakras fáunicos con los humanos. ¿No sabías? Soy pionera, respetada por mi trabajo y en mi vida privada colecciono experiencias sexuales. Pero a Ishi no lo pude curar. Recuerdo haberlo intentado todo, hasta terapias de alto riesgo, pero no. En el fondo creo que él no creía. El día que mató al Chow Chow a patadas decidí que no podía seguir enamorada de él y dejé de atenderlo. Luego supe que estaba criando Mantis Religiosas. Siempre, me dijo, había entendido mejor la (link-reveal:"función de los insectos.")[ No, función no, utilidad, dijo.] Y dijo que el español era un idioma que (link-reveal:"construía mentes muy perversas.")[ No, constituía dijo, (link-reveal:"la perversa constitución de las mentes hispanoparlantes, dijo.") [ <img src="https://fotos.subefotos.com/dc61b75ab932f40968a7f6ca60c2113ao.jpg"width=90%>]] De lo demás no sé nada. Soy zooterapeuta y coleccionista, colecciono sexo y utilizo los datos para mis proyectos. Investigo las posibilidades de vinculación vibracional a través de la tecnología. Es maravilloso lo que puede ocurrir en tu cabeza cuando se abren las sagradas puertas de la percepción, deberías probarlo. Hace poco envié un modelo a una vieja amiga de Rusia, una aplicación que aún se encuentra en estado de prueba. =><= ## [[>>->Sarah Thustra mira el purgatorio]]##El-hombre-sin-pesadillas <==> –//Fräulein//, ¿en qué animal te gustaría reencarnar? –pregunta el vikingo apenas la reconoce. – En un Neanderthal –responde Sarah, y después señala hacia donde yo estoy y dice:– Él es mi narrador –pero yo me escondo atrás de un tacho de basura antes de que el vikingo pueda divisarme, aunque de cualquier forma el viejo ni siquiera gira la cabeza. – Me dicen el //hombre-sin-pesadillas// –dice el vikingo, igual que dijo la primera vez que conversó con Sarah Thustra hace casi un año, cuando el anciano todavía tocaba el acordeón en peatonal Córdoba y Sarah Thustra iba siempre a dibujar caras de desconocidos en su cuaderno–. Me dicen el //hombre-sin-pesadillas// porque le vendí mis pesadillas a una multinacional a cambio de un amor que se suicidó a los pocos días –cuenta una vez más el vikingo, aunque Sarah Thustra ya conoce la historia completa y cada una de sus variantes, a veces es el amor como a veces es la vida eterna como a veces una sortija que detiene el tiempo, no importa, Sarah Thustra siempre escucha como si fuera la primera vez, porque de alguna forma lo es. “Hace cinco días que no duermo”, piensa en decirle Sarah, pero luego cree que puede ser contraproducente ser tan directa, que debe dar un rodeo, que debe ser simbólica y, mientras tanto, el vikingo sigue contando cómo robó unas cuantas joyas que no deja de sacar de sus bolsillos como trofeos de guerra y dice que por eso va al museo todos los días. – Robaste algo alguna vez –pregunta con tono de afirmación. – Como todos –responde Sarah, quien a veces, es verdad, encuentra sus bolsillos llenos de objetos de procedencia misteriosa, y no sabe si culpar a la generación espontánea o a (link-reveal:"la cleptomanía.")[ Su padre solía decirle: Toda sociedad se funda en un crimen común.] – Vení, acompañame –y Sarah Thustra sigue al vikingo hasta el patio interior, donde el viejo señala a dos tapados con mujeres que conversan y dice:– Prestá atención –y entonces Sarah mira cómo el vikingo se acerca para preguntarles si quieren ver un acto de magia y las mujeres lo ignoran y la escena parece de teatro grotesco para Sarah Thustra, que lleva cinco días seguidos sin dormir, y es que a esta altura la realidad parece hacer un esfuerzo consciente por expulsarla, o eso piensa antes de que el vikingo vuelva y empiece a reír y diga: – El truco lo hice igual –muestra, entre carcajadas, un par de pulseras de oro, y Sarah se suma a la risa compartida, pero entonces el vikingo la interrumpe con una expresión grave. – Puedo pasar a tu baño. Sarah se extraña. – Esta no es mi casa. – Eso es circunstancial –dice el vikingo. – Entonces sí. Y los dos levantan la vista y (link-reveal:"pasan cuervos.")[<audio autoplay> <source src="https://sonidosdeanimales.net/wp-content/uploads/2015/09/cuervo.mp3"> </audio>] =><= ## [[>>->Pasancuervos]]##El acto surrealista más simple <==> Sarah Thustra se aburre fácilmente de cualquier cosa. También de este museo, de estar mirando una réplica de El Jardín de las Delicias. Se pregunta cómo llegó hasta aquí, por qué se detuvo a mirar esto en un primer lugar, por qué decidió entrar a mirar réplicas de cuadros en lugar de prender fuego su departamento o tomar clases de yoga. Por qué la narración de su historia empieza en este momento y no en medio de una acción que represente cabalmente el sentido de su vida. La ficción no funciona así. Sarah Thustra no mira una réplica común de un cuadro de El Bosco. Mira un rompecabezas que reproduce la obra en tamaño real. En una muestra de rompecabezas que reproducen obras claves del arte clásico en tamaño real. Sarah Thustra se aburre. <img src="https://fotos.subefotos.com/6e4655c8a69a475862a90cb123baa5a6o.jpg" width=100%> André Bretón una vez dijo que el acto surrealista más simple será disparar a ciegas contra una multitud. Sarah Thustra a veces siente un miedo irracional a morir por azar. Pero no por azar azaroso, sino por azar voluntario. A veces imagina que donde sea que ella esté un surrealista disparará a ciegas, y le dará en el estómago. Sarah Thustra sólo cree en el azar.Todo lo que una persona asume como constitutivo de su identidad individual es decretado por el azar. Por ejemplo, una infinidad de circunstancias azarosas hicieron que Sarah Thustra naciera en Alemania. Desde entonces, será para siempre alemana. Una infinidad de circunstancias azarosas hicieron que una especie de primates desarrollara un cerebro capaz de idear armas nucleares y museos de arte. [[Sarah Thustra prefiere que no la llamen por su nombre de pila->El acto surrelista más simple 2]]. <img src="https://media.giphy.com/media/3og0IAI06KhBYrGuNa/giphy.gif" width=100%> <==> Antes de llegar al museo, Sarah Thustra vio cómo un pixel verde caía del cielo. Era un cuadradito minúsculo y brillante que se apagaba antes de alcanzar la vereda. Nadie más se dio cuenta. La mayoría de las personas prefiere no darse cuenta de cualquier cosa que amenace la lógica en la que descansa su mundo. Lo mismo que con los saltos temporales. Sarah los nota. Ocurren todo el tiempo. Son errores de continuidad, pequeñas disrupciones y desfasajes cotidianos. Sarah arroja una moneda al aire y nunca cae. La mente miente, diciendo: nunca la arrojaste. La mayoría de las personas se conforman. Sarah no es como la mayoría de las personas. ¿Cómo es que llegué hasta acá?, piensa Sarah. Sabe la razón concreta, pero la razón concreta no es la razón real. La razón concreta es que busca al Hombre-sin-pesadillas, que no estaba en la plaza de siempre, tocando el acordeón como siempre. Dos cuervos bajaron, le dijeron: “El Museo es el lugar”. Sarah Thustra se sienta en el banco y dibuja en su cuaderno las caras de los desconocidos que miran el rompecabezas. Las reproduce con exactitud. Así es cómo trata de entender la naturaleza humana. También me mira a mí, el narrador de su historia, y con un lápiz de color rojo traza un bosquejo rústico, primitivo, casi infantil, de un rostro con bigote. Debajo escribe “Rufus”. Una mano le sacude sutilmente el hombro derecho, impidiendo la correcta ejecución de la letra S. Sarah se gira, pero no logra localizar el estímulo. Vuelve su mirada al cuaderno de dibujo y entonces encuentra a un anciano sentado a su derecha. Luce un casco con cuernos, una armadura violeta, la piel de algún mamífero como capa, un parche en el ojo derecho y una barba larguísima y blanca. =><= ## [[>>->El hombre sin pesadillas]]##Pasan cuervos <img src="https://fotos.subefotos.com/8ca37e04a889e6672db1bfdd215e2653o.gif" width=100%> <audio autoplay> <source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/pajaros_en_el_campo_por_la_manana_temprano.mp3"> </audio> (link-reveal:"/pasancuervos")[<audio autoplay id="morse"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/wp-content/uploads/2015/09/cuervo.mp3"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("morse"); audio.volume = 0.05;</script> (link-reveal:"/pasancuervosnegros que forman una flecha que apunta al noreste")[<audio autoplay id="morse"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/wp-content/uploads/2015/09/cuervo.mp3"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("morse"); audio.volume = 0.05;</script> (link-reveal:"/pasancuervosrojos sobre un fondo de nubes amarillas y cielo violeta")[<audio autoplay id="morse"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/wp-content/uploads/2015/09/cuervo.mp3"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("morse"); audio.volume = 0.05;</script> /pasan (link-replace: "cuerpos") [cuervos no, cuerpos no [[/pasancuervos->Pasancuervos2]]]]]] <audio autoplay> <source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/pajaros_en_el_campo_por_la_manana_temprano.mp3"> </audio> Tiene miedo a las (link-reveal:"puertas automáticas.")[ Más precisamente, tiene miedo al instante de incertidumbre que siempre se da cuando camina con la convicción de que el sensor láser va a detectar su materialidad, de que se abrirá para (link-reveal:"dejarla salir.")[ De algún modo conoce también la posibilidad de (link-replace:"que aquello no pase.")[golpearse con la puerta todavía cerrada.] Es entonces, por un segundo dentro de un segundo, cuando duda de su propia existencia. Tiene miedo a las (link-reveal:"puertas giratorias.")[ <img src="https://fotos.subefotos.com/8ca37e04a889e6672db1bfdd215e2653o.gif" width=100%> [[/pasancuervoscasiazules->Pasancuervos3]]]]] <audio autoplay> <source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/pajaros_en_el_campo_por_la_manana_temprano.mp3"> </audio> Algo estalla dentro del museo, del otro lado de la puertagiratoriaautomática, algo (link-reveal:"hace")[<audio autoplay> <source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/maquina_de_escribir_antigua_1.mp3"> </audio> <img src="https://fotos.subefotos.com/35ebf5e7218461442f64d1faf6f353a7o.gif" width=100%> (link-reveal:"/pasancuervos") [<audio autoplay id="morse"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/wp-content/uploads/2015/09/cuervo.mp3"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("morse"); audio.volume = 0.05;</script>que dejan una estela larga y negra allí por donde pasan y, de un momento a otro, cubren cada centímetro del cuadrado de cielo que se recorta sobre (link-reveal:"el patio")[ Así se hace de noche. Y es como si siguiera mirando (link-reveal:"un cuadro.")[ Un cuadro por el que pasaban cuervos sobre un cielo y ahora es (link-reveal:"todo negro.")[ (link-reveal:"/pasancuervosnegros")[<audio autoplay id="morse"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/wp-content/uploads/2015/09/cuervo.mp3"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("morse"); audio.volume = 0.05;</script> sobre un cielo negro Un rompecabezas [[todo negro.->Pasancuervos4]]]]]]]]<audio autoplay> <source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/pajaros_en_el_campo_por_la_manana_temprano.mp3"> </audio> Algo estalla dentro del museo, de este lado de la puerta automática, algo (link-reveal:"hace")[ <audio autoplay> <source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/maquina_de_escribir_antigua_1.mp3"> </audio> <img src="https://fotos.subefotos.com/24bf429017ee97a7eb18dc7d5bfb9bebo.gif" width=100%> Mira un rompecabezas todo negro con una pieza blanca en el (link-reveal:"centro.")[ (link-reveal:"algo")[<audio autoplay id="estruendo"> <source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/gran_explosion_1.mp3" type="audio/mpeg"></audio><script> var audio =document.getElementById("estruendo"); audio.volume = 0.05;</script> –estalla:(link-reveal:"un–disparo/?>")[(link-reveal:"/pasancuervos")[<audio autoplay id="morse"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/wp-content/uploads/2015/09/cuervo.mp3"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("morse"); audio.volume = 0.05;</script> Baja las escaleras. (link-reveal:"/pasancuervos.")[<audio autoplay id="morse"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/wp-content/uploads/2015/09/cuervo.mp3"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("morse"); audio.volume = 0.05;</script> Frente a la puerta automática que no se abre. (link-reveal:"/pasancuervos")[<audio autoplay id="morse"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/wp-content/uploads/2015/09/cuervo.mp3"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("morse"); audio.volume = 0.05;</script> Tiene miedo a las puertasgiratoriasautomáticas. (link-reveal:"Un disparo.")[<audio autoplay> <source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/disparodeescopetadecartuchosdefogeo02.mp3"> </audio> Mujer sangra frente a un cuadro todo negro con una pieza de rompecabezas blanca (link-reveal:"manchada de sangre de disparo.")[ <img src="https://fotos.subefotos.com/6bf5495179962c8bee673e72cb21def1o.png" width=100%> La mancha parece (link-reveal:"un cuervo rojo que cruza un cielo todo blanco.")[<audio autoplay id="morse"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/wp-content/uploads/2015/09/cuervo.mp3"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("morse"); audio.volume = 0.05;</script> Mujer sangra en medio de (link-reveal:"la multitud que mira el cuadro.")[ El disparo deja (link-reveal:"una estela negra.")[ Pero nadie deja de mirar [[el cuadro->Pasancuervos5]].]]]]]]]]]]]] <audio autoplay> <source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/pajaros_en_el_campo_por_la_manana_temprano.mp3"> </audio> Sigue la estela negra hasta un orificio negro. (link-reveal:"/pasancuervos")[<audio autoplay id="morse"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/wp-content/uploads/2015/09/cuervo.mp3"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("morse"); audio.volume = 0.05;</script> Es el orificio de (link-reveal:"un caño.")[ El caño de (link-reveal:"un revólver.")[ El revólver de (link-reveal:"una mano enguantada.")[ (link-reveal:"/pasancuervos")[<audio autoplay id="morse"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/wp-content/uploads/2015/09/cuervo.mp3"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("morse"); audio.volume = 0.05;</script> La mano enguantada de un hombre vestido con traje y bombín. (link-reveal:"/pasancuervos")[<audio autoplay id="morse"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/wp-content/uploads/2015/09/cuervo.mp3"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("morse"); audio.volume = 0.05;</script> Una nube blanca tapa su cara, pero ella sabe que (link-reveal:"sonríe.")[ Sonríe y (link-reveal:"le dice:")[ [[El bañ° está °cupad°->Los vikingos nunca usaron]]]]]]]]]] ##Los vikingos nunca usaron cascos con cuernos <==> “(link-replace:"El bañ° está °cupad°")[El baño está ocupado]”, pronuncia una boca que pertenece a una cara maciza, con segmentos que, bajo la luz cenital, parecen abolladuras irregulares, como las que se hacen en una vieja cacerola de aluminio. Sarah Thustra entonces nota que está sentada en medio de una plataforma suspendida, en el centro de un cuarto con forma de cilindro. Las paredes están tapadas con una cantidad de pantallas que -al menos en las circunstancias actuales de Sarah- resulta incalculable. En cada una de esas pantallas puede verse alguna de las infinitas salas del Museo de las Relaciones Rotas. “Esta es la SaladeDios”, piensa Sarah, sin una intención definida de sonar irónica. Mira con ansiedad hacia un costado, y yo entiendo que comprueba que yo estoy acá nuevamente, observándola desde una distancia estratégica. Recién ahora, cuando vuelve a percibirme, comprende que me he ausentado de su relato por un tiempo que -al igual que la cantidad de las pantallas- no puede calcular. Eso le preocupa. Sobre el escritorio están tendidos, en perfecto orden y separados en bolsitas de nylon, los objetos que, ahora adivina, le han hecho sacar de los bolsillos de su campera. Una pluma, dos chapitas de metal, el sticker de una empresa de transporte, una navaja, tres tornillos, el cuaderno anillado donde dibuja rostros de personas desconocidas, seis piezas de rompecabezas y un cristal de color amarillo verdoso que emite una tenue luminiscencia. Por lo general, es decir, cuando no está siendo interrogada por un guardia de seguridad, Sarah Thustra encuentra divertido rastrear la procedencia de los objetos que aparecen en sus bolsillos, como si se tratara de una forma de arqueología cotidiana. Así fabrica mapas mentales que le permiten volver sobre sus pasos y recuperar percepciones olvidadas de su entorno. El oficial que está frente a ella carraspea como para recordarle su presencia a la adolescente que se enrolla un mechón de pelo teñido de un negro casi azulado en su dedo índice. Se presenta simplemente como Semolina, y a Sarah Thustra le cuesta interpretar si eso es su nombre, su apellido, o un apodo. El oficial Semolina está pasando un mal momento. Hace apenas un rato un policía más o menos amigo le avisó que el comisario está teniendo sexo con su esposa en ese mismo momento. Eso, por supuesto, Sarah Thustra no lo sabe. Yo puedo decirlo porque soy el narrador de esta historia. Semolina mira los documentos de Sarah y lee en voz baja su nombre oficial, ese que Sarah odia que pronuncien en voz alta. La adolescente parece responderle desde un plano de la realidad totalmente alejado del suyo, como si lo que los separara fuera mucho más que un vulgar escritorio de madera cubierto de objetos robados. – Mi nombre es ese que acaba de pronunciar, pero les pido a todos que me recuerden como Sarah Thustra. Ese es mi verdadero nombre. ¿Está seguro de que su verdadero nombre es Semolina? – ¿Qué me quiere decir? – Use pronombres femeninos para referirse a mí, por favor. En Alemania tenemos pronombres neutros. En español no existen. Prefiero los femeninos. Semolina siente unos leves mareos y la cara de Sarah se le desdobla por momentos. Lo atribuye a su ansiedad e intenta despejarse. – ¿Tiene otra identidad? – Mi última transmigración [[fue en Berlín, en 2001->Los vikingos nunca usaron 2]].##Borrar recuerdos <==> A Sarah la recuerdo muy bien pero no del todo. Ella posiblemente me haya olvidado muy pronto. Tenía la capacidad de hacer que las cosas desaparecieran. Es decir, desaparecieran de la mente. Como si nunca hubieran ocurrido o como si fueran a ocurrir en algún futuro impreciso e incomprobable. Como si la memoria hubiera descartado ese fragmento por considerarlo, de antemano, una falsedad o una irrelevancia. Aunque hubiese transcurrido un instante, era capaz de eliminar el hecho anterior como si lo borrara o lo tachara. Pero yo la recuerdo. Recuerdo la última vez que me vi reflejado en sus ojos grises, sentí que me iba a caer adentro pero ella no dijo nada. Ni una palabra. Yo estaba diciéndole que la amaba, con y sin voz, no lo recuerdo del todo, así era ella, su efecto. No me dijo nada. Se hundió en mis ojos como si desenterrara algo muy viejo. Yo sentía que era mutuo, a veces, otras veces era como mirar un cuadro: ella era el cuadro, yo era el que la miraba presa del síndrome de Stendhal, inhibidos todos mis transmisores. Cuando se fue lloré. Se fue en cámara lenta, hacia atrás, como en una cinta que retrocedemos y pareciera desmontar toda ilusión de continuidad de la escena, como ante un peligro o un animal inmenso que la acechara, con sus típicos movimientos espasmódicos y, cuando estuvo a una distancia prudencial, dio la vuelta y empezó a correr, alejándose. Recién ahí pude moverme, como si una hipnosis que me hubiera cautivado me soltara. No la vi más. La olvidé un tiempo pero por alguna razón la seguí evocando en fragmentos de días, en colores, olores, canciones. Memoria e imaginación trabajan juntas, tejen al unísono una red de asociaciones neuropsicoemotivas, construyen una estructura común en el momento exacto en el que una ausencia cobra lugar en nuestra mente. Así aprendemos. Descubro que soy pura ausencia. Como el nombre de un ave que, de todas formas, no responderá. Quizá no guarde un solo recuerdo real salvo aquellos con Sarah. Incluso fundé recuerdos con ella, recuerdos nuestros que ella no conoce. Algoestáfallado. <img src="https://media0.giphy.com/media/5h9EHCvA0OR2/giphy.gif?cid=ecf05e47ebb58693bbd4276d978e305a717a110f2558a91e&rid=giphy.gif" width=100%> El cerebro humano cuenta con 100.000 millones de neuronas cuyas interconexiones rondan los 100 mil millones, su capacidad de memoria oscila entre 1 y 10 terabytes, quizá sea cierto que podemos recordar 10 billones de páginas de una enciclopedia del siglo XX, ¿y a quién le puede importar? Yo ya no tenía recuerdos, tuve que fundarlos. Fundé recuerdos, me esforcé, estudié los planos, me infiltré en las venas de los magentas y amarillos más chirriantes, caminé por los pasillos tentaculares de una memoria atrofiada, escuché las Catábasis de cada mirada posada en un horizonte cavernoso cuyos múltiples planos se disuelven y desenfocan según un código que no puede estar diciendo lo correcto. Apenas empecé a olvidarla decidí eternizar su recuerdo, acá tengo la marca tatuada. Aunque sé que ella me sigue olvidando. Como verá, se trata de una réplica del Árbol de la Vida; como verá, le faltan algunas piezas, como si se tratara de un rompecabezas mal armado o incompleto. ¿Me creería si le dijera que el que yo me tatué estaba completo? <img src="https://media0.giphy.com/media/zykA6CmOKG5cQ/giphy.gif?cid=ecf05e47de3b75e0edd0bbd6df52bccbb9786a4cfa143145&rid=giphy.gif" width=100%> Algoestáfallado. =><= ##[[>>->Un ostinato de incesantes corcheas]]<==> Semolina la mira de arriba a abajo, estaba tan absorto en lo que escuchó, que no se había percatado del gorro de vikingo que la adolescente lleva en la cabeza. ¿O es que acaba de aparecer? ¿Cómo pudo ser tan estúpido de no sentirse extrañado por ese inmenso gorro con cuernos? Piensa en decir alguna cosa ingeniosa para enmascarar su idiotez. – ¡Ah, graciosa la //germany//! Mire que puede acabar presa. Usted tiene doble nacionalidad, veo. Sarah Thustra detesta a las personas como el oficial Semolina, lacayos con la ilusión de un poder alquilado. Su imbecilidad, sin embargo, es prueba de que puede engañarlo. Su padre, perseguido por oscuros poderes de los que hablaremos en otro momento de esta misma historia, la entrenó para burlar a estúpidos mucho más peligrosos que este. – Mi padre fue en algún momento embajador en Alemania y, supongo, entonces se ocuparía de asuntos que tendrían algo que ver con la reunificación después de la Guerra Fría, aunque nunca hablamos al respecto, y tampoco le pregunté. – ¿Dónde se encuentra su padre ahora, señorita? Semolina únicamente piensa en cómo va a enterrar una y otra vez su puño en la cara del comisario hasta dejarle la cabeza abollada como una cacerola de aluminio. – Mi papá tuvo que retirarse al poco tiempo de que yo naciera, después de que un grupo de chiflados empezara a amenazarlo. Es una cosa que ocurre usualmente en las altas esferas de la diplomacia, aunque es natural que usted no lo sepa. Los diplomáticos tienen un juego. Se desafían a pronunciar en sus conferencias una serie de palabras elegidas aleatoriamente por un jurado. Palabras que no encajarían lógicamente en su discurso, y que ellos deben hacer encajar por la fuerza, sin resultar ridículos para aquellos que desconocen la artimaña. Se desafían bajo las más atroces amenazas. Algunas de las guerras más terribles se desencadenaron por el mero hecho de pronunciar la palabra equivocada en el momento propicio, y todo por nada más que un juego siniestro… ¿Por qué le estaba contando esto? Semolina siente un ligero zumbido en el oído derecho, que al principio suena como una melodía difusa y aguda. Algo así como sonaría un (link-reveal:"violín bajo el agua")[<audio autoplay><source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/orquesta_afinando_antes_de_un_concierto_en_un_teatro.mp3"></audio>]. O eso imagina el oficial, aunque inmediatamente nota que no es habitual en él imaginar cosas de ese tipo. Con la palma de la mano se refriega la oreja con la intención de dejar de escuchar el pitido. En Alemania se usa la palabra ohrwurm para nombrar los sonidos que quedan impresos en la memoria como si fueran gusanos en una oreja. – Bueno... Bueno... Centrémonos en el episodio. Usted tomó algo que no es suyo... El oficial Semolina señala con su mano la bolsita que contiene las seis piezas de un rompecabezas que, puesto en orden, forma un fragmento de la imagen de un búho en una famosa pintura de El Bosco. – El gorro de vikingo. Realmente, no sé si usted lo había leído, Oficial Semolina, pero los vikingos nunca usaron esos gorros con cuernos. Fue todo un invento absurdo del vestuarista de una ópera de Wagner. – Mire que no todos aquí son tan caballeros como yo. Si confiesa lo podemos resolver rápido. Sarah Thustra finge sentirse intimidada. – Perdón, no he respondido la pregunta. Semolina, algo hastiado. – ¿Qué hacía en el Museo? – Vine al museo para encontrarme con un viejo vikingo. Hace cinco días que no duermo, y cuando no duermo me gusta dibujar caras de gente desconocida en mi cuaderno –Sarah toma la bolsa con el cuaderno de dibujo, creyendo que el oficial se lo va a impedir, pero el oficial no parece concentrado en sus palabras–. Dibujar caras me ayuda a entender la naturaleza humana. – ¿Usted está drogada señorita? Sarah Thustra nota que el oficial se rasca con insistencia la oreja derecha. El oficial ya no escucha del todo bien las explicaciones de su interlocutora. El cristal luminiscente parece brillar con más potencia. Sarah no logra determinar la procedencia del cristal, no sabe por qué estaba en su bolsillo, ni tampoco se hace una idea acerca de dónde puede haberlo tomado. Las infinitas pantallas que muestran millones de instalaciones le recuerdan que es momento de terminar con aquel interrogatorio. El oficial Semolina ha dejado de rascarse, pero ya parece poco interesado en sus palabras. Ni siquiera la mira a la cara. Sarah abre el cuaderno de dibujo en una de las primeras páginas. Señala un retrato de cuerpo completo de un tipo de bigote, pintado con lápiz de color rojo. – Es él. Ese tipo rojo parado detrás de usted, a un costado. ¿Lo ve? Se llama Rufus. Es mi narrador, por eso es que me sigue a todos lados, registra en tiempo real todo lo que yo hago y digo. Todo el mundo tiene uno o varios narradores, pero la mayoría de las personas no se da cuenta. Muchos piensan que sus actos son libres, que son obra de su propia voluntad. Así les dan a sus narradores todo el control. Qué ironía, ¿no? Tienen que pasar cosas para que una persona pueda verlo, para que perciba que es parte de una Historia mayor. Usted también, ahora mismo, si se lo propone... Semolina explota de furia – Mirá pendeja pelotuda, me cansaste. Se levanta del asiento y en ese instante escucha un tango que viene de lejos pero cada vez más presente. El violín sumergido es ahora una orquesta completa. Una orquesta que toca en un anfiteatro en el fondo del océano dentro de su oído derecho. A su costado ve que un tipo rojo, de bigote, pone un disco en un fonógrafo que hasta hace segundos no estaba ahí. – ¡Los que bailaban eran juzgados locos por aquellos que no podían escuchar la música! –dice Sarah, mientras aprovecha la distracción del oficial para volver a guardarse la piedra fulgurante en el bolsillo de su campera. “¿Eso es Piazzolla...?” es lo único que alcanza a decir Semolina, antes de que una gota de sangre se escurra desde el orificio izquierdo de su nariz, antes de que ya no pueda decir más nada, antes de que todas las pantallas de la SaladeDios se apaguen al mismo tiempo, antes de que Otoño Porteño empiece a sonar en los altoparlantes. =><= ## [[>>->Yo soy Aquiles, Sarah es la tortuga]]##Yo soy Aquiles, Sarah es la tortuga <==> – ¿Rufus? –dice una y otra vez Sarah Thustra, mientras tantea en la oscuridad. – Estoy acá –le respondo, sacudiendo su hombro, aunque por alguna razón la adolescente no da muestras de percibir mi presencia y sigue repitiendo mi nombre en tono interrogativo. Dudo acerca de si verdaderamente ha dejado de verme, o si acaso está fingiendo. Los narradores omniscientes no podemos permitirnos dudar acerca de las motivaciones de nuestros personajes. Por unos cuantos segundos la oscuridad es absoluta. La música de Piazzola sube su volumen hasta que revientan los altoparlantes en la SaladeDios. Sarah se tapa los oídos izquierdo y derecho con sus respectivos dedos índices. Silencio. La compuerta del fondo abre el paso a la claridad que llega desde algún otro sector del Museo de la Relaciones Rotas. También llegan retazos de una conversación de voces distorsionadas por la longitud de los pasillos. Junto al escritorio no hay rastros del oficial Semolina. Sarah camina como sonámbula en dirección a la luz. Yo la sigo. No sabe que se olvida su cuaderno de dibujo. Me vuelvo para tomar el cuaderno. Sarah se adelanta. La pierdo de vista en el umbral de la compuerta. Sarah camina con calma, a una velocidad regular. Nos separa una distancia enorme, que parece incrementarse a pesar de que corro con desesperación para alcanzarla antes de que cruce la puerta que separa la sala de espera de la habitación iluminada. Vivimos la paradoja de Zenón de Elea. Yo soy Aquiles, Sarah es la tortuga. No importa qué tan lento se mueva ella, siempre nos separa una infinidad de puntos. Para llegar hasta Sarah, antes tengo que recorrer la mitad de la distancia recorrida por ella; para recorrer la mitad, antes tengo que recorrer la mitad de la mitad, y, antes, la mitad de la mitad de la mitad… <img src="https://media.giphy.com/media/5F4nEB6Wqa2AM/giphy.gif" width=100%> ¿Es posible obtener un valor finito sumando infinitas distancias infinitas? La experiencia lo demuestra cuando por fin cruzo el umbral. La sala blanca está iluminada por una enorme cantidad de tubos fluorescentes. No hay rastros de luz natural. Todas las ventanas del Museo están tapadas por lo que parecen ser paredes de ladrillos construidas del lado de fuera. Sarah está parada junto un japonés de traje negro impoluto, perfectamente planchado, que limpia unos anteojos de cristales redondos con un pañuelo manchado con sangre. Sarah lo ve y recuerda nuestro último sueño antes del insomnio. Un sueño que hasta ahora permanecía olvidado. El japonés se ve siendo visto por Sarah. Improvisa un haiku para disimular, mientras vuelve a meter su pañuelo en el bolsillo. –(link-reveal: "Lluvia de flores,")[ (link-reveal: "un cuervo busca en vano") [ volver al nido.]] Sarah pone cara de no sorprenderse por nada. Levanta una ceja y le contesta: –(link-reveal:"Pasancuervos")[<audio autoplay id="morse"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/wp-content/uploads/2015/09/cuervo.mp3"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("morse"); audio.volume = 0.05;</script>] Una corta secuencia de ruidos de personas cayendo interrumpe la conversación. Sarah ve que a uno de los lados, en la dirección en la que todavía está colgada la réplica –ahora incompleta– de El Jardín de las Delicias está la rubia que se encontró en la puerta giratoria. La encuentra enredada entre los brazos y las piernas de un señor muy bajo y muy moreno, que lleva una campera de cuero con adornos dorados. Es una campera de motociclista, pero a simple vista recuerda a la chaqueta que usan de los mariachis. La rubia y el bajito acaban de chocarse y forman en el piso una figura parecida al símbolo del ying y el yang. – JAJA, qué chota –dice la rubia mientras se levanta del piso y se acomoda con las dos manos su barroco peinado, que consiste en múltiples trenzas de distintos grosores y longitudes, entrelazadas entre sí a diferentes alturas y en combinaciones matemáticamente improbables, de modo que todas confluyen en una misma cola de caballo que desciende desde lo alto de su cabeza hasta la mitad de su espalda. – A vos ya te vi, jaja –dice la rubia cuando detecta a Sarah mirándola a unos pocos pasos de distancia–. Me llamo Xesca. Sarah Thustra, que no usa celular por razones ideológicas, siente en uno de sus bolsillos una ligera vibración cuando Xesca pronuncia su nombre. Recuerda que todavía lleva consigo el cristal luminoso. El chaparro demora más tiempo en levantarse, como si quisiera que las dos mujeres lo ayudaran a ponerse en pie. Sarah y Xesca parecen haberse olvidado, no sólo de su presencia, sino de su mismísima existencia hasta el momento en el que finalmente recobra la compostura y se aleja -huye, podríamos decir- sin hacer ningún ruido. Tres golpes de bastón en el piso de la sala. Cuatro cabezas giran al mismo tiempo. Un viejo de traje blanco, con una cicatriz en el lado izquierdo de la boca, aparece por otra de las puertas que da a la sala blanca. Camina ayudándose con el bastón, aunque parece usarlo más como para representar algún tipo de poder simbólico que por una necesidad motriz. Cuando está lo suficientemente cerca, los invita a tomar asiento en unas sillas enfiladas de espalda al rompecabezas del Bosco. – Che, las empanadas ya casi están. No sean boludos y pórtense bien. En la mesa les explico todo. Después de decir eso, el viejo desaparece por otra de las arcadas del museo. Mientras tanto, Sarah, Xesca, el chaparro y el japonés quedan mirando una mancha roja, casi perfectamente circular, que adorna una pared blanca. Están un largo rato, quizás varias horas, sin decir una palabra, como si fueran una exhibición en un zoológico extraterrestre sobre la especie humana. Empiezan a pensar que el argentino no volverá. =><= ## [[>>->Borrar recuerdos]]##Un ostinato de incesantes corcheas <==> Chinga su madre estos pintores antiguos. Al final uno piensa que la psicodelia es un invento de los gringos de ahora y se encuentra con semejante bacanal, diosito. A ver, doña rusa, ¿se puede mover un tantito que su peinado no me deja ver el cuadro? Sí, ya sé que no es un cuadro, que ni siquiera es un original, como todas las réplicas de esta sala. Pinches posmodernos, no me explico qué sentido tiene abrir un museo para mostrar réplicas de cuadros ajenos. ¿Por qué me habrá pedido mi Lupita que viniera a este lugar tan miserable? Si bien sabe que me disgustan las multitudes. ¿Y ahorita este grupo de japoneses que me empuja para sacar fotos? (cycling-link:"Mondieu!", "¡Diosito mío!") Con lo que me costó llegar, encontrarme con semejante farsa. Si no fuera porque tengo que esperar los medicamentos para mi adorada, dejaría de estar parado como un menso aquí adelante y me iría a conocer la ciudad. No debería resultarme difícil encontrar al tal doctor (link-replace:"Pietro…") [Pietraculpa.] Bah, esta fregada de las terapias experimentales. Puede que acaso alguno en esta montonera lo conozca. ¡Oiga, doña rusa! ¿Qué hace escupiendo el cuadro? Diosito… Ahora me mira y en sus ojos hay algo conocido. Una niña que se esconde en la parroquia una noche de nevada. Virgencita, ¿de dónde me llegan estas imágenes? Puedo asegurar que nunca he viajado a Rusia. Apenas si pude conocer Europa porque me llevó mi Lupita cuando estaba con eso del grupo, y entonces descubrí que podía hablar un perfecto francés aunque nunca lo había aprendido. ¿Acaso la gracia del señor me consagró con el don de la clarividencia como al profeta Juan de la Isla de Patmos? La multitud me envuelve igual que un tremendo molusco, la rusa desaparece por un pliegue entre los cuerpos mientras los tentáculos del kraken me empujan a los abismos y ya no respiro. <img src="https://media3.giphy.com/media/GRF4gJYMQmdUI/giphy.gif?cid=790b7611190855c558c4b1a0431a4d339d5373c54ce4e5d8&rid=giphy.gif" width=100%> ¿Por qué estoy llorando de repente? Necesito salir, me está dando comezón todita esta gente apretujada, el aire viciado, los flashes que me encandilan como si estuviera atravesando el mismísimo bardo de los tibetanos. Ya volveré por los medicamentos más tarde. Un pasito atrás, miro de reojo. La puerta está a diez pasitos iguales a este. Ya casi puedo oler los árboles del parque. Una bocanada de oxígeno, aunque sea el oxígeno contaminado de las ciudades, y voy a estar mejor. ¡Auch! Me tropecé con… ¡Un viejo vestido como vikingo! ¿(cycling-link:"Q’est que c’est","Qué es") esta gente? Y esa melodía insoportable que sale de los altoparlantes. Maldita sea esta costumbre contemporánea de ponerle a todo música de fondo. Un ostinato de incesantes corcheas que obstruyen cualquier pensamiento parece llamarme al trance primitivo: (link-repeat:"Eustaquio")[, Eustaquio]... Las manos me tiemblan, tengo que resistir esta incitación al baile primal, este son macabro que amenaza con volcarme al Pandemonium. =><= ## [[>>->La hora del angelus]] ##La hora del Ángelus <==> Este es mi último paso. Allí la puerta, allí la segunda etapa de mi viaje, allí el aire que me piden los pulmones, allí… ¿Quién se erige a contraluz en medio de la puerta? Hora nomás se me congeló el pie izquierdo en el aire. ¿Qué me pasa? El sol detrás hace parecer que salen rayos de su silueta negra. ¿Es una aparición? ¿Acaso tiene un manto? ¿A qué se acerca a mí? En mi obnubilación, una voz que parece sonar desde otro mundo me dice: – ¿En qué animal te gustaría reencarnar? Me tiemblan los labios y las piernas. De pronto desaparece el griterío del interior del museo, se calla la voz que, pertinaz, me habla siempre. Se derrumban las ciudades y los rostros de mi memoria. El ostinato electrónico sigue golpeando el parche de los altoparlantes: (link-repeat:"Eustaquio")[, Eustaquio]... <img src="https://media3.giphy.com/media/1iTGVl0A2vC1UEJG/giphy.gif?cid=ecf05e47580c65d886e97368148246ed0d472bf78ac25f35&rid=giphy.gif" width=100%> Habría esperado una voz de alto, que me pregunta la hora, pero no esto. Una silueta cada vez más gigante, resplandeciente, se abalanza sobre mí y pregunta con voz de otro mundo. ¿Qué preguntó? ¿Qué contestar? ¿Será una deidad de esas que los libros de historia me mostraban de niño? La sombra se agiganta y los rayos tras ella me enceguecen. ¿Lleva una capa? ¿Plumas? ¿Alas? Con los ojos nublados de terror no puedo enfocarme. ¿Tiene rostro? ¿Es la muerte? Extiende una mano. (¡Diosito, no me lleves!) <img src="https://media1.giphy.com/media/3ov9k6MNLQY3rw1E4g/giphy.gif?cid=ecf05e47580c65d886e97368148246ed0d472bf78ac25f35&rid=giphy.gif" width=100%> Vuelve a decir. – ¿En qué animal te gustaría reencarnar? La mano que se extendía pasa por encima de mí sin rozarme siquiera. Cierro los ojos temiendo el rayo del final. Vienen a mi mente velocissimus fotogramas de Lupita, el día de nuestra boda, la fiesta en el patio donde el viento levantaba grandes polvaredas de tierra roja, el canto de los gallos, la persistencia de la tarde, los hijos que quisimos tener, los tenaces campanarios a la hora del Ángelus. Tarde, mi mente percibe lo femenino de la voz. Es extraña, engolada pero cadenciosa. Por algún motivo que desconozco, los armónicos de su voz me tranquilizan un tantito. Vuelvo a tomar dominio suficiente de mí mismo y abro los ojos, que ahora me muestran una mujer de belleza indescriptible: gigante, blanca, su perfume me inunda las narinas y sus ojos claros y enormes parecen traspasar lo que miran. Pienso que así habrán sido la mismita Xitlali, o Diana, o Helena de Troya, o las temidas sirenas de Odiseo. Giro cuando oigo una voz de hombre detrás que le contesta: – ¿Eh? El hombre es también apuesto, de casi dos metros de estatura, artificialmente tostado, esbelto y debajo de su chaqueta podrían adivinarse enormes músculos. Quedo entre ambos, desapercibido y casi a la altura de sus vientres. – Que en qué animal te gustaría reencarnar, gor… te vi en el vernissage tirarte tipo arriba del sushi y se me ocurrió que en otra vida fuiste algún animal feroz –dice la hasta ahí deidad, con una risita que ahora se me figura un poco mensa. Como respuesta se oye una risotada que me hace enchinar el cuero. Todavía no se percataron de mi presencia entre ellos. Por achicopalado no me atrevo a hablar. De pronto, me siento verdaderamente pequeño, soso, insignificante. No existo para ellos. ¿Existo realmente? Son tan jóvenes, tan bellos que duele su tontera. ¿Quién fuera como ellos? ¿Es, acaso, esa oquedad el verdadero secreto de la felicidad? ¿Ha sido la naturaleza justa en su distribución de belleza, de salud, de inteligencia? En tanto cavilo estas cosas, siento la puerta alejarse como en un sueño, mientras mengua la luz del sol que entra por ella. =><= ##[[>>->Siempre me ha gustado la arroba]]##Siempre me ha gustado la arroba <==> – ¡Ay, flaqui, vos hacés cada pregunta…! –dice condescendientemente el grandote. – Sabés que me re encanta investigar, gor! – ¿Qué más querés saber? –agrega el grandulón con voz fingidamente sensual. – Nunca te pregunté de qué signo sos. ¡Qué fuerte! Mientras dice esto, y al intentar alguna muestra de cariño, su rodilla se encuentra con mi mullido cuerpecito atrapado entre ellos. – Perdón, señorita, no ha sido adrede pero he quedado entre usted y el caballero. – ¡Ay, mirá, gor! ¡Casi lo piso! ¡Tipo que ni lo vi! –ambos emiten una risotada nasal mientras intento escabullirme por entre la jaula de piernas, con la desesperación propia de una criatura en cautiverio. Como si recién ahora se hubiese percatado de mi humanidad, ella mira hacia abajo con asombro y curiosidad, y pregunta: – ¿Y vos de qué signo sos? – Señorita, yo no me sé mucho de signos, sepa usted. Sólo quedé atrapado entre ustedes y su conversación, pero quizás puedan decirme dónde puedo encontrar al doctor Pietr… Lo interrumpe el gigantón diciendo: – No pasa nada, amigo, estamos todos pasando un buen momento acá. Si acaso lo hubiese creído capaz de alguna ironía, me habría ofuscado, pero solo siento cómo el calor asciende por mis mejillas y hace de mis orejas dos lenguas de fuego. Por educación, nomás, decido contestar con una humorada. – Pos siempre me ha gustado la arroba… La pareja se mira extrañada y comprendo súbitamente que la distancia entre los cuerpos es inversamente proporcional a la que se acaba de crear entre nuestras subjetividades. Ahora sólo deseo desaparecer. [[Un afortunado estruendo desvía la atención de todos los presentes como respondiendo a mis súplicas->Un Big Bang en retrogradación]].##Un Big Bang en retrogradación <==> (link-reveal:"Un afortunado estruendo desvía la atención de los presentes.")[ <audio autoplay id="estruendo"> <source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/gran_explosion_1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("estruendo"); audio.volume = 0.05; </script> <img src="https://media2.giphy.com/media/3ojq39yZKOic9pqU0Z/giphy.gif?cid=ecf05e47cbdbf9c083bccedc3a51ce438f49884d8f366c53&rid=giphy.gif" width=100%> Ya había experimentado esta sensación, este mundo sin nadie que de pronto me envuelve. Un estruendo y luego, la nada. Como un Big Bang en retrogradación, toda la vida desde ahora hacia atrás, hasta la gran explosión. No la del nacimiento. Uno ya nace con historia, con deseo ajeno, con un “¿cómo será?” que alguien aventura, con un parecido inventado, forzado o verdadero. Hubo otras explosiones antes de esa. Hablo de la explosión antes de Adán quitándose el primer barro de los ojos, de la explosión del aire en los pulmones del primer pez que se aventuró a la tierra. Hablo de la ekpirosis definitiva que se lleva consigo hasta la luz. Luego la nada. La nada y yo. Solo. Desnudo con mis terrores más primarios; temiendo que, de algún lugar, los centellantes ojos de una fiera salvaje se abalancen sobre mi cuerpo inmovilizado por el horror. Desnudo. Solo. Niño. Si tan sólo tuviese el coraje de Camaxtli, o la lanza y el temple de San Jorge, o nomás el estoicismo de mi querida Lupe para afrontar las pruebas que la vida le puso por delante. Pienso. Racionalizo. ¿Qué pudo haber sido? No puedo pensar más que en el miedo. Agudizo los oídos aún aturdidos por el estruendo intentando vanamente oír el primer paso, el salto, el jadeo antes de la dentellada final. Siento un fuego y una presión en el pecho. Noto que estoy conteniendo la respiración. Hago un primer intento por retomar el control de mi cuerpo. Fracaso. Intento otra vez. Recién ahora percibo que mis párpados están apretados, como mis puños y mis labios. Puedo sentir la sangre enloquecida en el tórax, la manada de toros que es mi corazón tratando de [[escaparse->Un Big Bang en retrogradación2]].]<==> Con sobrehumano esfuerzo abro lentamente los ojos. Esperaba el golpe de la luz y, en cambio, debo adaptarme a la oscuridad del recinto, que es el mismo pero vacío. Delante de mí la puerta cerrada, a mis espaldas el desenfreno pre-surrealista del Bosco y su gentío desnudo y silencioso. Han desaparecido la Venus apócrifa de los horóscopos y su partenaire saqueador de bandejas, como también los japoneses, sus ronroneos guturales y los chasquidos de sus cámaras. Han desaparecido las corcheas electrónicas que me invitaban a la danza del egúngún abisal. La poca luz de emergencia me ayuda a descartar la presencia de felinos hambrientos. ¡No puedo ser tan pinche mamón! ¿Cómo se me ocurre que puede haber una fiera salvaje en un museo? De todos modos, ¿en qué momento se marchó la gente? ¿Estaban aquí de verdad? Agudizo los oídos y me parece percibir un rumor de gente que viene de algún lugar del interior del museo. Venzo la rigidez de mis piernas y me decido a caminar por los corredores ya oscuros, ya silenciosos, luego de verificar que la puerta principal, el único objeto de mi esperanza, está cerrada. En el extremo opuesto del corredor más lejano me parece ver un resplandor tenue pero mayor que el que dan las lucecitas de seguridad en lo alto de las paredes. Mientras camino percibo los ojos de los cuadros que me observan desde otros tiempos. Me confieso que las sombras que proyectan las esculturas aterran, pero ya he vencido el primer miedo y eso me llena de orgullo. Siento que crezco dos centímetros con cada paso. Un rumor de voces me hace apurar el paso. La soledad ahora me atenaza igual que antes lo hacían los cuerpos. Yo, que hasta hace un rato buscaba huir del amontonamiento, me veo buscando alguna señal que me permita el contacto humano. De pronto: una explosión. Me paralizo de nuevo. Otra vez los sudores, otra vez el niño tembloroso de Altamira. ¿Qué refracta adentro mío ese disparo? ¿Por qué me paraliza? No me dejaré vencer de nuevo. Avanzo hacia la luz. El murmullo crece a cada paso mío, que es cada vez más breve y menos decidido. Otra explosión. Luego gritos y carcajadas. De repente vienen a mi imaginación un aquelarre, un Walpurgis sangriento con altares rebosantes de vírgenes descuartizadas, el infierno del Bosco, Malinalxóchitl devorando corazones humanos a su paso. <img src="https://fotos.subefotos.com/389afcc549adb39d7ebf1f6cb0955d85o.jpg" width=100%> –Soy San Jorge ¡voy a vencer! Otra explosión, ahora la percibo un poco más aguda. No importa. Sigo avanzando. Veo una puerta apenas entornada de donde ahora, evidentemente, vienen las voces y los ruidos. La abro lo suficiente como para asomarme y los veo: Sus copas rebosantes de champaña, el jugo que chorrea de las empanadas, la luz que encandila todo menos las risas y festejos cada vez que el camarero destapa una nueva botella. =><= ##[[>>->Interrogatorio]]##Interrogatorio <==> – A ver, esto es simple: vos me contestás lo que yo te pregunto y capaz que hasta te dejo ir. ¿Me entendés, chiquitín? El oficial a cargo de la seguridad del museo dice esto mientras apoya los nudillos de ambas manos sobre la mesa delante de la cual se halla Eustaquio cabizbajo y en silencio. Un brillo en los ojos de este último hace creer que está por romper en llanto. – ¿A qué se dedica? – Soy Licenciado en Música graduado en la Universidad Autónoma de Chihuahua. El oficial se ríe estrepitosamente y golpea la mesa mientras lo hace para darle más fuerza a su burla. Toma aire para agregar. – Chihuahua… debés cantar como un perro –se sigue riendo. Finalmente recobra la compostura y la seriedad–. No me interesa saber con qué te la das de piola con alguna turrita mexicana de cejas juntas, quiero saber cómo ganás plata. – Doy clases particulares de guitarra o piano, a veces también… –Eustaquio baja la mirada y siente un calor abrasador subiendo por su cara, no sabe por qué lo avergüenza tanto su otro trabajo–. A veces también soy segunda guitarra en un conjunto de mariachis –espera de nuevo la risotada, la burla, pero el oficial se queda serio. – ¿Vos me querés hacer creer que un mariachi de mierda se puede dar el gusto de andar paseando por el mundo? – Sí, lo que usted diga señor policía –dice con un hilo de voz y sin alzar la cabeza. – ¡Mirame cuando te hablo, carajo! –espeta el oficial y alza la mano derecha como si fuese a darle una bofetada. Eustaquio no dice nada pero aprieta los labios y siente la sangre inflamar cada vaso de la cara. El corazón le late en las sienes pero, por algún motivo, no puede levantar la mirada. – ¡Che, Gutiérrez! ¡Parece que bigotito no nos quiere contar nada! ¿Qué le hacemos acá a los que no quieren hablar? –pregunta el policía a diez centímetros del rostro de Eustaquio, pero dirigiéndose a alguien (tal vez imaginario) detrás de la puerta de latón despintada y con algunas perforaciones de óxido de la pequeña sala de monitoreo. – Pos es que usted no me ha preguntado nada, don policía… – ¡Vos a mí me respetás, enano de mierda! – Yo lo resp… – ¡Callate cuando estoy hablando yo! – Pero ust… – Ah ¿sos guapito? ¡Che, Gutiérrez! ¡Parece que el chavo del ocho es guapito! ¿Vos sabés qué le hacemos acá a los guapitos como vos? – ¿Esa es una pregunta? –por primera vez Eustaquio levanta la mirada y tras las lágrimas incipientes pareciera asomar un sentimiento de ira que se enciende, lejos, adentro de las pupilas. – ¡Callate, mierda! ¡Vos hablás cuando yo te digo que hablés! El oficial se da cuenta de que quizás está yendo demasiado lejos. Al fin y al cabo, aún no está claro de qué se lo acusa, salvo de ser mexicano o tener mal gusto para las hebillas. Tiene miedo de que, si sigue gritando e increpando, Eustaquio se vuelva tan pequeño que desaparezca del cuartito. Ahora, siendo un poco más amable… – ¿Dónde estabas cuando se escuchó la explosión? –hace un ademán con la mano como invitándolo a responder explayándose. – ¿Explosión? – ¡¡¡La concha de tu hermana, gnomo de jardín!!! Yo pregunto, vos respondés, ¿tan difícil es? El oficial tiene un claro problema de control de la ira. Eustaquio asiente con la cabeza. De pronto, siente que no cabe en su ropa, que le asfixia. Las esposas se le clavan en las muñecas y siente la hinchazón de sus dedos y los imagina morados. Mira a espaldas del oficial, los monitores de vigilancia en blanco y negro muestran mucha gente entrando y saliendo, policías, médicos, ¿bomberos? Le gustaría ver el video de su andar por el museo, pero hay una barrera difusa entre lo real y lo imposible, ¿estaría en ese video la muerte? ¿La bestia salvaje? ¿Él desnudo en un museo vacío? <img src="https://fotos.subefotos.com/9f7c92d3fb5e539b09e747be94e9676co.gif" width=100%> Lo aterra la idea de que ese hombresote rústico y violento lo podría haber visto corriendo desnudo y sus argumentos caerían como cayó su ropa, en la incredulidad total. ¿Los japoneses, la rusa de cabello invasivo? ¿Los gigantes latosos? ¡¡Eso es!! Eso podría ser real. Como una avalancha salen las palabras: – Al momento del estruendo estaba con una pareja, dos personas muy altas pero livianas, hablábamos de signos del zodíaco, yo dije arroba, como una humorada, ahorita mismo deberían estar acá, ellos descorchaban champán, yo estaba confundido, el disparo podría haberse metido, escondido, entre los descorches y por eso nunca supimos… ándale, pregúntele a ellos, le di… – ¡Bueno bueno bueno!!! O no hablás o te largás la historia más ridícula que escuché en mi vida. Arroba ni siquiera es un signo, y nadie toma champán en mi museo, imagínate, un corchazo destruyendo el Jardín de las delicias pieza a pieza. No me tomés por pelotudo, chicharito. El oficial se echa para atrás en su sillón con rueditas y Eustaquio parece cada vez más pequeño en la fría silla de lata. – ¿Qué te pasa? ¿Ahora de nuevo no decís nada? – Pinche cabrón… –dice muy entre dientes. – ¿Qué dijiste? Repetilo más fuerte que no se te entiende una mierda, Cantinflas… – Nada, oficial. – Así que no querés hablar ¿eh? ¿Vos sabés que yo tengo un remedio para los muditos como vos? – No, no sab… – ¡Callate, carajo! ¿No entendés cuando te digo que te callés? ¡Che, Gutiérrez! Traeme la vacuna para los muditos que acá tenemos uno que parece que le comió la lengua Speedy González –se ríe con una sonora carcajada de su propio chiste. – Disculpe usted, don oficial, yo le voy a explicar. Resulta que… – ¿Sabés qué, enano del orto? Me tenés los huevos al plato. ¡Gutiérrez! Llevame al chavo al cotolengo que se armó en la salita de espera así le refrescan la memoria un poco, ponelo al lado de la rusa cagada. Después vení a cebarme unos mates que en un rato empieza el partido –tras resoplar como un búfalo, añade–. ¡Qué laburo de mierda, por dio…! Da una vuelta de 180 grados con su silla, sin siquiera mirar si Gutiérrez se llevó al sospechoso. Entre medio de los monitores, prende un pequeño tv de catorce pulgadas que sintoniza con dificultad. – ¡Vamo México! A ver si dejan afuera a estos brazucas del [[orto->Interrogatorio2]].<==> La rusa está dibujando un árbol en la pared de la sala con la mierda que le queda en sus manos. <img src="https://fotos.subefotos.com/2063f5f101bf2488adb972e7b54858c9o.jpg" width=100%> La puerta se abre y entra Eustaquio a tropezones, empujado por un policía. Se estampa en la pared donde ella dibujaba. – ¡Nooo! –grita ofuscada. Una parte del dibujo se queda impregnado en Eustaquio. El árbol queda sin alguna de sus partes. Lo ayuda a recomponerse del golpe y le pregunta su nombre. Cuando él se lo dice ella lo mira con asombro y deletrea: – Eus–ta–quio. – Sí, Eustaquio. – No lo puedo creer –saca su celular y le toma una foto. Eustaquio mira extrañado y, a la vez, asqueado de la caca que se le impregnó. La loca de cabello implacable agarra su mano, se lleva el pulgar a su boca, lo mira con ternura y lo muerde con tal fuerza que le sale un chorro de sangre. Lame su sangre y entra en un estado de trance. Eustaquio se aparta aterrado y gritando. – ¡Pinche loca! ¡Aléjate de mí, güey! – ¡Perdón Eustaquio, lo tenía que hacer! – ¿Por qué me pasa esto a mí, virgencita? –dice Eustaquio mirando hacia arriba, agachado en un rincón. – El hombre más pequeño del Museo le dará su vientre a la aplicación, eso dijo chamán. Tal vez seas un descendiente lejano de los apareamientos entre los denisovanos y los neandertales, es probable. Los estuvimos buscando, los denisovanos garchaban con todes les otres especies. ¿En tu familia hubo incestos? – ¿Cómo sabes eso, cabrona? –Eustaquio pasa de la incredulidad a una repentina angustia. – No hay una razón, hay muchas… – ¿Múltiples razones? – Siempre hay más de una razón, ¿no? Esta aplicación abrirá las puertas de la percepción, llevo información multidimensional. La puerta se abre con violencia. =><= ##[[>>->In hora mortis]]##In hora mortis <==> El segundo estallido no me espanta. Algo en mí lo anticipa. Más aún, es casi como si mi cuerpecito estuviese en el centro de aquella irradiación que por momentos se lo lleva todo: la luz, las voces circundantes, las salas de este museo que ya parece el mismito purgatorio en vida… Vamos, Eustaquio, pero qué tonterías dices. La rusa del peinado hiperbólico ya no está en la sala de espera cuando doy la vuelta, apenas queda la marca de su dentadura en mi pulgar derecho como constatación de su intermitencia. Ni siquiera pude preguntarle por el doctor, cuya existencia me parece a cada instante más tramposa. De no ser por la inconmovible imagen de mi Lupita... ¿Qué fueron esas locuras que pronunció la rusa sobre los denisovanos? ¿Me habrá visto correr desnudo a merced del temible jaguar? <img src="https://fotos.subefotos.com/78a7a9423e4c78b0ad193f8805499604o.gif" width=100%> Tomo la puerta que conduce al pasillo. Un resplandor del que sólo llega la sospecha me guía por aquel laberinto en el que a cada paso me siento más Minotauro. Aquella performance callejera ha resultado premonitoria. Ruega por nosotros, pecadores. Entre dientes repito el salmo. //Ave María, gratia plena, Dominustecum.// De a poco dejo de mirar. //Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructusventris tui, Iesus.// De a poco dejo de sentir. //Sancta María, Mater Dei, ora pro nobispeccatoribus.// De a poco dejo de pensar. //Nunc et in hora mortis nostræ.// Soy apenas un cuerpo que avanza, soy menos que un cuerpo que avanza. Soy un ritmo, una fluctuación en el movimiento perpetuo del Señor. No temas, Eustaquio, hay un patrón ya delineado. En un principio todo es blanco y es en esa blancura que se delinean las dos siluetas, primero, y, poco después, las sillas, los mosaicos, el cuadro con el punto rojo, ese zumbido residual que nos recuerda que nos habita un bullicio inextinguible. La sala es una cámara de eco en la que los pensamientos reverberan, se hacen sentir hasta en los huesos. – Disculpen, ¿han visto ustedes al doctor Pietraculpa? –no sé si digo o pienso. No hay respuesta. El japonés mira de reojo, no precisamente a mí, mientras frota sus lentes con un pañuelo. La niña lo mira con fijeza y le dice algo que no llego a escuchar. Me alejo de ellos. Señor, ¿qué lugar es este? Un tercer cuerpo me derriba como si se tratara de la Vox Dei ofreciendo una respuesta a mis plegarias. Pero no es eso sino la rusa loca que corría con una bandeja de quesos y con cuyas extremidades ahorita mismo estoy entrelazado como mosca entre los pétalos de la pinguicula. El japonés y la niña se vuelven y me miran por primera vez. Cabrones. Separo mi cuerpo del cuerpo de la rusa y me resguardo de todos estos gringos que por latinoamericano y por pobre me tratan como a una pinche escoria insignificante. Ya no me queda siquiera la intención de dar con el supuesto médico. ¿Qué sabrá la dulce Lupita de los tormentos a los que su mandato me empujó? Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores. Una cuarta silueta se acerca por el pasillo apoyándose en un bastón. Ruego al señor que se trate del doctor Pietraculpa, que termine por fin este horrendo sueño febril. Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ##[[>>->El oveja]]<==> ##El Oveja Mi nombre es Oscar Fuente pero Nicanor Pietraculpa, más conocido como el Argentino, me apodó El (link-reveal: "Oveja,")[ ¡argentino de mierda! Decía que yo intimido con las (link-reveal: "ovejas.")[ ¡Eso es mentira! Soy un peón de campo pero no soy un pervertido. Ese argentino era un mal bicho… pufff… mentiroso como él solo, ladrón, tramposo y pervertido, seguro que él hacía cosas con las pobres (link-reveal: "ovejitas")[ y después me echaba la culpa a mí. Yo soy un trabajador honrado ¿me entiende? Esa noche, como mi patrón no estaba, me vine al casco de la estancia, era pleno invierno, afuera el viento soplaba enfurecido, si te descuidabas te llevaba hasta el alma, y un frío… pufff… de ese que te congela hasta el tuétano de los huesos. Cuando mi patrón se iba a hacer negocios a la capital me dejaba al cuidado de su casa. Cerca de la medianoche fui a la cocina, estaba agotado de trabajar todo el día y tenía hambre. En la radio sonaba un tema de Rubén Patagonia, mientras lo escuchaba me puse a calentar una leche para no irme a dormir con el estómago vacío. En el living estaba el argentino con el mecánico de mi patrón, el Chucha Blanca, otro malandra, pero tengo que reconocer que era un mecánico excelente, un verdadero genio, reparaba cualquier cosa con motor, lo que se le ocurra, desde un ventilador hasta un helicóptero. En el pueblo se corría la bola de que había reparado una nave espacial que se había caído cerca de la estancia La Leona; eso yo nunca lo creí, para creer tengo que ver y yo jamás vi una nave espacial.¿Qué cómo defino al Chucha? Es una pregunta compleja… digamos que el Chucha era una máquina compleja, una fuente de energía inagotable que se alimentaba del tiempo y de los sentimientos, eso no lo digo yo. Es difícil definir el costado humano del Chucha, pero no era un mal bicho como el argentino ¿Me entiende? La gente del pueblo no lo entendía al Chucha. Se oían muchos rumores de él. Vio cómo son los pueblos chicos, pueblo chico infierno grande como dicen. El Chucha tenía una hermana, la Rocío. En el pueblo a la Rocío le decían la Foca, la pobrecita nació deforme, sus extremidades posteriores parecían las aletas de una foca, del animalito, ¿me sigue? Pero de cara era muy bonita ¡muy bonita! Parecía hecha por la mano de un artista, tenía el cabello suave como (link-reveal: "una merino")[ ¿Por qué me mira así? No se confunda, yo no soy un pervertido, nunca estuve con La Foca…pufff (link-reveal: "Cómo me fastidia que me miren de la manera que usted me está mirando. ")[ ¿Qué se cree, que por estar allá arriba usted es superior a mí? Poco me importa porque usted para mí no es humano.Yo siempre fui honrado, trabajador y humano, hoy por hoy no tengo nada que perder, lo poco que tuve ya me lo han quitado…pufff… soy de otro tiempo, todos éramos de otro tiempo. Mi compadre era de otro tiempo, que en paz descanse. Mi compadre lo odiaba al Chucha, tuvieron un problema de polleras. Mi compadre era portuario y estaba involucrado con los desembarcos del nazismo en Puerto Madryn. Una noche en la que nos metíamos un pisco atrás de otro entre pecho y espalda, mi compadre me contó algo que nunca le creí, según él, el Chucha había negociado con los nazis las células de la médula ósea de la Rocío por un motor U–bot de un submarino alemán de la primera guerra mundial. Mi compadre siempre contaba cosas disparatadas sobre el Chucha.Al Chucha solo le importaban los motores, la Rocío y su perra Noruega. ¿Que para qué los nazis querían las células de la hermana del Chucha? Eso mi compadre nunca me lo supo responder; tampoco me supo responder para qué el Chucha quería el motor de ese submarino. Como ya le dije, mi compadre lo odiaba al Chucha, creo que más que odio lo que le tenía era envidia, y la envidia es un sentimiento mucho más corrosivo que el odio, como decía mi madre. Es verdad que el Chucha se pasó una parte de su vida metido debajo de la fosa arreglando motores y la otra parte se la pasó metiéndose en todos los temas turbios que uno se pueda imaginar, pero de ahí a negociar la células de la médula ósea de su hermana…pufff… Mejor volvamos a la noche en la que estaba calentando la leche para irme a dormir. En la radio sonaban canciones de Rubén Patagonia, cuando terminaba una canción, pasaban un cuento de Luis Landriscina; pese al bullicio que venía del living yo estaba tranquilo, relajado, disfrutando mi momento, ¿se entiende? Hasta que se abrió la puerta de la cocina de una patada y entró el argentino y el Chucha, pude visualizar que detrás de las espaldas de ambos me estaban mirando tres putas tristes. A la única que reconocí fue a la Ovocito, una puta vieja y gastada, a las otras dos putas no las conocía, se ve que eran nuevitas en el ambiente, parecían jujeñas por la tonada. Ovocito me guiñó un ojo mientras fumaba y bebía de la botella de whisky de mi patrón. Todos estaban muy subidos de tono por el alcohol y por ese polvito blanco que inhalaban, usted me entiende. En una de esas, el argentino empezó a ponerse cargoso con mi persona: inventaba cosas, decía que yo me culeaba a las (link-reveal: "ovejas ")[y que iba a traer una para que se lo demuestre, ¡quería que intimide con una (link-reveal: "ovejita ")[en frente de todos! Ese tipo estaba loco, era un degenerado. Yo no decía nada, seguía calentando la leche. El programa de la radio había terminado, yo lo único que quería hacer era tomarme la leche e irme a dormir. En un momento dado el argentino salió de la casa y volvió con (link-reveal: "un borrego")[ en los brazos. Las putas se reían y el Chucha Blanca lo alentaba. El argentino entró con (link-reveal: "el borrego")[ a la cocina y lo puso encima de la mesa en la que yo me iba a tomar la leche. (link-reveal: "El borreguito")[ temblaba del susto y se cagó encima del mantel. Todos se reían a carcajadas. –(link-reveal: "Oveja ")[¡Culiate a esta (link-reveal: "ovejita ")[así nosotros miramos! Dale, no te hagas el boludo (link-reveal: "Oveja,")[ si todos sabemos que a vos te gusta culiarte (link-reveal: "ovejitas ")[–dijo el argentino, zamarreando al pobre animalito. –No sé de lo que me habla señor. Deje de molestarme. –No seas aguafiesta, (link-reveal: "Oveja,")[ culiate a la (link-reveal: "ovejita ")[que a la Ovocito le calienta. ¿O no Ovocito? –¡A mí me calienta todo papi! –dijo la puta y besó la botella de whisky de mi patrón. –¡Culiate a la (link-reveal: "ovejita")[, (link-reveal: "Oveja!")[–sentenció el argentino. Vi que la leche estaba hirviendo, busqué un trapo, agarré el jarro y se lo tiré en la jeta al argentino. No soy violento, pero todos tenemos un límite, usted me entiende…pufff… cómo chillaba. No me olvido más, de un solo movimiento le quité todo lo guapo y, entre nosotros, el argentino no se esperaba mi reacción. Ni yo me la esperaba, pero como ya le dije, todo tiene un límite. –¡Te voy a matar chilote hijo de puta!–gritó el argentino sosteniéndose con las dos manos el lado izquierdo de la cara y el cuello. Ovocito parecía disfrutar la situación pero las putas jujeñas no, se abrazaron nerviosas, temblaban como el (link-reveal: "borreguito")[. El Chucha Blanca se puso entre el argentino y yo. El argentino se sostenía con una mano la quemadura y con la otra tiraba piñas de nenita para todos lados. –Andá a acostarte a tu rancho, (link-reveal: "Oveja")[– me dijo el Chucha –No, señor, hoy por orden del patrón duermo acá en la casa, en la piecita de huéspedes–. Me fui a la piecita y me encerré con llave. Esa noche no pude dormir por el hambre que tenía, pero me sentía bien porque había tenido el coraje suficiente como para poner en su lugar a ese argentino de mierda. Me pasé más de la mitad de la noche mirando por la ventana en dirección a mi ranchito, observando cómo el viento enganchaba bolsas, papeles y envases de plástico en el alambre de púas que lo cercaba. <==> ##[[>>->Correo I]] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>]<audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>]<audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>]<audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] <audio autoplay id="oveja"> <source src="https://sonidosdeanimales.net/sonidos/ov1.mp3" type="audio/mpeg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("oveja"); audio.volume = 0.5; </script>] ##Correo I <==> <img src="https://fotos.subefotos.com/3f3708daab0bd1a6d8fefd4d01bd606ao.jpg" width=100%> <img src="https://fotos.subefotos.com/45ea41d4a4b6d419e036d5cf073d6464o.jpg" width=100%> =><= ##[[>>->Ensalada rusa]] ##Ensalada rusa (link-reveal:"¿Quién me dijo que pasara por esta ciudad?")[ (link-reveal:"¿Fue Alberto...")[(link-reveal:" o la cubana?")[ (link-reveal:"¡Ah! No, fue chamán en el Paraguay!")[ Estoy en el Museo, afuera está el parque al lado del río. La ciudad tiene un algo melancólico que me recuerda a Kazajstán, salvo por el clima, uf, ¡mucho calor! Me pregunto si habrá tantas cerezas aquí también, me pareció ver algunas por el suelo, (link-reveal:"o tal vez las imaginé...")[ (link-reveal:"¿O serán esas del cuadro que me confunden?")[ Qué manera de ladrar esos perros ahí afuera. Uy! Esa es Liv, (link-reveal:"¿qué hace arriba de ese árbol?")[ (link-reveal:"¿Está loca?")[ (link-reveal:"¿Me hace señas?")[ La gente que pasa no la mira, ni se inmuta. (link-reveal:"¿Estaré alucinando?")[ No sé qué hago mirando la ventana, es que me parece más interesante que esta reproducción del Jardín de las delicias, que es una chota, como dicen acá. <img src="https://fotos.subefotos.com/440d39bbad870d9942d4a032bc337bdeo.gif" width=100%> (link-reveal:"¿Son cerezas las del cuadro?")[ (link-reveal:"¿Acaso la cereza no es la fruta del placer?")[ (link-reveal:"¿O del deseo?")[ Y hay muchas, eh, (link-reveal:"¿o son frutillas?")[ Mmm no, son cerezas. Pero la tentación de Adán y Eva era una manzana... Este museo es una chantada sudaca, (link-reveal:"¿por qué reproducen al Bosco?")[ No me gustan esos hombres de la esquina que me están mirando raro, (link-reveal:"mejor me meto entre ese grupo de turistas.")[ Uy, creo que me cayó mal el chipá, necesito ir al baño. Desde que llegué a la Argentina tengo esta diarrea molesta, ¿habrá sido ese vodka de aquí? (link-reveal:"Era un asco, una chota, jajaja.")[ Bueno parece que pasa la tormenta estomacal, (link-reveal:"de momento me la aguanto...")[ Es extraño; de repente se vació el lugar y no se escucha a nadie. (link-reveal:"Afuera tampoco parece haber nadie.")[ ¿Y los turistas? (link-reveal:"¿Dónde fueron?")[ Qué rara me siento hoy, como si viviera una realidad paralela por momentos <audio autoplay><source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/ladridos_de_boxer.mp3"></audio> (link-reveal:"¿Perros?")[ Escucho perros como si estuvieran dentro del museo, (link-reveal:"¿cómo puede ser?")[ Eooo, grito y nadie me escucha, (link-reveal:"¿qué pasa acá?") [ Acabo de escupir el cuadro, jaja, (link-reveal:"¡qué chota!")[ Ahora quisiera abrir la ventana y salir volando, eso soñé estos días: que volaba, y era muy real, cada vez estoy pudiendo más dirigir mis sueños, los estoy controlando, y (link-reveal:"un día podré salir volando directo a la realidad...")[ ¿Pero... [[por qué chamán me dijo que mi karma se disolverá en esta ciudad?->Animal]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]] ##Animal Debería haber tomado el ascensor, aunque no sé, me daba miedo, estoy cada vez más rara. (link-reveal:"¿Cuántos pisos eran?")[ Lo bueno de las escaleras es que tiene unas amplias ventanas. (link-reveal:"La vista al río es bonita desde aquí.")[ <img src="https://fotos.subefotos.com/b21d3885d4994910b331f08f290d7471o.gif" width=100%> Me pareció ver algo extraño por la ventana. Creí ver un hombre cayendo. Me viene el recuerdo de Liv arriba del árbol. No sé por qué. Me apuro. (link-reveal:"Bajo rápido.")[ Llego a planta baja. A través de un vidrio oscuro veo caer otro hombre, esta vez sí, se estrella en el suelo dando un golpe seco, viste de traje. (link-reveal:"Estoy congelada de miedo.")[ (link-reveal:"Miro alrededor.")[ (link-reveal:"No hay nadie.")[ Solo veo una puerta, que supongo dará al hall del museo. Vuelvo a mirar por la ventana. (link-reveal:"Veo que el hombre se mueve.")[ Entonces me mira y me pregunta desde el suelo: – (link-reveal:"¿En qué animal te gustaría reencarnar?")[ <audio autoplay><source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/ladridos_de_boxer.mp3"></audio> Me atraviesa por un instante aquella Epifanía en el Chaco paraguayo. ¿Qué quiso decir? ¿En qué animal? Detesto los animales. Sobre todo a ese perro que no para de ladrar. Aunque algo en ese animal me resulta conocido de toda la vida, como en este hombre que me mira desde el suelo. (link-reveal:"Parecen el mismo ente. Animal y Ser humano.")[ Me pregunto si aquella mujer que vi hace unos días tirándose del balcón habrá sido una casualidad. Últimamente he estado presente en varios suicidios otra vez. Se repite como un patrón. =><= ##[[>>->Asshole]] ]]]]]]]]] ##Asshole – ¿En qué animal te gustaría reencarnar? – ¡Odio los animales! Él intenta abrir la puerta hacia afuera y, del otro lado, ella hace fuerza hacia dentro. La puerta no se abre. Xesca todavía nerviosa por (link-reveal:"la visión del hombre cayendo desde arriba.")[ El hombre que está intentando entrar tiene el mismo rostro del que cayó desde lo alto minutos antes pero no tiene ni un rasguño. Se enoja porque Xesca sigue insistiendo en abrir la puerta para el lado equivocado. – What the fuck do you do, missis? – Ponele una luciérnaga, ¿sí? Ahora dejame salir –dice ella. – Please stop! Don’t touch the door. Xesca se queda quieta un instante y el hombre abre la puerta violentamente. (link-reveal:"Ella cae al suelo.")[ – Fucking yanqui de mierda –le grita. – Oh sorry, but... you are crazy. I just try to open the door. – No hablo inglés yanqui chota! – Nouentiendou –dice el americano– But … are you argentine or what? I think I know you… Xesca se lo queda mirando, le resulta familiar. Es el novio de Liv. La chica noruega del hostal que estudia circo con quien se había emborrachado tomando (link-reveal:"ese horrible vodka argento y se besaron.")[ – Andaba necesitada de cariño, nada más… –le dice Xesca. El yanqui se la queda mirando confundido. – Yanqui! You are an asshole! Xesca lanza una sonora carcajada, siempre había querido decir esa palabra que le resulta tan graciosa. (link-reveal:"El americano la mira de arriba a abajo, sobrador.")[ – Ah! I know who you are! – Entonces no te hagás el yanqui, bo–lu–do. (link-reveal:"¿Qué hacés acá?")[ – Callate rusita que me van a descubrir. ##[[>>->El autoengaño]] ]]]]] ##El autoengaño parece ser la única manera de sobrevivir Sigo perdida en el museo, es más grande de lo que parecía, salas que conducen a otras en un sinfín de puertas y escaleras a las que no le encuentro el sentido. (link-reveal:"Me siento dentro de un cuadro de Escher.")[ <img src="https://i.giphy.com/media/2FMZ918Q5JX8Y/giphy.webp" width=100%> (link-reveal:"Definitivamente me perdí.")[ El yanqui se esfumó como alma que se llevó el diablo Escucho un grito lejano, (link-reveal:"pero...")[(link-reveal:"¿qué está pasando?")[(link-reveal:" Estoy paralizada.")[ Necesito una señal, algo que me ayude a decidir (link-reveal:"para dónde ir.")[ Escucho una especie de estruendo que no sé (link-reveal:"de dónde viene.")[ <audio autoplay id="estruendo"> <source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/gran_explosion_1.mp3" type="audio/mpeg"></audio><script> var audio =document.getElementById("estruendo"); audio.volume = 0.05;</script> <img src="https://media2.giphy.com/media/TgHCAjNxHKdZC/giphy.gif?cid=ecf05e479481591555f6f7b0a8affc7e8ef2f2f0123a9baf&rid=giphy.gif" width=100%> Siento que el edificio se mueve levemente pero aquí no hay terremotos, me digo. (link-reveal:"¿Será mi imaginación que me juega una mala pasada otra vez...?")[ Vuelvo a moverme rápido, (link-reveal:"corro por las salas buscando una salida.")[ (link-reveal:"Encuentro una ventana pero está cerrada.")[(link-reveal:" Afuera veo juntarse un grupo de gente que mira hacia arriba.")[ Hago señas intentando que alguien me vea y (link-reveal:"entonces veo pasar, caer, a una persona.") [(link-reveal:" Otra vez un suicidio, ¡no puede ser!")[ (link-reveal:"Abajo la gente grita.")[ (link-reveal:"La sala donde estoy se queda a oscuras.")[ (link-reveal:"Veo un fuego reflejado en el río,")[ (link-reveal:"Veo la luna asomar en el horizonte,")[ (link-reveal:"Veo otros cuerpos que caen, en masa,")[ (link-reveal:"Veo el reflejo del fuego que entra al lugar donde estoy.")[ (link-reveal:"Veo mi rostro reflejado en el vidrio de la ventana.")[ (link-reveal:"Me veo salir volando.")[ No, no es el momento, me digo y vuelvo a correr por los salones (link-reveal:"oscuros y vacíos del museo.")[ (link-reveal:"Entonces el agua chorrea de los techos.")[ Me conmuevo, me desespero pensando en las personas que caen. [[Pero a otra parte de mí no le importa nada...->El autoengaño 2]] ]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]] Al entrar a un nuevo salón igual al anterior, me encuentro de frente con una gran llama iluminando el lugar. (link-reveal:"El fuego parece formar una cara que me mira.")[ <img src="https://i.giphy.com/media/mjORAqVKYtW7e/giphy.webp" width=100%> (link-reveal:"Soy yo")[ (link-reveal:"Se me congela la nariz.")[ (link-reveal:"Una niebla espesa en los intersticios de mi corazón.")[ (link-reveal:"Un monstruo frío, que no me deja ser...")[ (link-reveal:"Ya sé que está aquí")[ Me tiene que doler ##[[>>->Nacionalidad rusa]] ]]]]]] ##Nacionalidad rusa, Rosario <==> La oficial Mariana Carlos hubiese preferido aprovechar el feriado del lunes en actividades que no necesariamente implicaran la resolución de un misterio, pero, como alguna vez cantaron los Rolling Stones, no siempre puedes tener lo que deseas. Los sospechosos habían sido repartidos en distintos sectores del museo para un primer interrogatorio de rutina, antes de ser llevados a la comisaría. En la repartición, a la oficial Carlos le había tocado la rusa que estaba sentada cerca de un cuadro del Bosco, con las dos piernas recogidas sobre la silla. Era esbelta, llevaba el pelo atado en una trenza y ropa deportiva. El buzo blanco estaba manchado en los codos de un polvo color ladrillo. En la mejilla izquierda tenía una mancha: una línea negra, como de tinta china. Richi la estaba esperando. Sobre una mesa roja de plástico había desplegado su elaborado equipo para el registro testimonial, que consistía en una vieja notebook que cada tanto se apagaba bruscamente debido al recalentamiento. La oficial Carlos inició con las preguntas de rutina: – Sus datos, por favor. Nombre, edad, nacionalidad… – Francesca Milatov, nacionalidad rusa, 29 de febrero de 1985, padre ucraniano y madre rusa de ascendencia italiana, por eso mi nombre –contesta Xesca en un mono–tono sin expresividad. – ¿Cuánto hace que está en el país? – He estado viviendo en Humahuaca, en Jujuy, alrededor de un año, y luego estuve en el Paraguay donde me quedé dos meses. A Rosario llegué hace tres días. ¿Suficiente? – ¿A qué se dedica? – Soy entrenadora de alpinismo, acróbata y escaladora. La oficial Carlos no respondió enseguida porque en su mente apareció por un segundo la traumática imagen de un circo en el que había pasado algunas horas terribles durante su infancia. Francesca vio cómo algo en su testimonio perturbaba la expresión de la oficial y se vio en la necesidad de adelantarse en su defensa: – De ninguna manera he escupido ese cuadro ni he meado en el salón. Los oficiales no parecieron prestarle atención. La oficial Carlos pidió permiso para levantarse y se sirvió café. – En cuanto a las personas que se han suicidado no sé absolutamente nada –dijo Francesca antes de que la oficial Carlos volviera a su asiento. El policía rubio que tomaba notas en su computadora la miró por un segundo y siguió tecleando con la vista fija en la pantalla. Xesca se corrige–. Tal vez no haya sucedido, o tal vez suceda. ¿Ustedes qué piensan? La oficial Carlos llamó al policía rubio, cuyo nombre, al parecer, era Richi, para que se acercara hasta donde ella estaba parada. Allí le dijo algunas cosas en voz baja, que Francesca no llegó a escuchar. – ¿Ha habido suicidios estos últimos días en la ciudad? ¿Puede ser? ¿Tienen constancia de ello? ¿Puede que anoche tarde una señora se haya tirado desde su balcón por el centro? ¿Y anteayer a las cinco de la tarde un joven se arrojó de una terraza cerca del parque independencia? Los oficiales la miraron fijamente, sin hablar. Parecía que la estaban estudiando, como un par de turistas que analizan una obra de arte contemporáneo. Después siguieron susurrándose cosas entre ellos. – Podrían contestarme, ¿no? me miran como a una loca. – Señorita Milatov, nosotros no tenemos permitido… –atinó a decir Richi, pero la oficial Carlos le hizo una seña para que dejara de hablar. Los dos policías volvieron a sus asientos con cuatro vasos de café, uno en cada mano de cada uno. – Okey déjenme ir, no me tomé la pastilla, jaja. Los oficiales no respondieron. Se miraban uno al otro. La oficial Carlos tomó un sorbo largo de café. Cuando retiró el vaso de delante de su cara, Francesca vio un poco asqueada cómo un filamento de color azul intenso colgaba de uno de los orificios de la nariz de la policía. Medía casi un centímetro y, de haber podido palpar su consistencia, hubiese podido determinar que era pegajoso como un moco. [[Un moco de color azul->Nacionalidad rusa2]]. <==> – Me incomoda la cara con que me miran, señores. – Noto que sus pupilas están... –atinó a decir la oficial Carlos. – Están llenos de prejuicios, además de babosos –la interrumpió Francesca imitando a Homero Simpson. – Calmate que esto es solamente un interrogatorio de rutina. No se te acusa de nada –le dijo la oficial, que de un momento a otro había decidido tutearla. – No entiendo por qué me retienen, no ha pasado nada entonces, solo anduve corriendo por ahí… – No me respondiste –dijo la oficial, aunque en realidad no estaba segura de qué había preguntado, o de si había preguntado algo. – Está bien... le contesto. ¿Qué cosa? – ¡Nooooooo! –gritó de repente Richi. Las dos mujeres se sobresaltaron. Francesca rió de una forma que sonaba más o menos como “ja-ja-ja”, con una separación entre cada sílaba–. Se me apagó la computadora. La oficial Carlos se puso una mano en la frente y suspiró. Después inspiró con la nariz y el filamento azul desapareció de la vista. Francesca sintió asco y soltó una arcada. La oficial Carlos levantó la cabeza y la miró con cara de cansancio. Hubo un silencio de varios minutos, interrumpido únicamente por el tamborileo de los dedos de Richi sobre la mesita de plástico. Francesca volvió a hablar, sin que hiciera falta que alguno de los dos policías hiciera preguntas. – Estoy parando en un hostal en Pichincha, pero creo que pronto me iré de allí. Vine al país porque… me enamoré... qué estereotipado, ¿no? Jaja. La oficial Carlos empezó a hacer garabatos sobre una de las esquinas del informe. A la declaración de Francesca sólo respondió con un “mmm” desinteresado. – Me gusta quedarme aquí, la gente me resulta muy cálida y afectuosa. En ese momento Francesca sintió un punzante dolor en la panza y muchas ganas de defecar. Intentó pensar en otra cosa y perdió por un pequeñísimo instante la conciencia, apenas se movió y se puso blanca. Tras un nuevo silencio, de cincuenta y tres segundos exactos de duración, la música de violines sintéticos que indica el inicio de Windows fue despedida desde los parlantes de [[la computadora de Richi->Nacionalidad rusa3]]. <==> Francesca siguió hablando. Parecía mantener un diálogo imaginario. – ¿En Paraguay? Ah, estuve en la selva en casas comunitarias… – Perdimos todo –dijo Richi. La oficial Carlos golpeó con el puño en la mesa. Se levantó de la silla y miró con cara de horror a los dos policías, que hasta entonces habían estado atendiendo a la pantalla de la computadora, uno muy cerca del otro. – No, no les voy a permitir que me registren, no tienen derecho, ¿De qué se me acusa? Los policías la miraron con la boca abierta, extrañados. La oficial Carlos mostró las palmas de las manos a Francesca. – Voy a hablar con el consulado de mi país y no les va a gustar nada. – Señorita, tranquilícese. – ¿Y qué importa lo que dije? Soy libre de decir cualquier cosa, ¿No? – Tome asiento y hablamos. Ya le dije que no se le acusa de nada. – ¿Acaso es un delito? – Deme la… – No, no voy a hacer eso que dice… – ...mano para poder… – No le voy a hacer caso a usted… – ...tomarle… – Me quiero ir de acá por favor… – ...las huellas… – Deme de comer al menos. No como desde ayer, haga algo útil. La oficial Carlos, haciendo uso de un acopio de fuerzas que hasta entonces parecía impensado, inmovilizó a Francesca, que no paraba de caminar histriónicamente por el cuarto. Así la devolvió a su asiento. – Ustedes los policías son iguales en todos lados… ¿eh? –dijo Francesca mientras se acariciaba el codo del brazo izquierdo. Richi intentaba contener la risa de una forma muy poco efectiva. – Ese mamerto que me mira, por favor dígale algo. Su panza volvía a crujir. Desde los parlantes de la computadora la voz de una mujer informó: “La base de datos de virus ha sido actualizada”. Paralelamente, la oficial Carlos dijo algo a Francesca, pero Richi sólo pudo escuchar la respuesta: – ¿Que no me puedo ir de la ciudad por el momento? Uff… ja, claro...igual no me voy a ir a ningún lado. ¿Ahora me puedo ir? Gutiérrez, que llevaba un bigote finito, apareció entonces en la habitación y dijo a la oficial Carlos: – Apareció el dedo que buscábamos. – ¿Los dedos? No van a encontrar nada sobre mí. Soy una persona decente –opinó Francesca, sin comprender del todo de qué era que estaban hablando los policías. La oficial Carlos la miró con una expresión de odio y puso los ojos en blanco. El policía de bigote no comprendió y miró a Richi, que seguía riendo de una forma que intentaba ser disimulada. – ¿De qué se ríe? – ¿Fueron a pedir el lector? –preguntó la oficial Carlos al policía de bigote finito. – ¿Pero no tienen un lector digital de huellas dactilares? Ja están bien chotas ustedes… –opinó Francesca. – ¡Bastaaaaaaa! –gritó la oficial Carlos. El policía de bigote finito le puso una mano al hombro. – ¿Estás bien, Mariana? –le preguntó compasivamente. – No se enoje, no se enoje… –dijo Francesca. La oficial Carlos se masajeó el puente de la nariz e intentó respirar con calma. – Pero no se olvide que soy una ciudadana extranjera... La oficial Carlos tomó a Francesca de uno de los brazos y la arrastró hasta la puerta. – Ay me hace mal… Richi ya reía abiertamente, sin querer ocultarlo, y encontraba dificultades para hacer ingresar el aire a sus pulmones. En un momento dio un manotazo y volcó uno de los vasos de café, de los cuales solamente dos habían sido bebidos. – Está bien, yo me calmo pero usted también. – ¿Qué está pasando acá? –preguntó el oficial de bigote finito. – En Jujuy entrenaba en escalamiento. – ¿De verdad? –dijo el oficial con cierto tono de fascinación en su voz. – ¿Qué? Sí, claro que es verdad... trabajaba con turistas, de otros países, para una empresa extranjera. – Bueno, me gustaría saber si usted… – ¿Los papeles que lo acrediten? usted sabe cómo es aquí todo eso… – No, me refería a que me gustaría tomar… – Investigue si quiere. – Nada de eso, quiero decirle que… – En todos lados han pasado cosas señor, aquí en este lugar también, no cree acaso que todo eso no lo percibe usted y lo condiciona... y lo que pasará, ja! El tiempo no existe, solo el espacio infinito y emocional, y usted tiene miedo... por eso actúa así. El oficial de bigote finito quedó emocionado al escuchar las palabras de Francesca y solamente atinó a agradecerle con un suspiro entrecortado. Unos segundos después, él y Richi se besaron apasionadamente sobre la mesa empapada de café. La oficial Carlos la empujó con violencia fuera de la habitación y cerró con un portazo. – ¿Hemos terminado entonces? [[Gracias->Nacionalidad rusa4]]. <==> “(link-reveal:"En realidad traía cocaína desde Bolivia y nos pegábamos unos fiestones...")[(link-reveal:" pero eso es otra historia…")[ No puedo creer como zafé, me recagué, mierda, me acabo de cagar literalmente, (link-reveal:"tengo el intestino destrozado.")[(link-reveal:" Tengo que limpiarme y tengo que comer.")[(link-reveal:" Tengo que pensar qué hacer, tengo que desaparecer”")[, pensó Francesca mientras caminaba por el pasillo. Una mujer policía joven y robusta la tomó del brazo y la llevó por un pasillo, Francesca le pidió encarecidamente ir a un baño, la mujer policía advertida también por el olor la condujo a un baño y le dijo que la esperaría afuera, que todavía no está libre, que tiene que firmar una declaración o algo así. Xesca ya no la escuchaba y se metió en el sucio baño, con un inodoro rebosante de caca ya seca. Xesca tuvo arcadas fuertes y se largó a llorar. Se calmó rápidamente al recordar la situación en la que estaba. Se bajó los pantalones deportivos sin pensarlo, y luego la bombacha que estaba embadurnada en una caca estilo puré. No encontró nada con qué limpiarse, no había papel higiénico y tampoco una canilla de agua. "Qué mierda", se dijo, "sí, justamente..." pensó y largó una carcajada. Se volvió a poner los pantalones y con la bombacha en la mano salió del baño. (link-reveal:"La policía la observó con horror.")[<audio autoplay><source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/orquesta_afinando_antes_de_un_concierto_en_un_teatro.mp3"></audio> En ese momento comenzó a escucharse un tema de Piazzolla y en el pasillo se abrió la puerta de la oficina del oficial Semolina, de donde salió éste bailando tango con una chica que llevaba un casco vikingo. Xesca, poseída por la música, levantó su mano y revoleó su bombacha al grito de Eeeaaahhh, esparciendo la caca por el lugar y sobre las personas. =><= ##[[>>->Visita guiada]] ]]]]]]##Visita guiada (link-reveal:"La mujer policía que me acompaña se desvanece de repente")[, dudo si salgo corriendo o (link-reveal:"me fijo qué le sucede.")[ Entonces las luces se apagan y los policías se desprenden del suelo y ahora (link-reveal:"flotan en el aire")[(link-reveal:", fosforescentes,")[(link-reveal:" y en posición horizontal")[(link-reveal:" se elevan cada vez más.")[ Pienso que esta visión es demasiado lisérgica, que me estoy yendo al carajo cuando (link-reveal:"unas persianas bien negras empiezan a cerrarse en todas las ventanas y puertas del museo.")[ – Eyyyy! –grito– (link-reveal:"¿Qué pasa?")[ Salgo corriendo como una loca hacia la puerta cuya persiana se va cerrando y todavía queda un hueco por donde entra (link-reveal:"un haz de luz.")[ En la corrida me choco con un hombre bajito, al que intento saltar y (link-reveal:"doy una voltereta por sobre él cayendo al suelo.")[ (link-reveal:"Me dice pinche no sé qué")[(link-reveal:", tiene un acento extraño.")[ Ya no se ve absolutamente nada. El hombre bajito me pregunta (link-reveal:"si sigo aquí.")[ (link-reveal:"Escuchamos la voz de una chica que nos dice algo sobre Nietzsche.")[ En la oscuridad se ven fosforescentes las frutas del cuadro del Bosco, que se mueven como teatro negro. (link-reveal:"Las luces se encienden.")[ [[Me encuentro sentada junto a tres personas más.->Visita guiada 2]] ]]]]]]]]]]]]]]] <img src="https://fotos.subefotos.com/f3fbe919dcf17fa8099883b5c5acc376o.jpg" width=100%> A mi lado hay un oriental, junto mis manos y lo saludo agachando la cabeza. Me mira como aterrado, tiene una arcada y se tapa la nariz. Tiene el pelo negro, corte al ras, casi rapado, es bajito, bastante joven. Viste de blanco pero con algo negro por dentro, una remera tal vez, se mueve rápido y hace elongaciones y estiramientos en la oscuridad. [[Parece amigable y distante->Visita guiada 3]].<img src="https://fotos.subefotos.com/2063f5f101bf2488adb972e7b54858c9o.jpg" width=100%> La chica rusa es rubia de cabello muy largo, tiene varias trenzas a los costados en medio de más pelo. Viste jogging y campera negra con rayas blancas, se mueve rápido también de un lado a otro del lugar. (link-reveal:"Nos invita a comer diferentes quesos.")[ [[Ah, esa soy yo, ja ja ja, qué chota!!!->Visita guiada 4]]]<img src="https://fotos.subefotos.com/389afcc549adb39d7ebf1f6cb0955d85o.jpg" width=100%> El mexicano lleva un collar dorado, tal vez de oro, finito. Viste una remera heavy metal negra con dibujos, tiene barba y pelo negro [[desaliñado->Visita guiada 5]].<img src="https://fotos.subefotos.com/0231db3dc2bb34b7330b40265552cab5o.jpg" width=100%> La adolescente tiene muchos granitos de diferentes tamaños en su cara muy blanca de ojos grises, pelo negro teñido, lleva algo turquesa y campera gris. [[Labios rojo intenso contrastan con su palidez->Visita guiada 6]].Un hombre muy alto, desgarbado, de pelo blanco, argentino, de unos setenta años, elegante, camisa de seda, gesticula con las manos, hablando en voz baja, apenas perceptible, parecieran palabras de un ritual religioso. Mueve las manos en el aire y ahora canta una canción, algo de una bestia pop. Sacude sus caderas al son de la canción. (link-reveal:"Formamos una fila detrás de él y caminamos al unísono.")[ Las luces se encienden y estamos en el Museo (link-reveal:"ahora blanco como un hospital.")[ (link-reveal:"Tanta luz nos deslumbra")[(link-reveal:" y enceguece por un rato.")[ Las sillas puestas una de espaldas a la otra como en el juego de la silla (link-reveal:"rodeadas y contenidas por el jardín de las delicias")[ (link-reveal:"Nos sentamos")[(link-reveal:", el argentino desaparece")[ y, en una coreografía perfecta, descruzamos las piernas y las volvemos a cruzar hacia el lado opuesto. =><= ##[[>>->El perro botón]] ]]]]]]]##El perro botón <==> De Xesca no me sorprende nada. Hace diez años que la conozco y nunca tuvo una actitud que haya podido predecir. Mirá que en Tribunales se ve de todo: locos, delincuentes, psicópatas, adictos, adivinos, fanáticos, pero como esta mina nada. Es única. Yo me cago de risa con ella, ella es alegría a donde va, tiene una energía vital que dan ganas de hacer cosas, qué sé yo, de vivir viste. Pero tenerla todos los días te debe hartar, loco. Qué sé yo, está buena y todo lo que quieras, pero loca de atar. Y eso que la quiero eh, una amiga de fierro. Yo soy bueno para escuchar. Por eso soy abogado. Te escucho y te saco la ficha al toque. Pero a veces no veo cosas que pasan delante de mis narices. Esa vez de la historieta de la droga yo no vi nada, te juro, pero casi no la contamos. Imagínate, aeropuerto de New York, rusa y argentino, espía de guerra fría y garca sudaca en el imaginario de los putos yanquis. El perro estaba como loco. El perro es botón, viste. Si usaran un gato antidrogas el gato te guiña el ojo y te dice pasá, pero el perro ahí (link-reveal:"guau que guau")[<audio autoplay><source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/ladridos_de_boxer.mp3"></audio>] en la valija de Xesca. Veinte minutos para que salga el avión. Yo ya había despachado mi valija. Viste que a mí me agarra la ansiedad, tengo que tener todo listo. Ya la había despachado. Chau dije, mi valija a Nepal y yo preso en yanquilandia. Pierdo todo, viejo. Xesca muy tranquila, cagándose de risa y yo una angustia tremenda viejo. Me quería matar y (link-reveal:"el perro botonazo cada vez más cebado")[<audio autoplay><source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/ladridos_de_boxer.mp3"></audio>]. Me gano el infierno culpa de esta rusa de mierda. Ricardo Gentiletti preso por tráfico, imagínate, chau el estudio, yo estoy cuidando el nombre de mi abuelo, de mi viejo, de mis hijos, viste, una tradición familiar. Yo pensando todo eso y el perro (link-reveal:"guau que guau")[<audio autoplay><source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/ladridos_de_boxer.mp3"></audio>]. Ella re tranquila, me guiña el ojo y se baja la bombacha. Si chabón, en medio del aeropuerto, con rambo y termineitor queriéndonos meter presos en el extranjero, va la mina y se baja la chabomba. Todos mudos. Hasta el perro se calló, boludo. Saca de no sé dónde una tarjeta: Inmunidad diplomática. Tomá pa vo. Me bajaron los huevos de la garganta. La tenía re clara Xesca. El cana no lo podía creer, pasa la tarjeta por el lector. Una luz verde que vemos todos, autorizada. Al cana se le cae la mandíbula. JAJA, qué chota, le larga la rusa en español, imaginate. Llegamos de pedo al avión. Esa fue la vez que escalamos el Himalaya. Mirá, acá está la foto de los dos. =><= ##[[>>->Título 2]]<img src="https://fotos.subefotos.com/04855c0029b213d2b853cbf8f9585423o.gif" width=100%> =><= ##[[>>->La bolsa negra]]##La bolsa negra <==> Un inventario de recuerdos: objetos y viejos papeles encontrados en la bolsa negra que estaba en la silla de la cabina de seguridad del museo. El policía llevaba muerto algunas horas pero por alguna extraña razón su pupila derecha aún titilaba levemente, producto de algún misterioso reflejo que la ciencia podría aclarar si no se hallara enfrascada en descubrir la permeabilidad del azar en las capas inferiores de la locura. De su oreja izquierda se veía el nacimiento, recorrido y punto final de una pequeña lágrima de sangre que, misteriosamente, parecía el lado este de la Cordillera de los Andes. Podría imaginarme cuáles fueron sus últimas palabras, el doctor me enseñó a leer a hurtadillas en los labios de los muertos. Por la posición de su labio inferior y la marcada dureza de su lengua, estoy casi seguro que no dijo mucho, o tal vez, su silencio estremecedor pudo haber sido más elocuente. Pero eso qué importa ahora, sigo encontrando cosas. Una botella de agua vegetal, una dentadura postiza carcomida, dos cajitas de profilácticos, pastillas sueltas de todos los colores, algunas jeringas usadas, boletas de tintorería, una mantis religiosa en un frasco, una cinta de casette etiquetada con las iniciales N.P., una postal de Barcelona marcada con una X, cuatro caramelos espantosamente pegoteados por la humedad, una bolsa con pañales descartables intacta y un paquete de cigarrillos de una marca extraña, quizá árabe. Una serie de interrogatorios, algunos impresos, otros escritos a máquina. La tinta está fresca. Un mapamundi con ciertos países señalados con fibrón fosforescente: se destacan México, Chile, Japón, U.R.S.S. (aclaro que era de la época en que todavía se llamaba Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) y aparentemente algún otro sector de la vieja Europa que el tiempo desdibujó y sólo se pueden observar manchas. Un plan de evacuación escrito, al parecer, en braille, por lo que resulta difícil desentrañarlo. Sabemos que es un plan de evacuación porque contiene algunos gráficos de las escaleras de salida del museo y también las fotografías del sector de alarmas, iluminación y un pequeño esquema de los fusibles eléctricos. Un cuaderno escolar lleno de rostros humanos dibujados en crayón rojo y de frases enigmáticas (al parecer de un rap), como provenientes de una papa en trance de tubérculo mayúsculo. Por ejemplo, (link-reveal:"estas líneas contestatarias y absurdas:")[ //Soy el Niño Presidente mi voluntad es ley. Soy el Niño Presidente. El líder del País Independiente de los Necios y Dementes. El Niño Presidente está aburrido ¿Qué querrá el niño presidente? Que todo el mundo me alimente en la boca con sus cucharas de sopa. Yo aplaudiré estúpidamente y todos celebrarán mi risa mis cuatro dientes de leche.//] Me olvidé consignar que los oídos del policía estaban taponados con algodón. Al parecer, según mis miserables cálculos, hubo una fuerte estridencia antes de su deceso. Algún día alguien deberá explicar porqué los museos pueden ser considerados puntos de partidas de los sucesos. Algún día los pobres corazones entrarán en razón y no dibujarán más esperanzas en la noche ciega y plagada de fantasmas. =><= ##[[>>->correo2]]<img src="https://fotos.subefotos.com/96d0f0e423a3c62f09a20b8b226f78a3o.gif" width=100%> =><= ##[[>>->Japonés mirando un Bosco]]##Correo II (link-replace: "Usted tiene (1) mensaje no leído") [ <img src="https://fotos.subefotos.com/e45ffda57a17757c1150ea0ef6595e1ao.png" width=100%>] =><= ##[[>>->Aquella solitaria vaca]] ##Correo III (link-replace: "Usted tiene (1) mensaje no leído")[ <img src="https://fotos.subefotos.com/c2d9b49dd6e2e5b8b4c1f009ee84c525o.png" width=100%>] =><= ##[[>>->Nadie me entiende1]] ##Aquella solitaria vaca <==> El movimiento es extraño, considerando que no es un mecanismo sino una teta. Se empuja con fuerza hacia arriba y el pezón se carga, no me pregunten por qué, y al tirar hacia abajo, con firmeza y apretando, larga un chorro de leche. Imagino que esta performance callejera ha de significar algo más. Tal vez el tambero es el Estado y nosotros la vaca, o, tal vez, la teta, como metonimia de la vaca, representa el Eterno Femenino del que hablaba Goethe, que nos nutre, nos blanquea. ¡Qué sabrá esta pobre vaca del arte que, sin embargo, es! Ojalá fuese yo mismo una vaca, no para ser ordeñado, sino para tener ese destino inexorable de carnicería en vez de esta completa ignorancia sobre mí o los demás. Ojalá fuese yo aquella vaca de Lorca, descuartizada por los salvajes neoyorquinos… Sólo la cercanía del museo, la gente alrededor que aplaude y vocifera sus vivas me hace descartar la posibilidad de que la vaca sea simplemente una vaca y quien la ordeña, nomás un lechero, como el que recorría mi pueblo tañendo su balde de aluminio. Ignoro las relaciones de las cosas. Una vaca frente a un museo. No lo esperaba pero algo dentro de mí ha evocado la imagen de mi Lupita y su hermético mandato de visita al Museo de las Relaciones Rotas. ¿Qué me quiso decir? ¿Qué nuestra relación se ha roto? Ahora me pregunto si acaso existe el tal doctor Pietraculpa. La amplia escalinata me separa de saberlo. Decidido, apoyo un pie en el primer escalón, inclino mi cuerpo hacia adelante y el otro pie va al segundo escalón. Repito esta acción hasta que frente a mí se entreabre la monumental puerta de bronce. Un mugido lejano me recuerda que, al menos por hoy, no soy la vaca. Perdido en mis cavilaciones, apenas si me percato de una voz que me llama con insistencia. – ¡Señor, señor! La voz es grave, pero femenina, un poco aireada pero no quebradiza. Su dicción quizá demasiado blanda, como si a la vez estuviese comiendo algo muy caliente. Vuelvo la vista y veo acercarse con pasos breves pero veloces a una mujer. Es alta, esbelta, de cabello rubio y piel negra; diríase bellísima. De ella emana un perfume que me nubla el pensamiento. Las feromonas de un Edén antropofágico, las especias que reparten los camellos de la Reina de Saba de camino al Imperio de Salomón; todo eso sucede en segundo plano. – Mande, señorita –contesto con una voz que me resulta temblorosa y ajena. – ¿Sabe si esto es un museo? Mientras dice esto, inclina apenas su cabeza hacia un costado y abre más aún sus enormes ojos oscuros. Su presencia resulta abrumadora, como el filo de un precipicio. Terrorífico y, al mismo tiempo, tan cautivante que no puedo dejar de observarlo. – ¿Señor? No tengo la menor idea de cuánto tiempo quedé pensando en esto y mirándola, o mejor dicho, contemplándola hasta no verla verdaderamente. Un nuevo recuerdo se dispara, pero es succionado de nuevo al olvido antes de que mi conciencia pueda reproducirlo. Quedo con la impresión de recordar apenas la ausencia del recuerdo. //L’appel du vie//. – Señor, ¿está bien? Me sobresalto. – Sí, señorita. Mande usted. – ¿Sabe si esto es un museo? El recuerdo vuelve a dispararse y esta vez me alcanza un rostro monstruoso desde los confines del tiempo. Babilonia la Grande, madre de las abominaciones, sentada sobre las grandes aguas. ¿Dónde estoy? Me cuesta trabajo mantenerme en pie. – ¿Señor? – Mande usted, señorita. (link-reveal: "– ¿Esto es un museo?")[ <img src="https://fotos.subefotos.com/22c7150fca54153dcbaff36be68dfa92o.jpg" width=100%> Le quiero contestar, pero me viene a la mente el rostro de mi Lupita consumida por la enfermedad, la Bestia de siete cabezas, los trompetazos de los mariachis en la plaza central de Jalisco, la cabalgata de las Valkirias, las campanadas, el balcón al atardecer, los trompetazos de los arcángeles en el Libro de las Revelaciones, una reproducción de El Jardín de las Delicias que, por fin, se vislumbra a lo lejos, en medio de una multitud. – ¿Me oye? – Sí, sí. Mande usted, señorita. Apenas distingo, como en sordina, lo que parece ser un insulto y el furioso taconeo de ella al alejarse. Quiero contestarle, decirle que sí, que es un museo; explicarle por qué estoy aquí y por qué me urge acercarme a ese cuadro. De repente, el murmullo del gentío se acerca, se vuelve un bullicio insoportable, pasan todos por delante de mí (casi podría decir a través de mí) con sus conversaciones, risas y gritos de algarabía. Otra vez estoy solo frente a la enorme (link-reveal:"puerta.") [Un mugido lejano me eriza todo el cuerpo. <audio autoplay id="vaca"> <source src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/48/Mudchute_cow_1.ogg"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("vaca"); audio.volume = 1; </script>]] =><= ##[[>>->Correo3]] <==> Era invierno y nevaba. En Yekaterimburgo, en esta época, puede llegar a hacer 40º bajo cero, y aunque esa noche no llegaba a eso, llegué congelada. Andrei me hizo entrar y me sirvió sopa caliente al lado de la chimenea. Yo noté que algo andaba mal en él también. En un instante me miró a los ojos y entendí que estaba triste y que la vida era horrible y que ni siquiera Dios existía.Y ahí fue el origen de una tristeza que se instaló dentro de mí y nunca más fue igual a antes. No como el día que se fue mama que no lo recuerdo. Andrei me acompañó hasta el baño donde me había calentado agua para que me bañase. Me dio una toalla azul y me cerró la puerta. Tenía pocas palabras esa noche, y yo también. Me desvestí, me metí en la taza y mientras me echaba el agua calentita con una jarra de vidrio por sobre mi cabeza lo escuché llorar. Intentaba contenerse pero no siempre podía. De pronto unos estruendosos golpes en la puerta de la sacristía. Era Alexander, lo escuchaba gritar mi nombre: Xesca, decía y, a veces, Francesca; no tenía buena pinta, estaba realmente enojado. Cuando me quiere me dice Xesquita. – Cacona, cacona –me decía ahora el borrachín–. Salí puto que es mi hija, no me rompás las bolas. – Tranquilizate –contestaba Andrei desde adentro– o llamo a la policía. – Llamala puto, les voy a decir que te la querías violar, cura del orto. “Francesca” pensé de tanto que mi padre lo repetía, mi nombre... mama... mama está en Italia! Claro, ¿cómo no lo pensé antes? [[Y entonces escuché un estruendo grande, pum!->Nadie me entiende3]] ##Nadie me entiende <==> Tengo 7 años, nadie me entiende excepto Andrei, el párroco de la eucaristía. Con él puedo hablar. Alexander, mi padre, parece que vive como en otro mundo, suele estar borracho por la noche y yo casi siempre le pego. Me agarran unos ataques de rabia porque me reta, y le pego puñetes en las piernas con todas mis fuerzas. Esa noche Alexander había bebido mucho y creo que yo también le estuve robando el vodka como nunca antes, y nos decíamos cosas feas.Yo tenía las manos con caca porque me había estado tocando atrás y me había hecho encima. Entonces me descubrió y yo le di en la cara con la palma de la mano manchándole con la caca. Se levantó muy enojado y me persiguió por el pequeño departamento del monoblock en el que vivíamos solos desde que mama había partido.Yo le tiraba con cualquier objeto que tenía a mi alcance. Me fui porque me había hecho caca le dije a Andrei cuando me abrió la puerta de [[la iglesia esa medianoche->Nadie me entiende2]].<==> <audio autoplay><source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/disparodeescopetadecartuchosdefogeo02.mp3"></audio> <img src="https://fotos.subefotos.com/b98841971afaeef5ca0150a07c5c5f70o.jpg" width=100%> Mi padre siguió gritando mi nombre en vano, yo me sumergí en la taza ya llena de agua y me tapé los oídos. Me quedé ahí sin moverme. Tengo 7 años, nadie me entiende excepto Andrei, con él podía hablar. Mi padre me dice por primera vez esa palabra: suicidio, cuando intenta explicar lo que le sucedió a Andrei. Él tampoco entiende qué había pasado. Entonces entiendo, y lo abrazo. =><= ##[[>>->Viaje]]##Viaje <==> Estuve a punto de perder el avión, algo que se está transformando en costumbre ya. Algún día lo voy a perder de verdad, o como en mis sueños, donde corro y corro como una loca y nunca llego a ningún lado. El aeropuerto de Roma estaba atestado de gente, la esquivé corriendo en este estado de somnolencia, donde el recuerdo es difuso pero padecido, y (link-reveal:"llegué al filo otra vez.")[ Zafé, como dice Alberto. (link-reveal:"Estoy viajando a la Argentina por primera vez.")[ Noto una energía extraña en el avión que no sabría cómo describir. (link-reveal:"Hay personas que caminan de un lado a otro y no dejan de moverse")[(link-reveal:", otros se hacen amigos entre ellos y no paran de hablar.")[ Por suerte voy en la parte de atrás y al lado me tocó un señor bastante agradable y callado que siempre me sonríe. (link-reveal:"Esperaba que pasen una película argentina pero pasan mierda yanqui.")[ Intento pedirme una tercera copa de vinito y acá tengo suerte, (link-reveal:"la azafata me guiña el ojo.")[ Esto sí es un buen augurio. (link-reveal:"Gracias al vinito logro echarme unas cabeceadas, aunque me despierto en plena madrugada.")[ Miro por la ventanilla, se ve la luna a lo lejos y abajo estará el océano enorme. Las alas del avión se comunican conmigo (link-reveal:"y me visten de rojo.")[ Están todos durmiendo, nadie lo notará me dicen. (link-reveal:"¿Por qué rojo?")[ (link-reveal:"¿Porque soy rusa?")[ Les digo y me río sola. Me gusta estar yendo bien lejos, a otra realidad diferente, lo necesito. (link-reveal:"Al menos ahora pasan una película de fantasía...")[ (link-reveal:"pero es yanqui")[ (link-reveal:"y es una fantasía edulcorada y convencional, no como las rusas")[, como “Qué difícil es ser un Dios”, mi preferida amén de “Stalker”, y ese presente continuo, (link-reveal:"un devenir constante.")[ Nuestro cine es más filosófico y poético que esta chota yanqui de historias con malos y buenos. (link-reveal:"Pero a la gente le gusta")[(link-reveal:", en fin, les gusta ver siempre las mismas cosas")[(link-reveal:", una y otra vez.")[ (link-reveal:"Se encienden las luces de abrocharse los cinturones")[(link-reveal:", raro")[(link-reveal:", en plena noche no se va a enterar nadie.")[ (link-reveal:"Pero pasan las azafatas despertando pasajeros y diciéndoles que se los pongan.")[(link-reveal:" El piloto anuncia que atravesaremos una tormenta.")[ Yo estoy tapada con una manta y la azafata me pregunta si tengo atado el cinturón y (link-reveal:"le respondo afirmativamente.")[(link-reveal:" Juro que no había mentido hasta ese momento.")[ Quiero sentir la tormenta, (link-reveal:"me relaja saber que estoy en ella.")[ (link-reveal:"El avión se mueve para todos lados")[(link-reveal:" especialmente de arriba a abajo")[(link-reveal:" en diferentes intensidades")[(link-reveal:", frenéticamente.")[ Me siento preparada, (link-reveal:"no estaría mal morir en el océano.")[(link-reveal:" No quiero que me entierren en un ataúd.")[(link-reveal:" Es muy raro... ")[(link-reveal:"cuando papa fue metido allí dentro...")[(link-reveal:" no me gusta...")[(link-reveal:" no me gusta pensar que está ahí dentro encerrado sin mezclarse con la naturaleza.")[ (link-reveal:"Cada brusco movimiento del avión me relaja")[(link-reveal:" y me excita también un poco.")[ El señor de al lado la está pasando mal, (link-reveal:"no lo quiero mirar")[(link-reveal:", yo estoy disfrutando")[(link-reveal:", podría morirme ahora mismo, jajaja.")[ (link-reveal:"Aunque me gustaría llegar a la Argentina.")[ La primera vez que pensé en la muerte (link-reveal:"me desvanecí.")[ Se me nubló la vista de a poco hasta que (link-reveal:"perdí la conciencia.")[ Me desperté en el suelo y mi cuerpo era el de un esquimal que estaba dentro de un iglú. (link-reveal:"Afuera arreciaba un viento tremendo.")[(link-reveal:" Se lo escuchaba vibrar a gran velocidad.")[ Entonces salí del iglú y casi no se veía nada de tanto viento que me envolvió completamente y (link-reveal:"me llevó a volar.")[ Me sentía dentro de un enorme remolino que me abrazaba y me acunaba como (link-reveal:"a una niña")[(link-reveal:", y de golpe")[(link-reveal:", la oscuridad total.")[ Alrededor mío había un infinito negro, sin más. (link-reveal:"Me moví con sigilo")[, primero moviendo las manos para tocar si había algo alrededor pero nada, (link-reveal:"solo vacío.")[(link-reveal:" Me fui moviendo más")[(link-reveal:", de a poco")[(link-reveal:", y luego corrí")[(link-reveal:", y no había nada más")[, [[solo un vacío atroz->Viaje2]]. ]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]] <==> (link-reveal:"Soñé con ellos")[(link-reveal:", los seres veloces")[(link-reveal:", intermitentes y atontados")[(link-reveal:", la noche del viaje en avión")[(link-reveal:", sobre el océano.")[ Ellos se tendían (link-reveal:"acostados")[(link-reveal:", fosforescentes")[, y salían disparados como si tuvieran propulsores de sonido explosivo. <img src="https://media3.giphy.com/media/l1J9PnuDqssiDjSve/giphy.gif?cid=ecf05e47927c04097f4e12be28f61ff65a698d28d8219fa0&rid=giphy.gif" width=100%> (link-reveal:"Al volver de allí")[(link-reveal:", y luego de lo que calculo fueron tres días sin dormir")[(link-reveal:", se habían suicidado cinco pasajeros")[(link-reveal:" (antes se habían rapado).")[ Al llegar a Buenos Aires nos recibieron un montón de periodistas y cámaras de TV. (link-reveal:"Los familiares de los pasajeros gritando.")[ Yo sólo podía pensar en la palabra (link-reveal:"“Jujuy”")[ tengo que preguntar cómo llego a (link-reveal:"“Jujuy”")[. Y eso hice con la periodista que se me acercó preguntándome sobre lo que ella llamaba (link-reveal:"“los extraños sucesos paranormales ocurridos dentro del avión desaparecido por tres días”.")[ La abracé al instante sin pensarlo y le consulté en voz baja al oído: (link-reveal:"“cómo llego a Jujuy?”.")[ (link-reveal:"“Uy Uy”")[, me dijo (link-reveal:"“¿a Jujuy?”")[ (link-reveal:"“Sííí, sííí, síííííí”")[, le respondí cantando. Ella miró hacia el cielo y (link-reveal:"allí estábamos")[(link-reveal:", en medio de una muchedumbre que gritaba")[(link-reveal:", lloraba")[ y pedían perdón. =><= ##[[>>->Eclipse]] ]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]] ##Eclipse <==> Tanteo sin mirar el bolsillo exterior derecho que ahora (link-reveal:"está roto")[(link-reveal:", bastante roto")[, no así antes de que guardara la billetera. Le explico eso a la señora que me ofrece unos interesantes pasteles fritos. (link-reveal:"Me mira de mala manera")[ pero luego se compadece (link-reveal:"al observar mi nerviosismo")[(link-reveal:" y comprender que no le miento.")[ Mi preocupación me hace buscar por el césped del parque. La señora me regala un pastel y se despide (link-reveal:"diciéndome")[: “Suerte, nena. A veces perder es ganar” (link-reveal:"y se va retomando su canción habitual")[ que dice algo así como “(link-repeat:"a los pastelitos")[, a los pastelitos]” repetidas veces. Me pongo a recordar qué cosas llevaba en la (link-reveal:"billetera.")[(link-reveal:" Los documentos")[(link-reveal:", uff")[(link-reveal:", algo de dinero")[(link-reveal:", las fotos")[ y (link-reveal:"el porro también estaba ahí")[(link-reveal:", mierda!")[ El río está revuelto y las nubes se pusieron espesas. No tengo para pagar la entrada al Museo, pero tiene que ser hoy y en un rato. Entre dos de los frondosos árboles que me rodean bailotea (link-reveal:"un mono con alas")[ que, (link-reveal:"poco a poco")[(link-reveal:", de rama en rama")[(link-reveal:", se me acerca mirándome fijo a los ojos.")[ (link-reveal:"Los suyos brillan.")[(link-reveal:" Sus alas se mueven más rápido ahora.")[ (link-reveal:"Estoy bailando trance en el boliche de anoche")[(link-reveal:", rodeada de vagabundos de olores fuertes.")[ Por un instante el mono tiene la (link-reveal:"cara de mi padre")[, que se transforma en uno de los (link-reveal:"vagabundos olorosos que bailan girando alrededor.")[ (link-reveal:"Levanta las piernas a lo alto")[(link-reveal:", una y luego otra")[(link-reveal:", dando una palmada cada vez.")[ – (link-reveal:"Alexander!")[–le grito– (link-reveal:"¡Papa!")[ – (link-reveal:"Te robé la billetera de nuevo")[ –me responde–, (link-reveal:"discúlpame.")[ Me pasa una botella de vodka que tiene en la mano y le doy un buen trago. – (link-reveal:"Devolveme los porros, forro!")[ (link-reveal:"Veo la billetera en el suelo junto a la barra")[(link-reveal:", me agacho para agarrarla")[(link-reveal:" y antes de lograrlo")[(link-reveal:" estoy de nuevo en el parque.")[ Un barco inmenso pasa frente a mí surcando el río. El vagabundo sonríe y me besa en la boca, yo lo aparto dándole un empujón con las manos. – (link-reveal:"Está todo bien flaquita")[ –me dice–. No te pierdas, tenés que llegar al (link-reveal:"Museo de las relaciones rotas.")[ – (link-reveal:"Ahora no tengo plata, pelotudo.")[ Mi padre se ríe. – (link-reveal:"Nunca tuvimos eso.")[ Me vuelve a ofrecer la botella y no le hago asco. (link-reveal:"El mono bailotea a su alrededor moviendo frenéticamente las alas.")[ (link-reveal:"El trance llega a su punto álgido.")[ Los ojos del mono largan un haz de luz que proyecta mi imagen entrando al Museo por una puerta giratoria, en un loop una y otra vez. (link-reveal:"Me dice")[: – No te pierdas en el caos, atravesaremos este desierto cuando la memoria sea convocada por un espacio en común. <img src="https://media1.giphy.com/media/jS22oj34ZGTEO5utva/giphy.gif?cid=ecf05e47bd48132d64626bc4c10ecd320cea143612bdc7dc&rid=giphy.gif" width=100%> (link-reveal:"El mono es una pequeña luciérnaga")[(link-reveal:" que baila en mi frente emanando un ruidito intermitente")[(link-reveal:", en el húmedo parque al atardecer.")[ (link-reveal:"¿Mis relaciones rotas cuántas son?")[ (link-reveal:"¿El precio de la entrada tiene que ver con la cantidad que tenga de estas?")[ (link-reveal:"El Museo se materializa en el horizonte.")[ Me hago preguntas mientras me dirijo en una alfombra dorada directo a sus puertas, (link-reveal:"que parece una gran boca con los colmillos afilados.")[ Hay una cola de japoneses en la entrada y les pido colaboración. Ninguno quiere darme y se hacen los desentendidos, salvo uno de ellos que se compadece de mí y me dice “no pieldas en caos” y me señala su cabeza. ##[[>>->Correo4]] ]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]] ###2. El recuerdo tiene peso 1/ [[La bolsa negra->La bolsa negra]] 2/ [[Correo II ->correo2]] 3/ [[Aquella solitaria vaca ->Aquella solitaria vaca]] 4/ [[Correo III ->Correo3]] 5/ [[Nadie me entiende ->Nadie me entiende1]] 6/ [[Viaje ->Viaje]] 7/ [[Eclipse ->Eclipse]] 8/ [[Correo IV->Correo4]] 9/ [[El chamán->El chamán]] 10/ [[Correo V->Correo5]] 11/ [[Un pez gigante mágico de color amarillo->Un pez gigante mágico de color amarillo]] 12/ [[La casa con las ventanas tapadas con tapiales de ladrillos->La casa con las ventanas tapadas por tapiales de ladrillos]] 13/ [[La puerta giratoria entre el animal y el superhombre->La puerta giratoria entre el animal y el superhombre]] 14/ [[You shook me all nacht long->You shook me all nacht long]] 15/ [[Tengo 7 años y soy medio japonés->Tengo 7 años y soy medio japonés]] 16/ [[El día que conocí a papá->El día que conocí a papá]] 17/ [[Japonés entrando a un museo->Japonés entrando al museo]] 18/ [[Correo VI->Correo VI]] 19/ [[Los mitos existen->Los mitos existen]] 20/ [[Conquistar espacios->Conquistar espacios]] Double-click this passage to edit it.##Correo IV <==> <img src="https://fotos.subefotos.com/dbfddd233749727e594f5b4824b81a94o.png" width=100%> =><= ##[[>>->El chamán]] ###El chamán <==> Para ser tu propio gurú hay que atravesar las sombras internas, eso hacemos acá. Ella no quería ir por los caminos de sombra, evadía sus sombras. Las aturdía con el ritmo mundano, o con una dosis de adrenalina, o con distracciones. Por eso se fue. El Chamán le pidió que se fuera. El Chamán insistía con que esos demonios se pondrían más oscuros mientras ella más se burlara de ellos pero le dio muchas oportunidades. Uno de los días de silencio, los que más le costaban a Franca, la encontré untando de caca un árbol, fue la última vez que anduvo por la comunidad. Al tiempo aparecieron unos tipos a buscarla pero yo estaba en mi día de silencio así que no hablé con ellos, parecían oficiales o algo así. El Chamán me había pedido ese mismo día de la caca que le devolviera las pertenencias que habíamos guardado ni bien llegó. Había un corpiño, un sacacorchos, cannabis suficiente para 10 rituales, unas pastillas de colores y alcohol en gel. Unos pocos papeles, un pasaporte y La insoportable levedad del ser o un título parecido. Lo más curioso era un dispositivo usb que de inmediato se guardó en la bombacha. Siempre hacía eso. Durante las caminatas cortaba alguna flor o un puñado de pasto o hierbabuena y se lo ponía ahí. Al principio pensé que era una forma de medicina que se practicaba pero, al consultarlo, El Chamán desconocía esas prácticas y tampoco se las había transmitido pero le permitió continuarlas en la medida en que su comportamiento espiritual se mantuviera constante. El Chamán la bautizó Franca cuando tuvieron su primera charla, a la rusa le gustaba hablar mucho y contar todo lo que había llegado a pensar mientras escalaba tal o cual montaña y cuántas cosas podían suceder en un microsegundo cuando te sentís merced del abismo, decía en un español torpe y bastante chabacano. Nunca había visto a El Chamán tan alegre incluso la vez en que la rusa le apretó los pezones con ambas manos haciendo el sonido de una (link-reveal:"bocina.") [ Ella jamás permitía que la toquemos pero con ella era distinta. A veces incluso le permitía pernoctar en su carpa. Claro que El Chamán es mujer, ¿qué pensaba? <audio autoplay id="bocina"> <source src="http://losonidosdelperu.pe/wp-content/uploads/2016/12/BOCINA-DE-PANADERO-CABO-BLANCO.mp3"> </audio> <script> var audio = document.getElementById("bocina"); audio.volume =0.5; </script> ] =><= ##[[>>->Correo5]] ###Correo V <==> <img src="https://fotos.subefotos.com/5109319abe814d0b56430497a3c583aco.png" width=100%> =><= ##[[>>->Un pez gigante mágico de color amarillo]] ##Un pez gigante mágico de color amarillo <==> Tengo siete años. Nadie me entiende excepto el nene rojo que me crece al costado del cuerpo. Es un siamés, así se llama cuando te crece otra persona dentro de tu mismo cuerpo. Mi papá me obliga a cortármelo para salir de casa. Dice que no es bueno que una nena ande con otra persona que le sale de las costillas. Entonces él me ayuda a cortarlo con unas tijeras de esas grandes que se usan para cortar plantas. No importa, porque al otro día me crece de nuevo el nene rojo. <img src="https://fotos.subefotos.com/ce0cfe70883946cbbab2d49d31a1d5b5o.jpg" width=100%> Me salió por primera vez el día que mamá se murió porque la chocó un auto y la enterramos. Ahí había muchos señores que me miraban raro y yo creí que se daban cuenta y se reían. Algunos me decían que mamá ahora estaba en el cielo. Yo no les contestaba pero me acordaba de esas veces que papá me dijo que cuando las personas se mueren no se van a ningún lado. A veces el nene rojo me dice que las cosas que hago están mal y entonces me peleo con él y me dan más ganas de cortarlo. Un día, cuando nadie lo escuchaba, me dijo que mamá seguía viva, pero no en el cielo, acá en la tierra, que la que estaba en el ataúd no era ella de verdad. Me contó que era una muñeca grande y que la habían fabricado en otro país. Yo después me quedé pensando. Una vez papá me llevó a pescar y mientras poníamos las lombrices yo pensé que debíamos clavarlo al nene rojo y que entonces iba a comerlo un pez gigante mágico de color amarillo. Cuando el pez nos viera a papá y a mí nos liberaría de todas las pesadillas. Una vez que tenía muchas pesadillas mi papá hizo un pozo grande en el patio y me dijo: Ponelas acá. Y después lo tapamos y después creció ahí una planta rara que fue cubriendo la pared del fondo y que tenía flores que parecían ojos abiertos. Después de ese día el nene rojo no creció más y eso fue bueno porque no me gustaba que me creciera el nene rojo. A mí tampoco me gustaba cuando mi papá me sacaba los piojos frente a la chimenea con un peine fino de metal que a veces se me clavaba en la cabeza y parecía que iba a hacerme sangrar y entonces yo me imaginaba vivir como un piojo en un sembrado de cabello humano y de repente zas una nave plateada vuela en picada para acribillarte con sus espinas y después te revientan entre dos uñas sólidas como paredes enormes. Pero no es que no me gustara por eso, era porque después había que ponerse un veneno que tenía un olor inmundo y yo pensaba que me podía morir como se murió mamá para quedarme para siempre en ningún lugar que es adonde van las personas cuando se mueren que es lo mismo que cuando un piojo explota entre dos uñas y después no hay más nada y como eso no me gustaba un día me clavé el peine fino en una pierna y hubo mucha sangre y me llevaron al doctor y eso estuvo mal al principio pero después estuvo bien porque nunca más me sacaron los piojos y nunca más ese olor. ##[[>>->La casa con las ventanas tapadas por tapiales de ladrillos]] ##La casa con las ventanas tapadas por tapiales de ladrillos <==> La primera vez que tuvo insomnio fue a los catorce años. Fue como si algo se fugara desde algún lugar de su interior a mitad de la noche. No había pasado nada significativo esa misma jornada, nada que la diferenciara del resto de los días de su semana, y, sin embargo, tan pronto como intentó descansar, una fuerza inmensa, como el rayo de luz que baja desde los platillos voladores, la trajo de vuelta. A partir de ese momento, y a lo largo de dos semanas consecutivas, no durmió ni por un minuto. Durante el día, a diferencia de lo que podría esperarse, no encontraba ninguna dificultad para cumplir con sus obligaciones. Quizás fuera por eso que eligió no hablar con nadie sobre su condición. Pensó que, de saberse, la obligarían a visitar un médico. Era preferible callarlo todo mientras el curso de su vida cotidiana no se viera comprometido. <img src="https://media3.giphy.com/media/3o85xx8dDpwLQu6B20/giphy.gif?cid=ecf05e47e63ba0e820ea24791462a3b5884acad673390bb7&rid=giphy.gif" width=100%> Durante las noches, mientras todos en su casa dormían, bajaba al living y miraba la televisión sin sonido. Una vez encontró una película en la que una mujer se despertaba una mañana y encontraba todas las puertas y ventanas de su casa bloqueadas por paredes de ladrillos. Se descubría provista de una vitalidad que hasta entonces, en sus catorce años de vida, nunca había experimentado. Sentía que era un líquido que había sido trasvasado. El primer recipiente era taciturno, la imagen prototípica de una alumna tímida recién llegada del extranjero, algo completamente distinto a este nuevo cuerpo que parecía clamar permanentemente por actividad. Al mismo tiempo, no podía evitar la sensación de que lo que le pasaba no era del todo natural, de que en algún momento, más tarde o más temprano, su insomnio le traería consecuencias inevitables, pero no había nada que su voluntad pudiera hacer al respecto y la única solución posible parecía ser esperar. Después de la escuela daba largas caminatas sin rumbo y a veces se sentaba en un banco y dibujaba en su cuaderno las caras de las personas que pasaban por ahí. Una vez escuchó a lo lejos un acordeón que tocaba una melodía exótica, como la banda de sonido de una fantasía medieval, y, después de caminar en busca de la fuente de aquella música, vio que quien la interpretaba era un viejo en un disfraz de vikingo que tocaba el acordeón para un grupo de personas que bailaban con panderetas. Quiso dibujarlo, pero todos sus intentos fracasaron. Tachó y cortó varias hojas y después se alejó de ahí, pero volvió a los pocos días. Imaginaba con frecuencia que la casa tapada por tapiales de ladrillos estaba en su interior. Adentro de la casa vivía una parte de ella y, hasta que no pudiera atravesar esas paredes, tendría que vivir en ese cuerpo. [[El cuerpo del insomnio->lacasaconlasventanas2]].<==> Una noche se acordó de la primera vez que viajó en avión. El viaje, por largo y aburrido, exigía libros y ella había visto un libro en la mochila del gordo que viajaba en la butaca de al lado. La de la derecha, porque a la izquierda iba su padre. Los dos dormían profundamente, de una forma exagerada, casi como si hubieran puesto somníferos en sus bebidas. Era un libro de lomo color verde esmeralda, único rasgo que alcanzaba a ver por la abertura del cierre. Después miró a su alrededor y notó que todos aquellos pasajeros a quienes alcanzaba con la vista también dormían ese mismo sueño pesado. Sintió por primera vez que el insomnio era algo parecido a la muerte. Otra noche, la última, mientras miraba la televisión sin volumen -estaban pasando un viejo musical de Fred Astaire- escuchó algunos golpes que venían del patio trasero de su casa. Subió las escaleras para mirar por la ventana y vio que dos hombres -lo supuso por el tamaño de los cuerpos, porque sólo llegaba a distinguir sus siluetas- cavaban en el fondo del patio. Tendría que haber sentido miedo, tendría que haber corrido a despertar a su padre para que llamara a la policía o a quienes llaman los padres a las cinco de la madrugada cuando unas personas desconocidas cavan en la oscuridad del patio de la casa. Al menos supuso que era lo que hubiese hecho de seguir dentro de su recipiente anterior, del anterior al insomnio. Pero no hizo nada. Se quedó mirando como si la ventana fuera otra forma de la televisión sin sonido. Los dos tipos parecieron tomarse el tiempo para encontrar el lugar adecuado. Uno de los dos, el más bajo, que llevaba un gorro probablemente rojo en la cabeza, parecía guiar al otro, que llevaba la pala. El del gorro rojo se ubicaba usando algo parecido a un palo, un objeto largo que no llegaba a distinguirse del todo. Cuando encontraron lo que parecía ser el lugar correcto, el del gorro hizo señas al de la pala para que empezara a cavar. El otro lo hizo por un largo rato –el del gorro no se molestó en ayudarlo y ella dedujo que el de la pala era una especie de empleado del de gorro– y del pozo en el suelo del patio de la casa extrajeron, entre los dos, algo sólido, ovalado, más parecido a una piedra que a un huevo, que despedía una luz fosforescente de color amarillo verdoso. Ella contempló la escena mientras amanecía, sin miedo. Los dos hombres se alejaron por la parte de atrás y saltaron el tapial. Esa mañana llamaron a su padre desde la escuela. Su hija había sufrido un desmayo en medio de la clase de educación física. Ella despertó dos días después, en una sala de hospital, con sondas y sueros conectados al cuerpo. Todos se alegraron y a los pocos días estuvo de vuelta en su casa, en su recipiente de chica taciturna y contemplativa que duerme por las noches. Pero, como se daría cuenta unos días más tarde, ese tampoco era su recipiente original. Era un recipiente parecido, una copia casi perfecta del primero. Los tapiales que tapaban las ventanas y la puerta de la casa seguían ahí y adentro algo todavía respiraba. Necesitaba un nuevo nombre para un nuevo cuerpo. De la biblioteca de su pieza, separó (link-reveal:"un libro con el lomo de color verde esmeralda")[: =><= Friedrich Nietzsche. Así habló Zarathustra.] ##[[>>->La puerta giratoria entre el animal y el superhombre]]##La puerta giratoria entre el animal y el superhombre <==> Se destruye la galletita en las fauces de la chica de ojos grises. La mano izquierda sostiene el paquete del cual la mano derecha arranca la parte superior marcada por el hilito rojo que nunca funciona, pero a veces sí, y lo sacude en el frasco de migas de galletitas. Para encontrar el Museo de las Relaciones Rotas es preciso caminar sin dirección definida. El Museo encontrará a quienes deseen ser encontrados. Ya van seis horas, y la chica de ojos grises lleva cinco días sin dormir. Ha empezado a llover. No llueven gotas, llueven píxeles. Píxeles verdes diminutos, cuadrados, que al caer hacen un ruido agudo, chirriante, parecido al crepitar de los cubos de hielo en un vaso de agua. Las personas pasan y tienen píxeles amontonados sobre los hombros. Se sienta a descansar en una escalinata blanca que lleva a un edificio que también es blanco y del que salen y entran hombres con trajes negros. Se sienta a comer un paquete de galletitas bajo la lluvia de pixeles. <img src="https://media2.giphy.com/media/k81NasbqkKA5HSyJxN/giphy.gif?cid=ecf05e47bd04c31ade3ae85adbe2063ee7e65a758cb65748&rid=giphy.gif" width=100%> Se destruye la galletita en las fauces de Sarah y vuelvo al principio de este capítulo. Sigo a Sarah Thustra por la vereda de enfrente, pretendiendo pasar desapercibido mientras narro sus movimientos. Hago de cuenta que no me doy cuenta que hace de cuenta que no se da cuenta. Saca de un bolsillo el frasco para recolectar migas. Arroja algunas sobre la escalinata y en seguida bajan dos cuervos a comer. El de la derecha tiene una pluma roja en una de las alas. "Llegamos", le dice, o eso entiende Sarah, porque no está segura de si se lo está diciendo a ella o al otro cuervo. Independientemente del destinatario, el mensaje es el indicado. La escalinata blanca ahora da a un edificio transparente con puertagiratoriaautomática. Tiene miedo a las //puertagiratoriaautomáticas//. Está en el Museo de las Relaciones Rotas. <img src="https://media3.giphy.com/media/l0HlJcWbeo9AgcbPq/giphy.gif?cid=ecf05e47110e5fb39bccf1c65592f3fda42eba0eb7a02593&rid=giphy.gif" width=100%> La //puertagiratoriaautomática// tiene cuatro compartimientos. El tiempo para ingresar en cualquiera de ellos es de dos segundos, según pude calcular desde la escalinata. Respira y da un paso al frente. Aparece en un espacio triangular, un ángulo de treinta grados formado por dos paredes de cristal. Piensa en el crepitar de los pixeles para tranquilizarse. En un segundo debería aparecer en el vestíbulo del Museo. Pero eso no ocurre. Da un paso para cruzar la puerta y está de nuevo en las escalinatas. Escucha que alguien a su lado comenta: – Si una cosa ocurre una vez, se repetirá para siempre. Es una chica rubia, esbelta, con un exuberante peinado conformado por varias trenzas de distintos grosores. Después nota que está hablando por celular. Las dos entran juntas al espacio triangular que existe como transición entre el mundo de afuera y el de adentro del museo. – No sé cuántas veces hemos estado aquí, pero ésta seguramente no es la última –sigue diciendo. Espera que la rubia de un paso al otro lado de la puerta para coordinar sus movimientos con los de ella. Pero entonces percibe que ya llevan cuatro vueltas sin detenerse. Cada vez que Sarah se propone salir por la apertura del ángulo, ésta da las escalinatas. Como si la puerta separara dos exteriores idénticos. Como si fuera el eje central que une dos universos en perfecta simetría. – El hombre es la puerta giratoria entre el animal y el superhombre –dice la rubia y la mira a sus ojos grises cuando lo dice, aunque mantiene su celular en la oreja. Después hay un silencio. Sarah considera responderle pero, antes de que se decida a hacerlo, vuelve a hablar la rubia. Dice alguna palabra en un idioma desconocido, que suena a ruso, y entonces empuja a Sarah y se ríe con una carcajada desaforada que suena "JA–JA–JA". La chica de ojos grises cae en el vestíbulo del Museo. ##[[>>->You shook me all nacht long]]##You shook me all nacht long <==> Cuando conocí a Sarah me acuerdo que me escrutó indiscretamente sin decir nada. Íbamos juntos a Laboratorio, mientras diseccionábamos una ¿paloma? -nunca fui bueno con las aves-, me dijo “Si le mirás fijo las tripas, las tripas te miran a vos”. Me sentí hipnotizado. Por el ave muerta y por Sarah. Tratamos de tener sexo una vez. Digo tratamos porque fue difícil. En realidad era una tarea. Una tarea para química que hicimos en mi casa, o en la suya. <img src="https://media0.giphy.com/media/l0K4du1KDvQ8MRPqg/giphy.gif?cid=ecf05e4795c3db5deb6901730638b2b464978a0a971cb19f&rid=giphy.gif" width=100%> Los recuerdos que guardo con Sarah tienen una característica fija: son intercambiables. Tiempo y espacio, digo, pudo haber sido antes o después, ¿sabe? Es sabido que la memoria es una amante despechada, como dicen los tangos, ¿no? De sangre argentina yo no le veía nada. Salvo esa noche. En un momento buscó su celular y empezó a sonar You shook me all night long, dijo que esa era la canción que su papá le cantaba a su mamá y se puso a bailar sobre la cama, se desconectó. Pese a los esfuerzos por evitarlo, el cerebro masculino no puede reprimir el efecto modalizante que ejerce el perfume nácar de los estrógenos sobre la testosterona. En el varón adulto, la concentración de dicho andrógeno alcanza a ser diez veces la de la hembra, sin tener en cuenta que produce el doble de lo que puede concentrar. El primer acto de capitalismo del humano se produce en las células. La hembra es mucho más sensible a esta hormona. Enamorarse equivale a disminuir los niveles de testosterona en el varón mientras que, en una hembra, los incrementa. Sentí los triunfantes cristales de Reinke reptar por el sendero citoplasmático de las células de Leydig, liberando el estímulo que iría a alojarse a mis testículos por un tiempo infinitamente más largo del programado, y permaneciendo expectantes como ante una lluvia de píxeles de cerezos fluorescentes. <img src="https://media3.giphy.com/media/R4PmgoIBcZlPq/giphy.gif?cid=ecf05e47747a3240694604d7ea007176da953bd049241bf5&rid=giphy.gif" width=100%> Podía sentir la metamorfosis de los esteroides siendo sintetizados por las gónadas en sus estructuras tubulares bajo un baño de luz sacra, iluminando el nacimiento de los nuevos espermatozoides. Me miré y tenía el pantalón abierto. Era muy inexperto. Me acerqué unos centímetros. Apenas di dos pasos que al tercero tenía sus pies cruzados haciendo una pinza en mi cuello. Me caí contra la cama y me fracturé el brazo derecho. Sarah agarró sus útiles, uno por uno, y saltó por la ventana. Más tarde me di cuenta que se había llevado un libro. Era de mi padre. Mi padre era el astrólogo más joven que tuvo Hitler, murió antes de que yo naciera, no guardo ningún recuerdo suyo. Cuando murió finalmente mi madre, le llevé a Sarah todos los libros que encontré y me escapé a Liechtenstein a pintar. Nunca más la volví a ver. Volví a mí con una lentitud pasmosa, o eso creí, y fui sumergiéndome en esta realidad donde intento prescindir del lenguaje, que es la sirvienta de la mentira. No, no me acuerdo los títulos de los libros, me acuerdo de los números en las tapas. Solo guardo nítidamente la imagen de un hombre con el rostro rojo silbando debajo de un árbol, en el fondo del patio. =><= ##[[>>->Tengo 7 años y soy medio japonés]]##Tengo 7 años y soy medio japonés <==> Tengo 7 años. Nadie me entiende, excepto el gato. Él me mira de arriba del ropero y comprende todo. Los gatos ven mejor de noche y sus colores son otros. Así todo él me entiende. Pintaron mi cuarto de turquesa, el acolchado es verde agua, esos ni siquiera son colores. Pintaron mi cuarto de turquesa, el acolchado es verde agua y el gato me mira de arriba del ropero y comprende. <img src="https://media2.giphy.com/media/RJCHOp6EBRLHO/giphy.gif?cid=ecf05e47e2efb940392fcadcfb1872ab148b9f6df2875edc&rid=giphy.gif" width=100%> Los colores los eligió el novio de mi mamá. Mi papá se fue y ni siquiera es japonés. El novio de mi mamá es japonés y elige colores absurdos. Mi mamá no se da cuenta de que lo hace a propósito. El gato sí. Me gustan las paredes que, aunque nunca lo haga, podría romper. Así eran las paredes de la casa de mi abuelo donde los colores eran normales. Mi abuelo se enojó con mi mamá y conmigo, aunque yo nunca elegí a mi papá. Nunca hubiera elegido a alguien no japonés. Tampoco hubiera elegido a alguien japonés que invente colores. Sí hubiera elegido que mi abuelo no se enoje, pero eso tampoco se elige. Mi abuelo vive en otro país que se llama Okinawa y está en otra isla. Allá todo es lindo porque hay cerezos y hacen lluvia. Mi abuelo me llevó una vez a ver la lluvia, pero no moja. Es otra lluvia. Mi abuelo me contó que cuando florecen los cerezos ve a la abuela. Pero la abuela está muerta. Se murió en la guerra cuando lo de las bombas. Mi abuelo tiene un caballo y es de un color normal. Dijo que un día me iba a enseñar a andar. Pero fue antes de que se enoje. Ahora no sé si me va a enseñar. Yo nunca lo vi, pero creo que es blanco. Yo tengo el apellido de mi abuelo porque mi papá se fue a otro continente que no es Japón porque él no es japonés. A veces creo que mi mamá no me quiere porque le recuerdo a papá. Aunque yo no me parezco a papá, me parezco a mi abuelo. Eso dice mi abuelo. Yo no me acuerdo de papá y soy hafu. El novio de mamá dijo que era mejor vivir en Tokio porque ahí no juzgarían a Juan. No me lo dijo a mí, me lo contó el gato. Juan soy yo. Tengo un nombre no japonés. Si hubiera podido elegir tendría un nombre japonés. El nombre tampoco se elige. Yo nunca pude elegir nada. Los nuevos sillones de living son amarillo cian; las cortinas, color ocre. Hay un mantel color salmón, mamá come Sushi con su novio que no es mi papá en una bandeja magenta apoyados en la barra de la cocina. El gato me mira de arriba del ropero y me guiña un ojo. Salgo en silencio por la puerta de atrás. Me fui porque los colores no eran normales. =><= ##[[>>->El día que conocí a papá]]##El día que conocí a papá <==> Estoy viajando a Argentina por primera vez. Voy a conocer a mi papá. Yo no quiero conocer a mi papá, pero madre dijo que era necesario. No la quiero contradecir, demasiado tiene con su miserable vida normal. Si no estuvo durante tantos años no sé porque sea necesario ahora. En Ezeiza, el aeropuerto de la ciudad capital de Argentina, nadie me espera. Tengo una foto de mi papá. Sólo lo conozco por esa foto. Pero acá todas las personas son iguales, no sé cómo se distinguen unos a otros. Dos horas de espera, nadie lo conoce, nadie lo vio, no hay ningún cartel con mi nombre. Esperaba nada de mi padre y aun así me decepciona antes de conocerlo. Pienso volverme, pero seguramente me mandarán de vuelta a conocer a papá. Por suerte hablo el idioma con fluidez, no sé por qué. Siempre supe hablar español, como si me viniera heredado. Mediante precisas averiguaciones, y con largas esperas en terminales, consigo colectivo a Rosario. Odio las terminales. Rosario es una ciudad del interior de Argentina. Mi papá es de Rosario. En el colectivo pasan una buena película. Kevin Costner es un fugitivo y secuestra a un nene. Me gustan las películas de Kevin Costner, incluso las malas. Secuestra a un nene en pijama y el pijama es de Casper y tiene una máscara y el niño no sabe si es bueno o es malo ser secuestrado, y Kevin Costner no sabe si es bueno o es malo secuestrar a un niño. En cambio, Clint Eastwood sí sabe. Es malo secuestrar a un niño, es malo ser secuestrado. Clint nunca se equivoca. Dice mi mamá que siempre decía mi papá que Rosario siempre estuvo cerca. No coincido. Ni siquiera Rosario está cerca de sí mismo. Me lleva una eternidad llegar de la terminal a la casa de papá. Suena cariñoso cuando digo papá, pero no es así. Es como nombrar irónicamente a alguien con un título que no le pertenece. Piso 10, departamento A, un edificio antiguo, la puerta está abierta, la cabeza de papá también. Con cuidado de no pisar la sangre, entro. El departamento es bonito, tiene estilo. Hay una escultura de un enano de mármol, y quizá me la lleve. El sofá es cómodo. Llamo a la policía. Informo un posible suicidio. No sé si mi papá es de los que se suicidan. En la mesa hay una nota: “soy un agente patógeno y te pa-to-ge-ni-cé”. La cerveza todavía está fría. <img src="https://i.giphy.com/media/3ov9k22S4De372LQf6/giphy.webp" width=100%> Ahora llueve. Tengo la teoría de que cuando pasan tragedias, llueve. Me hubiese gustado tener una imagen paterna irresponsable y que termine tiroteado en una escena épica y yo estar triste pero orgulloso y que el mundo sea perfecto y no tener un padre que se voló la cabeza y no estar ni triste ni orgulloso mientras tomo su cerveza, que ni siquiera llegó a calentarse, en su cómodo sillón que ahora es de nadie. Juro que no había mentido nunca hasta ese momento, pero cuando llamé a mamá para decirle que había llegado bien y preguntó por papá, le dije: “Acá estamos, tomando una cerveza fría y mirando la lluvia caer”. No era del todo mentira, lo que lo hacía más tétrico. La primera vez que pensé en la muerte fue cuando pisaron a Sosa. En realidad, se llamaba Sosazón pero le decíamos Sosa y lo pisó un auto y se murió y yo pensé que la muerte no importaba. Sobre todo, al que se muere. Lo importante era no sufrir. Todos los perros van al cielo. [[Terminé la cerveza y me venció el sueño->El día que conocí a papá2]]. <==> <img src="https://fotos.subefotos.com/84f235b9ecb56a39059353cd9453d365o.jpg" width=100%> Desperté en el cuerpo de un viejo que se estaba muriendo y él pensaba que se estaba muriendo y que no se quería morir y yo estaba adentro de sus costillas y ahí le dolía y por eso sabía que se iba a morir, pero no sabía que estaba yo ahí adentro. Entonces sube a un acantilado y se quiere tirar al mar pero el viento no lo deja y yo ahí adentro acurrucado. Supe que el viejo hacía tres días que no dormía porque no tenía ningún sueño adentro. Finalmente, arrastrándose, pudo llegar al abismo y yo me bajé. No llegó al mar, el viento lo estampó contra la ladera de la montaña y se rompió todas sus partes y no se murió y eso es [[peor que morirse->El día que conocí a papá3]]. <==> <img src="https://media0.giphy.com/media/l46C9nbNh1sYxqgHm/giphy.gif?cid=ecf05e47ffba3a8d300ea6d2d826dfd9c987a12db0dd6e9f&rid=giphy.gif" width=100%> Desperté en una oficina en el piso 79 de una corporación. Estoy procesando una tonelada de números primos y por una microscópica grieta en la ventana entra un viento insoportable. Entonces mi secretaria se saca el chicle de la boca, tapa el agujero y, con una sonrisa pícara, me pregunta: ¿Ahora qué hacemos? Procesamos una tonelada de números curvos, le respondo sin mirarla, y despierto en un sofá que es de nadie y un policía me pregunta que [[qué voy a hacer con el cuerpo de papá->el día que conocí a papá4]]. <==> (link-reveal:"No lo sé.")[ Luego alguien viene y dice (link-reveal:"“Enterralo en un ataúd”.")[ (link-reveal:"Y lo enterré.")[(link-reveal:" En un ataúd.")[ No vino nadie al entierro. Solo yo y el sepulturero. Sigue lloviendo y no lo podemos tapar porque la tierra es barro. Me quedo un buen tiempo acá. Siento que no lo pude terminar de enterrar. Leo en voz alta un soneto de Borges que habla de la lluvia, el padre, la muerte y parece oportuno y creo que el sepulturero llora, pero no lo sé con seguridad porque puede ser la lluvia rodando en sus mejillas. Ese fue el fin de un entierro inconcluso. =><= ##[[>>->Japonés entrando al museo]] ]]]] ##Japonés entrando al museo <==> Miro a la derecha y nadie me mira. Miro a la izquierda y nadie me mira. Me sorprende que nadie me mire. El semáforo es eterno. Una paloma flota en el aire con un aleteo frenético que apenas la mantiene levitando, y da rojo. Soy ansioso, siempre miro antes el rojo de los autos que el verde del peatón. Verde que es en realidad amarillo, o blanco titilante. Hay que mirar los guiños. Los guiños o las intenciones porque en este país un guiño puede ser decorativo. Quizás si lo llamaran luz de giro tendrían una mejor idea de para qué sirve. <img src="https://media0.giphy.com/media/xT1Ra0ITiaMAhyfchG/giphy.gif?cid=ecf05e479f994fbd1a772d718b06b94adbf074051908c093&rid=giphy.gif" width=100%> Las sendas peatonales, apenas el nombre. Una zona de guerra donde batallan transeúntes, autos, bicis, colectivos y motos, y cruzo, a salvo. Té Chai, no, tengo que llegar al museo. Me transpiran los pies, me resbalo en los zapatos y, cuanto más me apuro, más me resbalo. Necesito fumar. Ya no fumo, pienso mientras prendo un Lucky box de cajita blanca. Un perro callejero me mira y agacha las orejas, es marrón, y algo muy pequeño se rompe dentro mío, como siempre. El tiempo me corre como una katana con sed de sangre, apenas alcanza para una caricia cómplice. – Otsukaresama. Camino por el centro del boulevard. Un taxi, que se arrastra en el convulsionado tránsito y me sigue a la par, exuda música electrónica a un volumen imposible. No me deja pensar, me obliga a acelerar el paso al ritmo del tun tun, aflojo la cabeza, moviéndola a un lado y a otro, y llego a la esquina caminando como la figura estelar del último desfile de Milán. El taxista, embotellado, me mira. Avergonzado, tratando de justificar la atención que me presta, le pregunto por el museo. – ¡¿Qué?! Quizás no se da cuenta de que no es el volumen de mi voz, sino el de su música, lo que no lo deja oír. Esto me resulta ilógico. Le hago un gesto con la mano derecha girando una perilla imaginaria, y con la izquierda, con la palma abierta, hacia abajo, del tal modo que la relación de los dos gestos sea ‘volumen’ y ‘bajar’. Si lo entendiera al revés podría ser catastrófico. Baja el volumen, pero aprovecha antes para lanzar un insulto que no escucho, pero intuyo incluye la palabra mierda. Repito la pregunta. – ¿El Museo de las Relaciones Rotas? – ¿Qué me viste, cara de guía turístico, ponja? – Museo de las Relaciones Rotas, por favor. – Yo, tachero. Guía turístico, no. Me acerco. Evidentemente no me quiere ayudar, y habla en ese dialecto lunfárdico que tanto me irrita, pero la siguiente persona podría ser peor. Así es este país, y necesito llegar. – ¿Tachero sería basurero? – ¿Sos boludo o te hacés? Una gruesa gota de sudor le chorrea desde la frente, o desde la cabeza, es difícil saber, el límite es difuso por la avanzada calvicie. Pasa por un costado del rostro, recorre el cuello y es absorbida por una musculosa blanca de algodón. Blanca amarillenta, por el uso. Se rasca la barbilla y sigue, incómodo por mi silencio. – Sacame una foto ponja. Mostrale a esos chinos un tachero de ley. Gordo, pelado, chivado por este aire de mierda que nunca anda. – Está verde, señor –una abuelita que no había visto en el asiento de atrás interviene con timidez y solo logra irritar más al irritable taxista. – ¡Ya va, señora! ¡No ve que estoy ayudando al po… (link-reveal:"Un coro de bocinas lo interrumpe.")[<audio autoplay id="bocina"><source src="https://www.elongsound.com/images/mp3/protestas_con_bocinas_en_la_calle_1.mp3"> </audio>] El gordo saca medio cuerpo por la ventanilla y retrocedo, en guardia, temiendo una confrontación física. Pero no, la cosa es con los autos de atrás. – ¡Esperá un cacho, la concha de tu hermana! ¡Metete la bocinita en el orto! Solo le responden con más bocinas. Vuelve a subir la música, electrónica, embotante, a un volumen imposible, que ahora me preocupa un poco más por la pobre abuelita en el asiento trasero que me mira, me muestra en la mano un audífono y me guiña el ojo. El auto sale chirriando. Me tocan el hombro, una mujer, que apenas veo, porque sigue su camino o desaparece, me dice, al oído, casi imperceptible: – Solo llegas si lo deseás. Y no sé por qué, levanto la vista y un enorme cartel lo confirma. “Museo de las Relaciones Rotas” =><= ##[[>>->Correo VI]]##Correo VI <==> <img src="https://fotos.subefotos.com/31abc28b07e81bdc14c29c4d0dfe45e7o.png" width=100%> [[>>->Los mitos existen]] ##Los mitos existen <==> Mi nombre es Regla cargo una piedra en la montaña, la cargaré por siempre. Soy un mito, como vos. Las transmutaciones, las transmigraciones, las transpersonas no son, de ninguna manera, un mito. Quisimos volver atrás para conocer los hechos que dieron lugar e impulsaron las transformaciones primigenias. Quisimos encontrar el último eslabón, el primero, el absoluto. El Aleph nos había sido negado, todas las veces, pero no podíamos resignarnos. ¿Te imaginás un mundo viviendo en la resignación? En el encuentro éramos menos. Menos que nunca. Se me mezclan los recuerdos. A veces era en el bosque, a veces en un bar, a veces en un supermercado vacío. Esa vez yo había llegado perturbada y todos estaban de fiesta. Mi actividad hormonal había disminuido considerablemente, dejame decirte que ni pensaba en garchar. El bebé lloraba a lo lejos y a nadie le importaba, fingían que no se oía pero era un llanto como de otro mundo, con una profundidad escalofriante. El bebé lloraba a lo lejos. La noche se cernía en el bosque, la oscurísima noche entre los árboles y el sendero que apenas recibía un resabio de rayo de luna a su paso. El bebé lloraba y fui a buscarlo. Me dijeron que lo reconocería por sus ojos. También me dijeron que no fuera. Fui. Alguien me acompañó, un hombre. Un hombre que parecía leal y bueno, un hombre de espalda ancha y ojos claros. El hombre estuvo cerca todo el tiempo aunque no podía verlo del todo. Entré a la casa, de madera, siguiendo el llanto del bebé. El bebé traía un mensaje pero yo no lo entendía. Observé sus ojos. Eran los ojos del hombre que venía a mi lado. Eran del mismo azul que la noche en el bosque, azul profundo, azul cobalto. <img src="https://i.ibb.co/cCfkFqL/Whats-App-Image-2020-06-19-at-19-24-54-1.jpg" width=100%> Me dijo que era mi hijo. Yo negué, buscando alrededor algo que me mostrara que ese era mi hogar. Nos habíamos ido olvidando de todo, cada memoria iba olvidándose de todo, como si pesara, como si fuese necesario vaciarla para poder seguir. Abracé al niño, salí al sendero. Caminé hasta que se calmó su llanto. Busqué la luna a paso lento, sentí su respiración y una lágrima se me escapó, es mi bebé, le dije, pero no puedo amamantarlo. Lo devolví. Volví a la reunión esa noche pero ya no era la misma. El llanto, desde ese día, siguió sonando como si realmente hubiera parido ese ser. Al hombre no lo vi más. A ninguno recuerdo salvo por los ojos. Hay un patrón, detrás de todo esto hay un patrón que nos desconecta sin desconectarnos nunca. Los sueños me van contando la historia. Al principio fue maravilloso, como todos los principios. Estábamos enchufados. Veníamos estudiando desde hacía tiempo las particularidades e irregularidades en los procesos. Hay que aprender a decirse también que podemos confiar en las estrellas, en el oráculo, en la mar en coche. Si no se le pone ganas se hace muy difícil sentarse a cerrar los ojos y tratar de entender que no hay nada que entender y encontrar otra y otra forma más de creer que soy algo que puedo explicarme como yo, en tanto única e irrepetible partícula de vida, pero a la vez infinitamente idéntica a todo lo demás que flota al unísono. Jajaja! Deberíamos escribir un libro, aunque seguramente ya haya sido escrito. Hay que creer en los mitos, es todo lo que tenemos, sabés, lo más real. Si no, deberíamos ocuparnos de lo verdaderamente importante y eso no pertenece a este mundo donde presumo estamos ahora sentados vos y yo. Este mundo carnal y cachondo, jaja, ¡sabrosor! En fin, lo de sistema humano lo comenzamos a estudiar juntos, sí. A mí las cartas siempre me acompañaron pero él tenía ese tema con las monedas; con el rechinar de las monedas, era algo que comenzaba a manifestarse en sus ojos, como sucede con los gatos y los humanos pequeños, es decir, realmente vivaz, como antes de absorber las mascaradas protocolares, así. Una maravilla. Como los animales. Ahí supe de su alma. Él prefería el método antiguo, como todo oriental. El prototipo se basa en los principios del diseño posthumano, sí, sí. Combina a la perfección las diversas posibilidades de los mapas energéticos con que cuenta la humanidad y su redefinición hipervincular. No solo es una actualización reciente del sistema de chakras hindú, sino que a ello agrega la filosofía oriental contenida en el Libro de las mutaciones, la astrología occidental en su vertiente humanística-kármica, la teoría de la reencarnación de los reinos bióticos y todo fundamentado en los principios del Hermetismo, la Kabalah y la Herboristería. Una rueda. Un mandala. Un tarot. Un chakra, ¿sabías que esas palabras significan la misma cosa? En el centro del dibujo, tu budita interior. Meditando, claro. Haciendo vibrar la Kundalini entera. Dejame decirte que puede ser una sensación maravillosa. Deberías probarlo. Él se ponía nervioso con estas cosas. Sí, yo creía, él creo que también pero no podía ser lógico; no podían, en su mente, dialogar todas esas lenguas. Le generaban conflictos idiomáticos profundos. Claro que investigué su prototipo pero nunca me permitió definirlo completamente, era escurridizo: inventaba distintos horarios de su nacimiento o cambiaba las fechas para no hablar en serio, jajaja! Eso me producía mucha gracia y me ponía bastante cachonda, por lo cual mis investigaciones al respecto fracasaban. Tengo al menos diez versiones posibles pero no necesito pruebas para asegurar que es un activador puro. El prototipo del sistema UNEA comienza a ejercer cierta presión sobre la psique ni bien se le entra. Dejame decirte que es realmente excitante, como si todo cobrara sentido de repente. Ya el árbol no es un árbol, es la divinidad pura encarnada en ese árbol, en mis ojos que lo contemplan y en la contemplación misma entre ese árbol y yo, la pura Santísima Trinidad. Ah, un maremoto de éxtasis, ni te imaginás. Deberías probarlo. <img src="https://media2.giphy.com/media/7SKOwf1nD6j6XhfLMG/giphy.gif?cid=ecf05e479f6462165154a7861f06e07b9b01f88727cc7068&rid=giphy.gif" width=100%> En aquella época trajimos unos Siberianos a la casa, es decir, a su casa. Eran perros nobles. Se pusieron tristes como él, se mimetizaron. Es maravilloso cómo ellos absorben la energía y la repropagan. El sistema lo convencía. Lo sé. Eso era lo peor. Encontrar la respuesta, a veces, es lo peor. Actualmente estamos estudiando las posibilidades de adaptar el diseño al sistema animal. Es sabido que los cuadrúpedos poseen dos chakras menos en el sistema tradicional, aunque algunos lo discutan todavía, pero hemos comprobado que también han sufrido mutaciones energéticas sutiles que permitieron que se desdoblase su centro de autoridad. Encontramos que también cuentan con un motor de voluntad que fueron desarrollando como resultado, posiblemente, de los efectos del control de natalidad terrestre, sumados a los componentes químicos de la mayoría de los alimentos que la humanidad les brinda. Hemos construido monstruos biológicos pero su diseño también ha evolucionado, así como su naturaleza curativa. De ahí que continuemos empleándolos para los tratamientos de enfermedades terminales, junto con el cannabis medicinal. Digo hemos, digo continuemos porque somos varios. No muchos, sí varios. Estoy convencida de que se había quedado sin argumentos, por eso no volvió. Las reuniones se fueron interrumpiendo, actualmente no tenemos contacto con los miembros de la investigación inicial pero los estudios están resguardados en un organismo imposible de hackear. Dejame decirte que una vez que anexemos todos los puntos de la investigación la vida se convertirá para la humanidad en puro sabrosor. Sabemos que se trata de un baile, un baile que no es la salsa, dado que la salsa siempre fue una excusa para que las hembras festejemos a los machos, lo supe desde muy chica, como casi todos los bailes. Pero es por el baile que se despierta la Kundalini y podemos acceder a los secretos. Cómo le hace no lo sé, porque yo no creé el artefacto, solo la teoría que lo precede y que le dio origen. Es maravilloso, deberías probarlo. ##[[>>->Conquistar espacios]]##Conquistar espacios <==> Nací con oído absoluto para conquistar espacios. Me dicen el Chucha Blanca y soy el motor de todas las máquinas que existen en mi planeta porque los motores de las máquinas son como el corazón humano, tienen (cycling-link:"sentimientos", "empatías", "fobias", "placeres"). Nada de esto sale en los manuales técnicos, ningún manual técnico hace referencia a los sentimientos, empatías, fobias y placeres de los motores. Pero yo sé de eso. <img src="https://fotos.subefotos.com/0f2f0f78370d62976ec4a3d83eb22e00o.jpg" width=100%> (link-reveal:"Soy el Sigmund Freud de los motores.")[ ¿Alguien alguna vez se preguntó si el motor de un submarino padece (link-reveal:"hidrofobia?")[ ¿O si el motor de una cajita musical padece (link-reveal:"megalomanía?")[ ¿O si el motor de una aeronave padece (link-reveal:"vértigo?")[ ¿O si el motor de un reloj padece (link-reveal:"cronofobia?")[ Los humanos sufrimos de claustrofobia cuando nos enteramos que por el resto de nuestras vidas vamos a ser nosotros mismos ¡por siempre y para siempre! Ese síntoma se puede llamar ansiedad, pero los motores no sufren de ansiedad, los motores son asintomáticos, conviven con nosotros y se desviven por nosotros, nos ayudan a conquistar espacios, nos dicen a qué hora nos tenemos que acostar, nos llevan al trabajo y a vacacionar, nos enfrían las bebidas, nos conservan los alimentos, ¡nos climatizan los hogares! Un motor noble puede ser la máxima expresión de la búsqueda técnica del alma. Los humanos somos el combustible descartable de la naturaleza. Cuando pienso en motores, los pienso diseminados como semillas germinadas en los engranajes de un mundo, un mundo que tiene la energía suficiente para seguir girando sin que nosotros lo notemos. La sutileza de la combustión hace que las máquinas sean obras de arte. Una fábrica es una obra de arte. <img src="https://media1.giphy.com/media/l4Epbibw9PWm2aZJm/giphy.gif?cid=ecf05e475a0fc990b3ba13eea46c224d0a30422c3cfe76ca&rid=giphy.gif" width=100%> (link-reveal:"Un museo es una fábrica de arte.")[ Los humanos somos una misma máquina almacenada en una línea divisoria de un tiempo que nos separa en dos cordones de combustión. Cordón uno: (link-reveal:"cinéticos y tangibles")[ (este cordón está formado por personas terrenales)]. Cordón dos: (link-reveal:"estáticos e invisibles")[ (este cordón está formado por personas espirituales)]. Yo pertenezco al primer cordón. En la naturaleza soy el vapor. El segundo cordón en la naturaleza pertenece al viento. Los sentimientos pertenecen al viento. La Patagonia pertenece al viento. Mi perra Noruega y mi hermana Rocío pertenecen al viento. El viento es el único motor que no puedo reparar. El movimiento es combustible. Mi hermana Rocío para moverse necesita de un motor y una silla de ruedas que mis manos pueden reparar. Rocío nació sin su motor natural, nació sin sus piernitas, por ese motivo su vida en movimiento depende de mis manos. Mi perra Noruega es parte del laberinto de mis sentimientos, es un animal que ladra y vive gracias a las caricias de mis manos que lo minan y alimentan. ¿Me entiende por qué digo que conozco el inconsciente de los motores? Nunca nadie ni nada deja de funcionar si yo estoy ahí para repararlo. ]]]]]] =><= ##[[>>->temporada 3]]=><= ###TEMPORADA 3 ##Kazajstán siempre estuvo cerca //PRÓXIMAMENTE//